En época de lluvia estos ecosistemas actúan como fábricas de agua.

Estos ecosistemas son estratégicos por la enorme cantidad de servicios que prestan, entre ellos, su capacidad de regulación hídrica, lo que es muy importante en un país como Colombia, con numerosas cuencas y ríos. En época de lluvia actúan como fábricas de agua ya que aumentan su capacidad de almacenamiento y atenúan las crecientes lo cual disminuye el riesgo de inundación. En época de sequía realizan la función contraria; liberan gradualmente el agua contenida y permiten que el caudal de los ríos aumente. 

Estas características los convierten en ecosistemas con una alta dinámica temporal y espacial con periodos anuales –cuando hay épocas de sequía y lluvia en un mismo año– e interanuales –años muy secos o muy húmedos en los que ocurre el fenómeno de La Niña o de El Niño y propician inundaciones como las de 2010 y 2011–, las cuales se repiten aproximadamente cada siete o 15 años. Los lugares del país donde es más frecuente observar lluvia y sequía en el mismo año son la Amazonía y la Orinoquía. Por otra parte, en otras regiones, especialmente en áreas montañosas, se presenta un régimen bimodal. Esto significa que en el mismo año hay dos periodos de lluvia y dos de sequía en la misma zona.

¡Los humedales sí cambian!

Es posible acercarse a la dinámica temporal y espacial de los humedales al estudiar sus espejos de agua que pueden ser permanentes o temporales. En los primeros, como los lagos, lagunas y ciénagas, el espejo de agua siempre existe aunque su tamaño varíe. Esto se observa en cuerpos de agua no muy profundos, donde los procesos de expansión-contracción del agua son más evidentes y corresponden a las épocas de lluvia y sequía. En los humedales temporales o estacionales el espejo de agua desaparece completamente en la época seca, como es el caso de los de la Orinoquía, que en su mayoría son sabanas que permanecen inundadas hasta 8 meses al año. Otro ejemplo de esta dinámica son los humedales de La Guajira, en los cuales el espejo de agua se presenta en intervalos de años.

Es importante entender que los humedales mencionados no solo presentan inundación abierta; es decir, con un espejo de agua visible en las imágenes. También ocurren en humedales como los del Amazonas y la región Pacífica, en los que la inundación no es tan evidente por estar cubierta de vegetación densa y, por lo tanto, requieren mayores esfuerzos y tecnología para detectarlos. 

En Colombia estamos empezando a estudiar la dinámica espacial y temporal de los humedales. Esto gracias tanto al registro tanto de los plenamente identificados a nivel nacional como de los transformados, que ahora son considerados zonas susceptibles de inundarse. Sin embargo, su alta complejidad exige conocerlos más a fondo, lo que requiere periodos amplios de observación e implica establecer un sistema monitoreo para analizar la dinámica de estos ecosistemas. 

Esta información sobre el conocimiento de estos debe ser incorporada en los criterios de gestión integral del riesgo en nuestro país. En efecto, la pérdida gradual de estos ecosistemas ha llevado a que en eventos extremos, como La Niña 2010-2011, la regulación del caudal de los ríos sea insuficiente. Como consecuencia, pueden ocurrir inundaciones extremas en zonas que fueron humedales, como las de desborde o planicies de inundación, que actualmente son centros urbanos o áreas de producción agropecuaria. Cuanto antes se haga este trabajo, más fácil será evitar futuros desastres.

En las fotos de radar se observan en color azul las áreas de expansión y contracción de los cuerpos de agua detectados con 23 imágenes de radar de 2007 a 2011 para el Atrato, Inírida y el sur de Bolívar, lo cual deja ver el dinamismo de las zonas de humedal.



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