La próxima semana se celebran los 40 años de la declaratoria simultánea de 18 Parques Nacionales en Colombia. En todos estos años, esta figura se ha convertido en el principal mecanismo de conservación de los ecosistemas estratégicos del país. A tal punto que hoy en día existen 59 áreas declaradas como tal que, en total, suman más de 14 millones de hectáreas en las que no se permiten actividades de explotación económica intensiva.

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Esta cifra, que aumentará en 2,5 millones al final de este gobierno, pone a Colombia como un país ejemplar en términos de protección de los recursos naturales. Sobre todo en tiempos en que el mundo está preocupado por tomar acciones para enfrentar y adaptarse al cambio climático.

Sin embargo, estos lugares también enfrentan muchas presiones. La más reciente de ellas, el recorte presupuestal que se anunció la semana pasada y que reduce casi una cuarta parte de los recursos de inversión para Parques Nacionales. En esta entrevista, la directora de esa entidad, Julia Miranda, habla de los impactos que tendrá esta decisión, hace un panorama del estado actual de los Parques y explica las medidas que están tomando para resolver los factores que la amenazan.

SEMANA SOSTENIBLE: ¿Cómo afecta a su entidad el recorte presupuestal que se anunció la semana pasada?

JULIA MIRANDA: El recorte afecta a Parques Naturales de manera grave. La reducción será de 13.000 millones de pesos en el presupuesto de inversión, lo cual se hace más complejo porque arrastramos un déficit de otros años. Ya hicimos un recuento de las actividades que nos quedan con cero financiación. Esto afectará principalmente el número de áreas protegidas cubiertas con jornadas de vigilancia, el saneamiento de predios, el número de áreas en proceso de restauración y de saneadas de cultivos ilícitos. También tendrá consecuencias sobre el trabajo con las comunidades y el mantenimiento de la infraestructura donde viven los guardaparques, que de por sí ya están en condiciones precarias. Es una situación muy difícil y esperamos que no se mantenga por mucho tiempo.

S.S.: ¿Están planeando declarar nuevas áreas protegidas?

J.M.: El Plan Nacional de Desarrollo identificó una megameta por cada sector. La del ambiental es la ampliación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas en al menos 2,5 millones de hectáreas. Hemos venido avanzando en varias declaratorias con las Corporaciones Autónomas, pero además Parques Nacionales está trabajando en 9 procesos de declaratoria y cinco ampliaciones de áreas ya existentes. Vamos a cumplir la meta al final de este gobierno.

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S.S.: ¿No es contradictorio declarar más áreas y al mismo tiempo recortar el presupuesto?

J.M.: No basta con declarar, pero nuestra gran responsabilidad es proteger los recursos naturales. Es cierto que tenemos un déficit, pero también tenemos aliados con los que estamos ideando instrumentos financieros y nuevas estrategias para recaudar el dinero que se requiere. Si fuera por escasez de recursos, no se habría declarado ni el primer parque. Hay que seguir declarando porque es la principal estrategia de conservación de la biodiversidad y de adaptación al cambio climático. La falta de plata nos estimula para seguir buscando alternativas de financiación.

S.S.: ¿Cómo está Colombia actualmente en términos de áreas protegidas?

J.M.: En los últimos años hemos avanzado significativamente en el cumplimiento de las metas que exige el convenio de diversidad biológica. Vamos cumpliendo tanto en lo marino como en lo terrestre, pero todavía no es suficiente. Tenemos que seguir declarando, protegiendo y usando otras figuras diferentes a las áreas protegidas como pide el convenio. Esas otras medidas efectivas de conservación pueden ser la ampliación de territorios indígenas y afrocolombianos. Lo importante es que Colombia tiene las herramientas legales que muchos países quisieran. La Constitución le ha dado un blindaje a los parques para que las declaratorias sean a perpetuidad y no se pueda reducir el tamaño ni cambiar su uso. No es como en otros lugares en donde por intereses económicos se borran esas áreas. Sin embargo, es innegable que también enfrentamos amenazas enormes.

S.S.: ¿Cuáles son esas amenazas?

J.M.: Los cultivos ilícitos, la tala ilegal, el tráfico de fauna y la ocupación irregular de territorios protegidos con actividades que no deben estar ahí como la agricultura y  la ganadería.

S.S.: ¿Qué están haciendo para enfrentarlas?

J.M.: Estamos haciendo un trabajo fuerte con la Fuerza Pública, los Ministerios de Agricultura, Transporte y el Departamento de Prosperidad Social, que nos están apoyando para poder enfrentar esas graves amenazas. Pero también estamos trabajando con las comunidades locales. Ellas son fundamentales para lograr el cambio que se necesita.

S.S.: ¿Cuántas hectáreas de coca hay en los parques?

J.M.: La última cifra del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI)dice que hay 7.873 hectáreas distribuidas en 20 Parques Nacionales. Sin embargo, el 70 por ciento de estos cultivos están en apenas tres: Sierra de la Macarena, Nukak y Paramillo. Cada uno de ellos tiene una estrategia que combina la erradicación forzosa con los acuerdos voluntarios con los campesinos que lidera Rafael Pardo desde la Presidencia. Eso es un reto tremendo porque en esos lugares hay presencia de bandas, pero también porque los acuerdos son demorados de implementar. La idea es lograr sacar esos cultivos concertadamente, pero también es necesario usar la fuerza cuando esa primera opción esté agotada.

S.S.: ¿Qué está pasando con el turismo en las áreas protegidas?

J.M.: Realmente ha habido mucha controversia últimamente, pero el turismo es una gran posibilidad para esos lugares. Sí hay sitios de desorden, como en Playa Blanca, pero tenemos todas las herramientas para hacerlo bien y usar las estrategias que en el mundo existen para poder manejarlo bien. En Colombia hay buenos ejemplos de ecoturismo y esa es una oportunidad para las comunidades locales y para el país. El reto es hacerlo bien, pero el mensaje es que siga llegando gente, que sigan llegando extranjeros a conocerlos. Se necesita, eso sí, una mejor cultura para visitar los entornos naturales, delimitar senderos, definir capacidades de carga, contratar guías y vigilantes locales para que se beneficien de eso. Esto ya se inventó en el mundo y para replicarlo acá se necesitan inversiones, que estamos haciendo, para garantizar que los turistas tengan buenas experiencias y que se beneficie la gente local.

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S.S.: ¿Cómo va el tema de los campesinos que viven dentro de los parques?

J.M.: Aunque suene duro decirlo, la ocupación campesina es una de las principales amenazas a la integridad de los parques. Quienes los habitan hace años han desarrollado actividades no permitidas como la tala, la ganadería, los cultivos ilícitos. El objetivo es trabajar con ellos para restaurar esos ecosistemas, pero también para definir si quieren quedarse en ellos haciendo labores permitidas o aprovechar la oportunidad del acuerdo de paz para buscar su relocalización en otros sitios que les permitan mejorar su calidad. Eso sí, hay que tener en cuenta que eso se hace en un contexto de transición para no generar impactos negativos en la gente.

S.S.: ¿El “posconflicto” es una amenaza para los Parques Nacionales?

J.M.: Todo lo contrario. Es la mejor oportunidad que hemos tenido y nos permitirá desarrollar un trabajo con las demás entidades del estado para poder lograr la recuperación de muchos parques degradados por el conflicto. Además el acuerdo de paz respeta las áreas de especial importancia ecológica, contempla el cierre de la frontera agrícola y la erradicación de la coca. El punto agrario da un respiro a los parques porque ofrece la posibilidad de mejorar la calidad de vida de los campesinos que vivan fuera de ellos. Van a haber bancos de tierras y se promoverán actividades agrícolas y pecuarias. Entonces es una gran oportunidad para enfrentar esos problemas de la mejor manera. Sabemos que es difícil en el corto plazo, pero por lo menos la ventana está abierta para que eso ocurra.

S.S.: ¿Cuál es el balance en estos 40 años de la figura de Parques Nacionales?

J.M.: Tanto la figura como la regulación sobre parques le han permitido a Colombia tener herramientas jurídicas y técnicas para preservar su enorme riqueza natural. En eso hemos sido muy efectivos. Los lugares mejor conservados del país son en su mayoría los Parques Nacionales. Eso está demostrado con las verificaciones y monitores que hemos hecho en términos de cobertura boscosa y en general de la salud de los ecosistemas. Sin duda, las figuras de Parques Nacionales y de Áreas Protegidas han sido fundamentales para salvaguardar el patrimonio natural del país.

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