En total, en Francia se producen 815.000 toneladas de petróleo al año, es decir, el equivalente a 1% del consumo nacional. (Foto: AFP)
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Cerca de un campo de remolachas, en un pueblo rural no muy lejos de París, una compañía canadiense extrae petróleo día y noche. Una actividad discreta y rentable pero con una muerte anunciada a causa de un proyecto de ley que prohibirá la explotación de hidrocarburos.

En la localidad de Andrezel, a una hora al sureste de París, el sitio, entre una pequeña carretera y un terreno agrícola, solo se distingue por una bomba de varilla de unos cuantos metros de alto, mientras que otras bombas actúan en el subsuelo.

La sociedad canadiense Vermilio, con sede en Calgary (Alberta) buscará allí, a 2.000 metros de profundidad, una mezcla de petróleo bruto, agua y gas.

De esta mezcla se separará posteriormente el petróleo en un municipio vecino, para enviarlo a la refinería Total de Grandpuits, en la misma zona, donde se transformará en carburante, queroseno, lubricantes, productos de farmacia o cosméticos.

“Todavía nos queda una decena, quincena o incluso veintena de años de buena actividad, dependerá de los medios de extracción que se adopten”, explicó a la AFP Thierry Oger, responsable de la compañía Vermilion de la explotación Seine-et-Marne, departamento en el que se sitúa Andrezel. En algunos campos, esta podría incluso llegar a 2050 o más tarde.

El grupo canadiense es el primer productor petrolero de Francia, donde desembarcó en 1997, tras haber comprado campos petroleros maduros a Esso o Total.

Situados en las cuencas parisina y de Aquitania (suroeste), producen 12.600 barriles diarios en total. Y reportan ingresos: basta con que un barril de petróleo se venda a 30 dólares para que sea rentable, mientras que los precios evolucionan en torno a los 50 dólares actualmente.

Preparar la transición

En total, en Francia se producen 815.000 toneladas de petróleo al año, es decir, el equivalente a 1% del consumo nacional.

Pero esta actividad está condenada: un proyecto de ley “relativo a la prohibición de la explotación de los hidrocarburos” será presentado por el ministro francés de la Transición Ecológica y Solidaria, Nicolas Hulot, el 6 de septiembre.

El texto prevé que ya no se concedan permisos de exploración ni que se renueven las concesiones de explotación existentes, con el objetivo de acabar con la producción en 2040.

“Para nosotros, como inversores en Francia desde hace 20 años, es verdaderamente inaceptable que un gobierno, de un día para otro, diga ‘lo siento, vuestra actividad va a parar, las concesiones no serán renovadas’”, reaccionó ante la AFP Jean-Pascal Simard, director de relaciones públicas y asuntos gubernamentales de Vermilion en Francia.

Las concesiones se han otorgado por un número limitado de años. Vermilion posee 26 concesiones en Francia, algunas de las cuales expiran a partir de 2019.

“Cuando uno ve el tiempo que lleva explorar, descubrir, invertir, amortizar... tienen que dejarnos un tiempo razonable para preparar nuestra transición”, se quejó.

Además, el texto plantea un desafío financiero para los municipios por el dinero que deja este sector, que da trabajo a 1.500 personas. Vermilion calcula que en 2015 pagó 7,3 millones de euros a las localidades de la región parisina.

En cambio, las asociaciones ecologistas locales se mostraron satisfechas con la señal enviada por el Gobierno. “En el marco de la transición energética, habrá que terminar con, o por lo menos reducir fuertemente, nuestro consumo de energía fósil”, subrayó Jane Buisson, una responsable de Nature Environnement 77.

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