Hablar del impacto que tiene el ser humano sobre la naturaleza no es una novedad. Sin embargo, más allá de las constataciones que se pueden hacer por la experiencia, no existe información confiable que le otorgue una dimensión exacta a esa realidad.

Así pasa en Colombia, donde las noticias sobre evenenamiento de ríos con mercurio, tala desaforada de bosques naturales y desaparición de animales y plantas se han vuelto un asunto cotidiano cuya magnitud, sin embargo, estamos lejos de cuantificar.

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Al menos hasta este jueves, cuando la organización WWF presentó el Informe Colombia Viva 2017. Se trata de un compendio de la transformación histórica de los ecosistemas del país, así como un examen detallado del estado actual de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos que brinda.

Como era de esperarse, los resultados no son alentadores. De los 85 tipos de ecosistemas que hay en Colombia, 20 se encuentran en estado crítico y otros 17 están en peligro. Eso quiere decir que cerca de la mitad de los entornos naturales del país están en un alto grado de deterioro, lo que no solo compromete seriamente la supervivencia de muchas especies, sino que limita la provisión de servicios que permiten la supervivencia y bienestar de los colombianos.

El informe, elaborado con base en diferentes estudios elaborados por los más reconocidos centros de investigación e instituciones científicas del país, también muestra que el 31,3% de la superficie de Colombia ha sufrido algún tipo de transformación. Tal vez el ejemplo más crítico sea el de los páramos: entre 1985 y 2005, la tasa anual de pérdida de estos ecosistemas alcanzó un 17%.

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Además de estas fábricas de agua, los ecosistemas más alterados por la intervención humana son el bosque seco tropical, las sabanas húmedas, los arbustales y los humedales. Entre las principales razones que explican la pérdida de estos lugares están la deforestación, el desarrollo de obras de infraestructura sin planeación ambiental, el desecamiento de los cuerpos de agua y la demanda de tierras para la agroindustria.

Flora y fauna amenazadas

El informe también tiene un capítulo dedicado a las especies de plantas y animales cuya riqueza le ha valido al país el reconocimiento del segundo más biodiverso del mundo. Un rótulo que empieza a flaquear ante los impactos de las actividades humanas.

Usando la información de los Libros Rojos de Especies Amenazadas en Colombia, el informe muestra que de las 1.853 especies de plantas evaluadas, 665 (36%) se encuentran amenazadas de extinción. La situación de la fauna terrestre colombiana también es preocupante: de 284 especies de animales terrestres, 41 están en Peligro Crítico, 112 Amenazadas y 131 son Vulnerables.

"De avanzar estas tendencias, Colombia tendría que borrar de la lista de su biodiversidad especies de abejas que cumplen funciones críticas de los ecosistemas, o colibríes, paujiles, loros y monos araña, entre otros", advierte el documento.

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Por su parte, la mayor cantidad de especies animales dulceacuícolas amenazadas son peces. Las cuencas de los ríos Magdalena, Orinoco y Amazonas presentan signos claros de una declinación alarmante de sus pesquerías.

Las capturas en la cuenca del Magdalena disminuyeron casi 90% desde la década de 1970, los desembarcos pesqueros en la cuenca del Orinoco declinaron 85 % entre 1997 y 2009, y en la cuenca del río Putumayo el descenso registrado entre 1992 y 2009 fue cercano a 80%. El bocachico del Magdalena o el bagre tigre prácticamente han desaparecido de las cocinas de los colombianos.

¿Posconflicto ambiental?

Con todo, según el informe la actual coyuntura del posconflicto es una oportunidad inmejorable para transformar esta situación. Si bien el país cuenta con una población en crecimiento que demanda cada vez más recursos, los impactos de esta realidad inatajable sobre la biodiversidad se pueden mitigar.

"Con el apoyo del Estado, el sector privado y la inversión extranjera –sostiene el informe–, se podrían poner en marcha diversos planes de desarrollo y de reconstrucción ecosistémica", concluye el documento.

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