El sector azucarero lidera este proyecto en medio de una de las regiones más violentas del país.

El sector azucarero colombiano se ha unido con otras empresas privadas, entidades públicas y organizaciones sin ánimo de lucro, para crear el Fondo Agua por la Vida y la Sostenibilidad (FAVS). Un programa social y ambiental firmado en 2009 que busca proteger y conservar las cuencas hídricas que alimentan el río Cauca en los departamentos del Valle, norte de Cauca y sur de Risaralda (Vea: Cuidar el agua es un buen negocio).

La alerta se disparó cuando vieron que los niveles de escasez de agua en las cuencas de los ríos que se encuentran en la zona de influencia del FAVS superaban el 50 por ciento. Este recurso abastece de agua para el consumo a más de 3,5 millones de personas y cubre un área aproximada de 200.000 hectáreas para riego agrícola. Cifras que dejan al descubierto la importancia de tomar medidas inmediatas para su recuperación y la creación de una figura como el Fondo que propenda por ello.

En uno de sus esfuerzos para mejorar y replicar el impacto del FAVS Asocaña nos invitó al valle geográfico alto del río Cauca para ver de primera mano el trabajo que se viene realizando en la recuperación de los recursos hídricos en esta difícil región del país (Vea: El agua que tiene Colombia).

Para los indígenas Nasa el FAVS ha sido una herramienta de conservación de su territorio.

No es un secreto que las zonas por donde bajan estas aguas han sido azotadas por la violencia durante décadas, lo que ha generado un contraste particular. Por un lado están quienes utilizan las armas para apagar vidas, y por otro lado están quienes utilizan sus herramientas para encenderlas. Todos viven con la razón en las manos, untadas de tierra y sangre sumidos en un conflicto que parece nunca terminar.

A pocos minutos de Cali, subiendo por una difícil trocha sobre las montañas de Palmira, llegamos a la finca de Esteban. Un campesino emprendedor que lleva casi toda su vida, entre balas y semillas, trabajando la tierra que lo vio nacer. Él y su familia se vincularon con el FAVS desde hace años y los resultados saltan a la vista. Este hombre, entre muchas otras cosas, está repoblando sus tierras con comino crespo. Un árbol de madera muy fina y cotizada que antes estaba condenado a la extinción debido a su tala excesiva y su uso irresponsable. Ahora, con su esfuerzo y la colaboración del Fondo, crecen cientos de esta especie por las laderas de las montañas del Valle. “Hasta descubrimos dos variedades nuevas de orquídeas”, dijo el hombre, complacido (Vea: El estrés del agua).

Para enmarcar el escenario donde  estábamos, a pocos metros de la casa de Esteban, se levanta el famoso “Chalet de la muerte”. Una casa de ladrillo a medio construir que fue utilizada por los paramilitares del Magdalena Medio para cometer los más horribles crímenes de guerra. La construcción queda en el borde de la montaña y tiene  uno de los miradores más privilegiados que he visto. Desde allí se observa la inmensidad del Valle del Cauca que se abre imponente bajo las nubes blancas y el cielo azul. Es difícil imaginar que un lugar tan mágico haya sido escenario de innumerables vejámenes. Pero estas son las paradojas de este territorio. Calma, naturaleza y vida, por un lado. Muerte, terror y desesperanza, por el otro.

El día siguiente me tenía nervioso. Nos esperaba un recorrido por una de las zonas más violentas de Colombia. Escalando las montañas del norte de Cauca y donde el poder del Estado se devuelve, pasamos por los pueblos de Santander de Quilichao, Caloto, El Palo, Río Negro y Tacueyó, para finalmente llegar a las estribaciones de Santo Domingo. Un corregimiento de 20 familias ubicado al final del camino y famoso porque allí, el 9 de marzo de 1990, el gobierno del expresidente Virgilio Barco firmó la paz con el M-19.

En este lugar donde la tierra se mezcla con las nubes, crece como pasto el árbol nacional de Colombia: la palma de cera del Quindío. Con sus troncos largos y cabezas despelucadas se desparraman cientos de ellas, como queriendo decir que también son del Cauca. Y así lo creen los Nasa, uno de los cabildos indígenas de la zona que está trabajando en llave con el FAVS por la conservación del medio ambiente.

Después de saludar la laguna en una bonita ceremonia, pasamos a discutir las medidas que han llevado a esta comunidad a mejorar y recuperar sus recursos naturales. Al estar ubicados en las partes más altas del territorio, tienen una gran responsabilidad y deben cuidar de forma especial las zonas de conservación como los páramos, las riberas y los nacimientos de agua, entre otras. Gracias a los recursos, capacitaciones y modelos hidrológicos facilitados por el fondo, los Nasa han aprendido a recuperar los pastos de sus fincas para el ganado y a cultivar la mayoría de los alimentos que complementan su alimentación diaria. El resultado de todos estos esfuerzos ha frenado la necesidad de seguir subiendo por las montañas en busca de tierras nuevas, alterando el frágil ecosistema que allí se encuentra.

El Fondo en Cifras

  • -Más de 7.000 millones de pesos se han gastado entre 2009 y 2014 entre bienes, servicios y efectivo para el cumplimiento del Fondo Agua por la Vida y la Sostenibilidad, según Asocaña.

  • -45 convenios se han cofinanciado.

  • -Cerca de 900 familias se han vinculado directamente y más de 18.000 se han beneficiado indirectamente a través de acueductos veredales.

  • -Alrededor de 7.200 hectáreas están en proceso de conservación y protección para captación y conservación de agua.

  • -1.146 hectáreas de ganadería extensiva reconvertidas a sistemas más amigables con la naturaleza.

  • -1.810 personas capacitadas en el manejo de recursos naturales y producción sostenible. 

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