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AFP

En alta mar, "se puede hacer un poco lo que uno quiera y esto es lo que sucede en la práctica", explica una fuente diplomática francesa. "Es la ley de la jungla", afirma Julien Rochette, del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI por sus siglas en francés). 

El futuro acuerdo tiene como objetivo instaurar una gobernanza para territorios de alta mar para proteger la diversidad, amenazada por la contaminación, la pesca, el calentamiento global y la explotación de recursos cada vez más codiciados. 

El desafío es grande. Los territorios de alta mar, a partir de las 200 millas náuticas a partir de la costa, representan la mitad de la superficie del planeta. 

Estas aguas tienen una biodiversidad excepcional, albergando desde numerosas especies de peces a ecosistemas, que son fuente de recursos para industrias como la cosmética o la farmaceútica. 

Los océanos también guardan importantes recursos minerales (nódulos polimetálicos, agregados de cobalto), un patrimonio de la humanidad que corre el riesgo de ser agotado en el futuro. 

Pese a sus 320 artículos, 9 anexos y dos acuerdos, la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, firmado en 1982, "no tiene mecanismos suficientes para garantizar una gestión coordinada en alta mar", recuerda una fuente diplomática.  

"Hay enormes vacíos en la gobernanza de los océanos", señala Richard Page, de la Alianza para Alta Mar, que agrupa a 32 oenegés, entre ellas Greenpeace y WWF, además de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). 

"Varias organizaciones son responsables de la gestión de las diferentes actividades", como la pesca, la navegación, etc., pero "hay zonas de los océanos donde prácticamente no hay ninguna gobernanza", lamenta.

Transferencia de tecnología

De ahí, la idea de este nuevo acuerdo sobre "la conservación y el empleo sostenible de la biodiversidad marina" en alta mar, negociado en el marco de la Convención sobre el Derecho del Mar.

Los negociadores de la ONU intentarán sentar las bases desde el lunes y hasta el 8 de abril.

Entre los más delicados figuran la explotación de los recursos genéticos marinos.

"En la actualidad, no hay reglas, es ‘el primero en llegar, el primero en ser servido‘", explica Julien Rochette. Tres países - EEUU, Alemania y Japón - detentan el 70% de las patentes registradas sobre los organismos marinos.

Los negociadores también hablarán de la instauración de áreas marinas protegidas, "una de las mejores herramientas" de protección, según el biólogo marino Callum Roberts, de la Universidad de York (Reino Unido).

"Menos del 1% de alta mar es parte de un área marina protegida", según la Alianza para la Alta Mar.

También se abordará la creación de "un mecanismo para realizar evaluaciones del impacto (de las actividades humanas) sobre el medio ambiente", precisa Page.

Los países en desarrollo insisten asimismo en la necesidad de transferir tecnología de los países desarrollados.

Esta nueva regulación es aún más urgente si se toma en cuenta una amenaza que podría materializarse pronto: la explotación minera.

"Todavía estamos en la fase de exploración", la explotación "no es aún comercialmente viable" debido al alto costo de la extracción, explica Callum Roberts. Pero, añade, podría serlo en 10 años.

Se espera que los negociadores tengan listo un proyecto de acuerdo para finales de 2017.

Luego, la Asamblea General de la ONU decidirá en 2018 si convoca una conferencia intergubernamental para negociar un acuerdo universal.

En la conferencia sobre el clima de París en diciembre, "logramos actuar para proteger el clima mundial. Ahora tenemos que mostrar la misma energía para proteger los océanos del mundo", destaca Jessica Battle, de WWF International. 

"Ambos son esenciales para el funcionamiento del planeta", añade.

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