El fenómeno de la Niña en 2010 y 2011 causó estragos en todo el país. Quizás dos de los eventos que más se recuerdan son el rompimiento del canal del Dique y el resquebrajamiento del casco urbano de Gramalote en Norte de Santander, municipio que tuvo que ser trasladado por completo a otro lugar y cuyas obras aún no han sido entregadas en su totalidad.

En ese momento, el Gobierno Nacional creó el Fondo Adaptación para trabajar en aquellas zonas que quedaron en riesgo luego de la ola invernal. Años después se le encomendó la ejecución de proyectos integrales de gestión del riesgo y adaptación al cambio climático. Entre ellos entró el Plan Jarillón de Cali, que consiste en 26 kilómetros de estructura que protege el oriente de la ciudad de las crecidas del río Cauca. Es común escuchar entre algunos caleños decir que a Cali no le ha pasado una catástrofe “de puro milagro”.

El Ideam reveló este fin de semana que existen 500 municipios en Colombia con algún tipo de alerta por deslizamiento y hay alerta roja por inundación en las cuencas hidrográficas de nueve departamentos, entre los cuales está el Valle del Cauca.

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La tragedia de Mocoa alertó a todos los entes territoriales y aunque es imposible predecir cuándo ocurrirá una catástrofe natural, el contexto y la historia muestran que Cali, una de las principales ciudades del país y que cuenta con más de 2,5 millones de habitantes, está en un riesgo latente. Eso quedó claro con la emergencia que vivió la ciudad el 21 de enero de este año cuando el río Cauca llegó a movilizar 1.125 metros cúbicos de agua por segundo. Cientos de personas que vivían en el Jarillón se inundaron y tuvieron que ser evacuadas. Se requirieron 2.000 millones de pesos en ayudas humanitarias para asistir a 1.200 familias.

Semana Sostenible conversó con Juan Diego Saa, gerente del Plan Jarillón y con Rodrigo Zamorano, secretario de Gestión del Riesgo de Cali, acerca del proyecto que no solo es de interés municipal sino nacional. “Si el dique sobre el río Cauca se rompe 900.000 caleños quedarían damnificados, el 80% de la ciudad no tendría agua potable y se generarían pérdidas económicas por 23,4 billones de pesos”, asegura Saa.

Como las aguas residuales de la ciudad van al río, una inundación traería consigo también todos los desechos y habría que evacuar a todos los caleños en menos de cuatro días debido a una emergencia sanitaria.

Según dice Zamorano, el riesgo no es solo por una crecida súbita del río, sino que los asentamientos humanos (más de 8.000 familias viven y hasta tienen empresas sobre el dique) han debilitado la estructura. “El riesgo es que Cali está en una zona de aceleración media en microzonificación sísmica. Si se llegara a dar un sismo mientras el Cauca sube de nivel, se podría causar un desplazamiento del Jarillón. Esa sería la gran catástrofe que busca evitar el proyecto de reforzamiento que se ejecuta actualmente”, comenta Zamorano.

Contra el reloj

El proyecto debe culminar en 2018 y a pesar de que se trabaja en el tema desde el 2012, los avances han sido lentos ya que se enfrentan al gran problema de reasentar a cerca de 8.000 familias que durante años han vivido encima de esta zona de riesgo. “El lío es que no se puede reforzar la estructura mientras las personas estén allí”, afirma Zamorano. Hasta el momento se han logrado liberar 13 kilómetros del dique y reubicar a 2.208 familias. Según Saa, se espera que en junio de 2018 el 53% del Jarillón esté reforzado.

En este momento todo depende de la naturaleza y de que ninguna catástrofe ocurra, ya que el Cauca podría desbordarse en las zonas donde todavía no se han empezado trabajos. “Las inundaciones del 2010 en Cali se dieron no porque el Jarillón se hubiera roto sino porque el sistema de drenaje falló. También tenemos muchas familias viviendo en las lagunas artificiales de El Pondaje y Charco Azul, que actúan como reguladoras de las aguas. Con basuras han tapado el cauce del canal oriental”, comenta Saa.

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El proceso de reasentamiento en Cali es de dimensiones gigantescas y asimismo representa un gran desafío. Por ejemplo, a pesar de que en Gramalote había que construir un pueblo desde ceros, se deben reasentar cerca de 1.000 familias, mientras que la capital vallecaucana debe hacer lo mismo con más de 8.000. 

Y es que hay mucho por hacer en muy poco tiempo. En mayo próximo se entregarán 6,3 kilómetros del Jarillón. Actualmente hay 1,1 kilómetros listos para iniciar obra, los cuales corresponden al parque lineal de la CVC donde quedaba el asentamiento Villa Moscas.

Por otra parte, la ciudad está en proceso de licitación de otro tramo de 1,4 kilómetros donde quedaba Brisas de Nuevo Amanecer, la comunidad que más se afectó con la ola invernal 2010 - 2011. Con esa licitación también saldrá la del tramo del antiguo basurero de Navarro, que por el tema de lixiviados requiere de un tratamiento especial.

Hacia mediados de este año se inician las obras de reforzamiento de 2,5 kilómetros en el sector de Vegas-Venecia y después del primer semestre del 2017 se iniciará también el reforzamiento de la Planta de tratamiento de aguas residuales (Ptar) y de la Planta de tratamiento de agua potable (Ptap) de Puerto Mallarino. (Ver mapa)

¿Está Cali preparada ante un posible desastre natural?

“En la inundación que vivimos el 21 de enero se dejaron de inundar 5.000 familias debido a que Emcali realizó las obras de bombeo del Paso del Comercio. La ciudad bombea sus aguas lluvia porque está debajo del nivel del río Cauca”, comenta Rodrigo Zamorano, secretario de Gestión de Riesgo de la ciudad.

Asimismo, asegura que tienen una alerta permanente de cómo se comporta el embalse de Salvajina. Su capacidad de almacenamiento es de 848 millones 920 mil metros cúbicos de agua y en este momento está en uso un 64%. “Muchos preguntan por qué si había espacio en la represa Cali se inundó en enero. La respuesta es que se tienen en cuenta modelos y conceptos técnicos, que indicaban que no era una opción viable represar Salvajina en ese mes y no tener capacidad de llenado en los momentos de ola invernal”, asegura.

Además, hay dos ríos después del Embalse, el Palo y el Desbaratado, que pueden llegar a 300 metros cúbicos por segundo, casi el mismo caudal del Cauca en tiempo seco.

Un problema que pasó desapercibido

El Jarillón empezó a poblarse desde hace más de 30 años y a pesar de que esos terrenos son de la ciudad, ninguna administración hizo nada para evitar su invasión. Por eso hoy el municipio debe reasentar a las personas, otorgándoles nuevas viviendas (avaluadas cada una en promedio en 51 millones de pesos) o brindándoles compensaciones económicas, según sea el caso. “Se configuró la ‘confianza legítima’ y por eso hoy debemos asumir esos costos como municipio, como Estado”, asegura Saa.

El decreto de compensaciones se expidió el año pasado y según dicen los funcionarios, es uno de los más generosos del país. Y es que tener esos asentamientos humanos en inmediaciones del río representa enormes pérdidas para Cali ya que estas personas no pagan servicios públicos. Debido a esto la ciudad y las empresas municipales tienen pérdidas de 14.000 millones de pesos al año en energía y un despilfarro de 21.000 metros cúbicos de agua mensuales.

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