Hace 10 años una pareja de científicos británicos se pusieron un claro objetivo: salvaguardar la mayor cantidad de especies animales posible. Una tarea complicada y con dimensiones bíblicas si se compara con la historia del Arca de Noe. Esta vez Bryan Clarke, fallecido en 2014, y su esposa Ann no construyeron un inmenso artefacto para ubicar allí a una pareja de cada animal, arropados por un amplio conocimiento científico y varios refrigeradores dieron inicio a lo que en la actualidad se le conoce como la red Frozen Ark.

Esta red es una organización que cuenta con 22 centros asociados en todo el mundo, entre ellos zoológicos a universidades, que han reunido 48.000 muestras de 5.500 especies animales del mundo. En un intento similar a lo realizado en el archipielgao de Svalbard en Noruega, el lugar donde se encuentra la llamada ‘Bóveda del fin del mundo’ capaz de resistir terremotos e impactos de bombas nucleares, y que en su interior guarda el almacén de semillas más grande del mundo, y que en caso de una catástrofe mundial tendría la capacidad de recuperar parte de la biodiversidad de cultivos y alimentos alrededor del mundo. (Vea: ¿Desaparecerán pronto los leones?)

La idea del proyecto de la Frozen Ark surgió por la extinción en libertad del caracol arborícola de Tahití (partula), causada por la introducción de un caracol carnívoro que se suponía que tenía librar la zona de otro invasor gasterópodo. Mediante la recopilación de estos caracoles en su laboratorio y su envío a varios zoológicos del mundo, el profesor Clarke fue capaz de salvar la especie, cuya reintroducción en la naturaleza se está probando. (Vea: Animales atacando drones)

"Un día nos miramos y pensamos que deberíamos hacer lo mismo con otras especies en peligro de extinción", recuerda Ann Clarke. Que añade “todo depende de los invertebrados. Si desaparecen, desaparecemos nosotros", Esto porque los invertebrados son seres esenciales a la Tierra: polinizan los cultivos, reducen los insectos perniciosos y las plagas, filtran el agua y nutren el suelo. (Vea: “Si no hay tortugas, no hay lluvia”)

Al igual que el caracol partula, muchas especies están en declive o desapareciendo a un ritmo que ha llevado a los científicos a hablar de la sexta gran extinción en la Tierra. La última provocó la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años. 


Ann Clarke lleva una muestra al congelador que alberga las muestras con una temperatura de -80 grados centígrados. (LEON NEAL / AFP)

“Muchas especies desaparecerán antes incluso de que hayamos descubierto su existencia. La idea de la Frozen Ark (arca congelada) es hallar y conservar su ADN y células para las generaciones futuras antes de que sea demasiado tarde”, explica John Armour, de la Universidad de Nottingham, que alberga el proyecto. En la sede de esta ciudad al norte de Inglaterra, desde donde se coordina la red, hay 705 muestras, por ejemplo, del tigre de Siberia o el leopardo de Amur.

A pesar de las críticas de algunos conservacionistas quienes ven el proyecto como “derrotista” y dicen que este esfuerzo debería encaminarse a salvar a las especies en peligro. El proyecto sigue su curso y encargados como el científico Ed Louis señalan que esfuerzo no es para sustituir a la conservación si no, “ofrecer una salvaguarda y con un poco de suerte, llegaremos a salvar el patrimonio genético de casi todo”. (Vea: Dónde estuvo una cuchara de plástico antes de llegar a sus manos)

Y es que el impacto de la actividad humana y el cambio climático tienen unas secuelas dramáticas en los ecosistemas. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), alrededor del 41% de los anfibios y el 26% de las especies de mamíferos están amenazados de extinción.

Entonces ¿qué se puede esperar del ADN y de las células conservadas? El uso más extremo sería la 'desextinción', es decir, el uso de material preservado para “recrear” a animales desaparecidos. Aquí surge el debate, “algunas personas nos critican por creernos Dios, a lo que yo siempre respondo que corresponderá decidir a las generaciones futuras cuándo tengan las técnicas disponibles”, dice Ann Clarke.

"Si no mantenemos nada, ni siquiera tendremos esa opción", concluye.

Con información de AFP y agencias

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