El aumento de temperatura en la Tierra por cuenta del cambio climático parece ser un problema que la humanidad va a tener que acarrear durante varias décadas. Si 2016 se convirtió en el año más caluroso jamás registrado, 2017 parece que se encamina a ser un año de desalentadores récords climáticos.

La Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) reveló esta semana que la cantidad de hielo en los polos de la Tierra registró un nuevo descenso récord, mientras que la temperatura en enero fue 0,88 grados centígrados superior al promedio del siglo XX.

“Es la temperatura más alta para un mes de enero” que se registra desde 1880, con excepción de 2016 y 2007, cuando se registraron la más alta y la segunda más alta temperaturas respectivamente.

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Esas altas temperaturas inusuales contribuyeron a que se derrita el hielo en el Ártico, donde el promedio del área de hielo fue de 1,26 millones de Km2, es decir un 8,6% menos de la media registrada entre 1981–2010.

“Se trató de la superficie más pequeña en enero desde que comenzaron los registros en 1979: 258.998,81 km2 menos que en el récord anterior fijado en 2016”, señaló el informe.

En la Antártida, la extensión de hielo en enero fue de 1,1 millones de km2, un 22,8% menos que en el promedio registrado entre 1981 y–2010. “Esta fue la extensión de hielo en la Antártida en enero más pequeña desde que el registro empezó en 1979 y unos 284.898 km2 más pequeño que el récord en 2006”, agregó.

La capa de hielo en los Alpes también estaría en serio peligro

Y si en los polos la situación no es la más alentadora en los Alpes europeos parece que el futuro tampoco lo será. Ya que un estudio difundido el pasado jueves señala que la capa de nieve que cubre los Alpes cada invierno podría disminuir un 30% antes del final de este siglo, incluso si se limita la subida de la temperatura a 2ºC, como lo prevé el Acuerdo de París.

Pero lo más aterrador es que si las emisiones de CO2 a la atmosfera no disminuyen esta capa podría mermarse hasta en un 70%. “Las futuras emisiones (de gas con efecto invernadero) determinarán en cuánto”, afirma Christophe Marty, uno de los autores del estudio difundido en la revista The Cryosphere.

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Si esa previsión se llegara a cumplir, solo las estaciones invernales situadas a más de 2.500 metros de altitud podrían garantizar una temporada completa de esquí.

En las zonas situadas por debajo de 1.200 metros, las proyecciones indican que en invierno ya no habrá una capa de nieve continua. Además, una cuarta parte de las estaciones de esquí de los Alpes se encuentran por debajo de los 1.200 metros de altitud.

“Numerosas localidades alpinas dependen fuertemente del turismo invernal, la economía y la población de esas regiones sufrirán”, señala el estudio.

Más allá del turismo, “lluvias más importantes en invierno, una capa de nieve menos importante y la desaparición de los glaciares alpinos modificarán el curso de los ríos alpinos y su variación”. En los Alpes, la gestión del agua con fines de irrigación, de producción hidráulica y la navegación sufrirán también las consecuencias del calentamiento acelerado del planeta.

*Con información de AFP

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