Las tortugas cavan un nido en el suelo con sus aletas traseras, en el que ponen alrededor de 100 huevos. Después lo cubren con arena, antes de partir de nuevo al oceáno. - AFP
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DW

Una tortuga marina, del tamaño de un neumático, se arrastra lentamente playa arriba, dejando atrás el océano revuelto. Ha encontrado el lugar perfecto para desovar y comienza a cavar un nido. Con sus aletas traseras, como pequeñas palas, excava la arena y la tira fuera, mientras que la luz de la luna se refleja sobre su caparazón.

"Ahora está poniendo alrededor de 100 huevos en el suelo", dice nuestro guía Juan Ochoa, que trae aquí a los turistas, varias veces a la semana. "A veces no cavan lo suficientemente profundo y luego pierden a sus crías por acción de las aves o de los perros", explica Ochoa.

Huevos blancos y lisos caen pesadamente como pelotas de tenis en el nido – un espectáculo que es a la vez fascinante y extraño. Una vez que termina, la tortuga cubre los huevos con arena y desaparece de nuevo entre el oleaje. En poco más de seis semanas, las crías de tortuga comenzarán a arrastrarse fuera de la arena, e igualmente iniciarán su carrera hacia el océano.

Cada temporada de cría, miles de tortugas se acercan a anidar a Playa Escobilla – una playa protegida en el sur de la costa del Pacífico de México, a unos 700 kilómetros de la frontera con Guatemala.
Pero hace tan solo 20 años, se presenciaban escenas muy diferentes aquí. Por aquel entonces, esta zona era el centro de la industria mexicana de caza de tortugas. Cada año, miles de tortugas golfinas, que se acercaban a esta tierra, eran sacrificadas. Los animales eran cazados por su carne, piel y huevos – a los que se les atribuye un efecto afrodisíaco en México.

Inicialmente solía haber alrededor de 900.000 ejemplares al año en la costa. Pero después de décadas de explotación, en 1990 solo quedaban unas 60.000. Una cifra alarmante, que finalmente llevó al gobierno mexicano a poner una prohibición estricta.

Fue un triunfo para el medio ambiente, pero también devastó la cercana localidad de Mazunte, cuyos ingresos dependían casi exclusivamente de la industria de la tortuga marina. No obstante, en los últimos años, Mazunte se ha convertido en un paraíso del ecoturismo – gracias, en gran parte, al esfuerzo de diversas iniciativas cívicas locales y al trabajo de la ONG Ecosolar, con sede en la Ciudad de México.

Un paraíso ambiental

Como turista en esta playa – casi desierta, a excepción de algunos ambientalistas y soldados, que patrullan en busca de cazadores furtivos – hoy en día es difícil imaginar que alguna vez no fuera un paraíso ecológico. Lo mismo ocurre con la localidad de Mazunte.

En el apogeo del comercio de tortugas, el poblado tenía su propio matadero. La playa, ahora inmaculada, no podía ser utilizada por culpa del hedor, el agua contaminada de sangre y la amenaza de tiburones. Pero, hoy en día, casi todo el mundo en Mazunte gana su dinero con el ecoturismo.

Se han construido albergues y pensiones con materiales naturales de la región, respetuosos con el medio ambiente. Muchas mujeres en la ciudad trabajan en una cooperativa que fabrica y vende cosméticos naturales. Esta cooperativa, que fue creada en 1993 por Ecosolar y Anita Roddick, fundadora de la compañía de cosméticos naturales Body Shop, coordinaba como resultado casi todas las actividades de ecoturismo en Mazunte, incluida la formación y la educación ambiental.

Mochileros y turistas holgazanean en la playa o se sumergen en las olas del Pacífico. Un poco más abajo, los pescadores traen su captura a tierra, por la mañana temprano, y preparan sus barcos para las excursiones de la tarde, en las que los turistas avistan delfines, tortugas y peces tropicales; así como manglares, cocodrilos e iguanas – en una laguna cercana de agua dulce.

El Centro Mexicano de la Tortuga, que se estableció en 1991 para la protección de los animales en Playa Escobilla, emplea también a pescadores, que ayudan a encontrar los nidos de tortuga y a trasladarlos a las áreas de incubación. Programas como este proporcionan a los pescadores una fuente alternativa de ingresos y son un aliado importante para los esfuerzos de conservación.

Alternativas

David Mendoza Rodríguez es uno de los muchos pescadores que traen turistas al Centro de la Tortuga para observar a los animales durante la puesta de huevos.

"El trabajo en el turismo y con las tortugas ofrece una vida mejor", dice el pescador de 39 años de edad, que nació en Mazunte y que trabaja desde hace 10 años en el Centro. "Cuando no pescamos, no tenemos nada para comer. Pero el turismo ofrece más seguridad para mi familia y es mejor para el medio ambiente", añade.

De hecho, proyectos de ecoturismo como este han ayudado a reducir la pobreza en Mazunte. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) entre 1999 y 2008, el ingreso promedio de la familia aumentó un 17%, mientras que los hogares obtuvieron acceso a agua corriente y electricidad. Asimismo, también mejoró la dieta local, que además de los alimentos básicos – tortuga, maíz, arroz y frijoles –ahora incluía más carne de vacuno y ave, así como frutas y verduras.

"El ecoturismo ha ayudado a los habitantes de Mazunte, particularmente a través de la creación de puestos de trabajo", dice María José Fernández Aldecua, profesora de la Universidad del Mar, en el Estado de Oaxaca. "Hasta cierto punto, el ecoturismo – o la idea de que Mazunte es un destino ecoturístico – ha ayudado a preservar el medio ambiente natural", explica la investigadora.

No tan verde como parece

A pesar de todos los avances, no todo es tan verde como parece en Mazunte. Según Rodríguez, todavía existen actividades de caza furtiva y mercados que venden huevos de tortuga en Oaxaca. El gobierno ha desplegado vehículos aéreos no tripulados, o drones, para vigilar Playa Escobilla, pero solo tripulan por el día. Y los cazadores furtivos tienen otras estrategias. "Algunos salen a pescar gambas, y si cae alguna tortuga en la red, la abren por la mitad, le quitan los huevos y la tiran muerta de nuevo al agua", explica Rodríguez.

El ecoturismo también ha tenido impactos negativos en la comunidad, por ejemplo, en forma de un aumento de la expansión urbana, de acuerdo a Eduardo Cruz Esquivel, que realiza un doctorado en la Universidad del Mar sobre Mazunte.

El número de turistas se ha disparado igualmente en los últimos cinco años y pone en cuestión la sostenibilidad del sector. La situación se agravó aún más cuando la población local expulsó a la ONG Ecosolar fuera de la ciudad, por razones que aún se desconocen, según cuenta Esquivel.

"Mazunte fue un ejemplo de ecoturismo en las dos primeras décadas, pero perdió su sentido cuando decidieron eliminar a Ecosolar de la comunidad", cuenta Esquivel. Y añade: “ahora trabajan para sí mismos, pero todavía no tienen el conocimiento suficiente sobre el turismo". “Necesitan asesoramiento para organizarse mejor a nivel local y mejorar la participación de la comunidad, ya que han vendido al gobierno y a las empresas privadas sus principales atractivos", aclara Esquivel.

Aún así, parece que de momento las tortugas marinas están lo suficientemente a salvo. Ochoa, inicialmente un abogado de profesión que se mudó de la ciudad de Puebla a Mazunte a ganarse la vida con el turismo, dice que las personas ahora saben que las tortugas son su sustento. Y como tal, están dispuestas a asegurar su supervivencia.

"Sabemos que las tortugas nos ofrecen más oportunidades vivas. Es mejor tener ecoturistas que cazar tortugas, porque si desparecen, no nos queda nada más", concluye el ahora guía.



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