El gerente del Fondo de Adaptación, Iván Mustafá. (Foto: Juan Carlos Sierra / Revista SEMANA)

Semana Sostenible: El Ideam ha alertado que el fenómeno de la Niña puede presentarse el próximo semestre y muchas de las obras de las que se ha hablado no están listas. ¿Cómo explica eso?

Iván Mustafá: Lo primero que me gustaría aclarar es que el Fondo de Adaptación no está creado para atender necesidades de un momento. Lo que busca es preparar al país para una realidad inevitable como es el cambio climático. Colombia tiene enormes desafíos si el aumento de la temperatura se hace realidad, como ya se sabe que va a suceder.

S.S.: ¿Pero no fue por el Fenómeno de la Niña que se creó el Fondo de Adaptación?

I.M.: Sí, pero el Fondo de Adaptación no trabaja solo. En ese momento, como recordarán la magnitud de la Niña fue tan grande que más de cuatro millones de colombianos resultaron damnificados. Para esa coyuntura específica y en el corto plazo se creó Colombia Humanitaria. La Unidad de Gestión del Riesgo se fortaleció pues se evidenció la necesidad de atender las emergencias que se presentaban. El Fondo de Adaptación se creó para el largo plazo, para preparar a Colombia frente a los grandes impactos que traerán los cambios extremos de clima.

S.S.: ¿Por qué cada vez que llueve se presentan las mismas tragedias?

I.M.: En palabras sencillas porque siempre se había hecho lo mismo. Se reparaban las vías, los colegios, los hospitales. Y en otra temporada invernal fuerte, se volvían a dañar.  No es sino recordar lo que pasaba en la Universidad de la Sabana, cada vez que llovía en extremo se bombeaba y se sacaba el agua, pero no se adaptaba ese lugar a la realidad de que esa agua iba a volver. Lo que se hizo ahora fue que, por ejemplo, la carretera que conecta a Chía con Bogotá se elevó para que cuando llegue el agua no se inunde.

No hay riesgo cero. China acaba de vivir una de las peores inundaciones en su historia reciente. Nadie puede decir que estamos 100% preparados. Lo que podemos hacer es reducir la vulnerabilidad. De las 32 capitales que tenemos, 17 están construidas sobre lagunas y humedales. Luego nos preguntamos ¿Por qué nos inundamos? La verdad es que los colombianos nos hemos ido apropiando de esos lugares para ganar terreno y el agua siempre buscará volver a su cauce. 

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S.S.: Entonces, ¿qué será lo diferente que hará el país para evitar las mismas tragedias?

I.M.: Básicamente son tres estrategias. 1) Reconstruir sectorialmente: hacer las casas, los colegios, los hospitales. Adaptarlos para vivir con el agua y no contra ella. 2) Se escogieron cuatro Macroproyectos: El canal del Dique, la Mojana, el Jarillón de Cali y Gramalote, para intervenir unas zonas con grandes obras, bien estudiadas. 3) Adaptarse al Cambio Climático: uno ve que en Estados Unidos se sabe a qué hora llega la lluvia, qué tanto, a qué hora pasa, cuándo llega ese caudal a las costas. Todo eso se puede predecir. Colombia tiene que tener esa tecnología.

S.S.: Justo esos macroproyectos que menciona son los que se ven en pañales. La Contraloría alertó que en los cuatro casos los retrasos son enormes…

I.M.: Como les dije son obras a muy largo plazo que están planeadas para ser entregadas en 2018 y 2020. Déjenme explicar cómo vamos en cada uno, porque son proyectos muy complejos.

S.S.: Comencemos entonces por La Mojana. Hace unos años se dijo que iba a ser la obra de ingeniería más compleja y costosa de Colombia. ¿Qué ha pasado ahí? 

I.M.: La Mojana tiene más de 1.100.000 hectáreas. Es un punto de encuentro de las aguas de los departamentos de Córdoba, Antioquia, Bolívar y Sucre. Cuando los ríos Magdalena y Cauca bajan de las montañas y van hacia las costas toman cada vez más fuerza. Los ríos son ondeados porque van amortiguando de manera natural los sedimentos. Para descargar las aguas, la naturaleza, que es sabia, va creando ciénagas. Pero nosotros durante los últimos 100 años nos hemos dedicado a construir muros para tener fincas ganaderas y evitar que entre el agua. Cada muro que pone una persona lo que hace no es contener el agua, sino lanzársela al vecino. Lo que hemos generado los colombianos son verdaderas tragedias ambientales.

S.S.: ¿Y entonces qué se puede hacer?

I.M.: Lo que hicimos fue estudiar cómo funcionaba ese lugar. Con aviones tripulados y una tecnología de punta se pudo ver que había en cada centímetro de la Mojana. Se hizo una radiografía única, identificando cuáles sitios son los de mayor riesgo de inundación, cuáles casas hay que volver palafíticas, qué se debe trasladar, qué se debe sembrar y qué no. Concluimos que lo que había que hacer era adaptarnos al agua.

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S.S.: ¿Por qué se decía que era una obra carísima?

I.M.: Porque en un principio se pensó que había que construir muros, pelear por el agua. Eso era un fracaso. Desde el 2003 hasta el 2013 se invirtieron 513.000 millones de pesos en hacer muros, muchos de los cuales hoy ya no existen. Se había pensado en invertir 2 billones en ese tipo de soluciones cuando lo que hay que hacer es adaptarse a vivir allí. Hoy se repararon los sitios de ruptura, se construyeron 2.000 viviendas y 13 colegios adaptados al cambio climático. Se van a invertir 469.000 millones en obras (casas, colegios, hospitales), además de las inversiones ya hechas, que permitirán que la gente tenga condiciones para adaptarse a vivir en la región.

S.S.: ¿Y con el canal del Dique qué ha pasado?

I.M.: El Canal del Dique fue un canal artificial que se creó para tener una variante del río Magdalena por Bolívar. Hicieron una especie de tobogán que inicia en Calamar y va hasta Cartagena, atravesando varios municipios. Muchos dicen que es un error de ingeniería, pero a veces, al mirar para atrás, aplica el dicho que después de la guerra todo el mundo es general.

S.S.: ¿Por qué se inundó tanto esa región con la pasada Niña?  

I.M.: Lo que pasó en el Canal del Dique no fue que el agua pasara por encima del Jarillón, sino que muchas personas metían tubos artesanales para sacar el agua para sus fincas. Eso hizo que el dique se rompiera y ahí sucedió la tragedia que todos recuerdan. El dique se rompió por la mano del hombre. Lo que hicimos al principio, en 2010, fue tapar ese boquete. Pero si la gente chuza el canal pone a toda la región en un enorme riesgo.

S.S.: ¿Cuándo va a estar listo el Canal?

I.M.: En el momento hay un avance del 31% en las obras de protección de los diez centros poblados donde está el dique, son inversiones por más de 250.000 millones de pesos, que están en ejecución actualmente. Por otra parte, hay obras de largo plazo como las esclusas y compuertas tipo Canal de Panamá que permitirán regular los caudales de agua para evitar inundaciones, controlar los sedimentos, facilitar la navegación, recuperar las ciénagas y devolverle el azul al mar de Cartagena.

Estos son diseños a largo plazo, la idea es tenerlos terminados a comienzos del 2017. Si la Contraloría nos mide avance en las esclusas, pues obviamente no lo hay porque no hemos terminado diseños y sin tenerlos no podemos colocar el primer ladrillo.

S.S.: Otra obra importante es el Jarillón de Cali, si esa estructura no se refuerza gran parte de la tercera ciudad más importante del país se puede inundar.

I.M.: El río Cauca bordea el oriente de la ciudad. El Jarillón protege al distrito de Aguablanca, más de 900.000 personas podrían quedar bajo el agua  si no se refuerza la estructura. Además, se dañaría la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (Ptar) y el acueducto que surte al 70% de la población.

S.S.: Ese es un panorama fatal, ¿qué se ha hecho hasta ahora?

I.M.: Una parte de Cali se inundó  en 2010 por acumulación de todas las aguas lluvia y residuales. Por eso se construyó la planta del Paso del Comercio que busca bombear el agua, sacarla y tirarla al río. Con esta obra el 33% de la población vulnerable en el sector ya no se inunda. También se reforzó la laguna del Pondaje porque estaba tapada por colchones y basuras. De hecho, la laguna fue construida para amortiguar toda el agua que baja hacia el río. Son unas piscinas naturales que reciben, almacena y van liberando el agua de manera gradual.

Cali tiene dos problemas. El primero es que se desborde el río y el agua pase por encima del Jarillón y segundo es que el agua que corre dentro de la ciudad no pueda salir. Es decir, deficiencia de drenaje interno.  

S.S.: ¿Pero si se ha hecho todo eso por qué las obras apenas van en un 15%?

I.M.: Sobre el Jarillón hoy viven más de 7.000 familias que invadieron esa zona irregular e ilegalmente. Se apropiaron de la zona porque las autoridades han sido condescendientes. La meta es darles a esas familias opción de reubicación y hacer las obras de protección del Jarillón. Si ellos no acceden a reubicarse están poniendo en peligro a toda Cali. El refuerzo y la construcción de las nuevas viviendas valen 1 billón de pesos, pero no podemos hacer nada si no trasladamos a todas esas familias. El alcalde tiene un equipo de 120 personas trabajando socialmente con la comunidad para lograr ese objetivo lo más pronto posible.

S.S.: Yendo hacia el oriente del país. ¿Ya han pasado cerca de 6 años y todavía no se reconstruye Gramalote?

I.M.: El avance va en un 51%. Hay que tener en cuenta que esto no es construir un barrio, es construir un pueblo desde ceros. Fueron tres años buscando el lote y esperando que la comunidad se pusiera de acuerdo. Ya vamos a cumplir dos años en obras y vamos a tener todo muy pronto. Normalmente un pueblo tarda en construirse 50 años, eso no es de un día para otro.

Todos querían que fuera un pueblo de paso, que motivara el comercio, que se diseñaran exactamente igual los 16 barrios del municipio y que todo fuera tal cual como el antiguo municipio. Eso no fue fácil.

S.S.: Pero, ¿cuándo estarán listas las casas?

I.M.: A finales de septiembre esperamos tener 150 casas construidas, en diciembre 400 y el año entrante las 1.000 que están planeadas. El acueducto ya está en un 100% y ya hay 2,3 kilómetros de vías de acceso pavimentadas. La inversión en Gramalote es de 400.000 millones de pesos.

Todos hubiéramos querido que Gramalote y los otros tres macroproyectos se construyeran más rápido,  pero son obras demasiado complejas y la idea no es hacer algo que no sirva solo por la premura de mostrar resultados. Nunca se había hecho algo como lo que pronto le entregaremos a los colombianos.

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