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Por tercera vez inspectores nucleares del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) supervisaron el avance del desmantelamiento de Fukushima. Los niveles de radiación han disminuido, pero aún no se encuentra una solución al agua contaminada.


Ningún proyecto de saneamiento en el mundo es tan grande, complejo y caro como el desmantelamiento de la central nuclear de Fukushima Daiichi, en Japón. Este proceso probablemente llevará, como mínimo, 30 a 40 años. Además, los costos podrían aumentar a varios cientos de miles de millones de euros. Apenas en octubre de 2014, la empresa Tokyo Electric Power Company (Tepco) se vio obligada a posponer la reapertura de los reactores dañados por cinco años, hasta 2025.

El asesor de Tepco Dale Klein señala que hasta que no se haya desarrollado la tecnología necesaria, toda fecha no es más que una suposición. Con ayuda de un nuevo robot, en abril de 2015, la compañía de electricidad intentará por primera vez encontrar el combustible nuclear fundido en el reactor número uno. (Vea: Fukushima, entre culpables e historias de vida)

Desde la catástrofe de Fukushima, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con sede en Viena, supervisó dos veces el proceso de desmantelamiento que lleva a cabo Tepco. Este martes  finalizó la tercera visita de los expertos internacionales del OIEA. El balance es positivo: “Desde nuestra última misión en noviembre/diciembre de 2013, Japón ha hecho avances significativos”, dijo el jefe del equipo, Juan Carlos Lentijo.

Depósito para residuos nucleares

En muchas zonas de las instalaciones de la central nuclear la limpieza ha avanzado y los niveles de radiación han disminuido notablemente. Asimismo, Lentijo señaló que las barras de combustible nuclear derretidas del reactor número cuatro han sido retiradas, y, por lo menos en parte, se ha logrado desviar el agua subterránea alrededor del edificio del reactor.

Al mismo tiempo, el equipo del OIEA presentó más de una docena de propuestas de mejora, aunque estas fueron formuladas diplomáticamente: “La situación sigue siendo sumamente compleja y la eliminación del combustible nuclear representa un enorme reto a largo plazo”, subrayó el experto español. Japón no cuenta, por ejemplo, con un depósito para residuos nucleares altamente radiactivos. Sin embargo, este tipo de depósito es necesario para los residuos nucleares que genera el desmantelamiento de Fukushima.

¿Qué hacer con el agua contaminada?

Asimismo, el OIEA insiste en una solución sostenible al problema del agua. Cada día son contaminadas en Fukushima unas 300 a 400 toneladas de agua subterránea y de refrigeración. Un sistema de filtración, que empezó a operar a finales del año pasado, limpia 2.000 toneladas de agua radiactiva al día, eliminando todos los isotopos radiactivos, menos el tritio. Hasta mayo de 2015, dos meses después de lo planeado, Tepco quiere limpiar toda el agua. (Vea: La energía nuclear no nos interesa)

No obstante, puesto que los pescadores de la región de Fukushima se oponen a que esa agua sea vertida al Pacífico, Tepco la almacenará todavía durante años en las instalaciones de la central nuclear. La compañía espera encontrar una solución técnica para filtrar también el tritio. Según el jefe del equipo del OIEA, “la toxicidad del tritio no es muy alta y sus efectos sobre la salud no son muy graves”. Verter el agua de refrigeración filtrada a los mares y ríos es una práctica común y corriente, señala Lentijo.

El OIEA también exigió mejores condiciones de vida en los alrededores de la central eléctrica y el retorno seguro de los evacuados. Actualmente, unos 72.500 habitantes evacuados viven en asentamientos improvisados lejos de sus hogares en la región contaminada.

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