| 2015/06/17

Más allá de la anécdota

La gravedad de los hechos radica en tres frentes: el daño ambiental, el daño a las fuentes hídricas y el descalabro económico.

Río Caunapí (Tumaco)/Archivo Semana
Río Caunapí (Tumaco)/Archivo Semana

Los recientes derrames de petróleo generados por guerrilleros de las Farc en los departamentos de Putumayo, Nariño, y Norte de Santander son uno de los golpes más duros que el grupo insurgente le ha asestado al país en materia medioambiental. (Vea: Los desafíos medioambientales en el postconflicto)

La gravedad de los hechos radica principalmente en tres frentes: el daño ambiental, que es irreparable y que tendrá consecuencias que perdurarán por décadas; el daño a las fuentes hídricas, que pone en peligro la seguridad alimentaria de la población; y el descalabro económico que le produce a la nación atenuar los impactos ambientales.

En lo que va del 2015 las Farc han perpetrado 20 ataques contra oleoductos, pozos, líneas de trasferencia y equipos para la producción, mantenimiento y el transporte de crudo, 16 de esos 20 atentados han ocurrido en las últimas dos semanas. En términos económicos, se estima que las pérdidas económicas ascienden a 5.000 millones de pesos. Además los derramamientos de crudo afectan a cerca de 84.000 personas en Putumayo, Nariño y el Catatumbo.

El derramamiento fraguado en Puerto Asís, Putumayo ya derivó en 9 humedales y cuerpos de agua, y los hechos desencadenados en Tumaco, Nariño provocaron el avance de crudo por los ríos Caunapí y El Rosario, y pese a los esfuerzos por parte de personal calificado en la zona, es cuestión de horas para que la enorme mancha de crudo viaje hasta la bahía de Tumaco hacia el océano Pacifico.

Los animales los más afectados

El Instituto Alexander von Humboldt determinó los siguientes riesgos y consecuencias de los atentados:
 
Los derramamientos inciden de manera directa y letal sobre más de 30 especies de peces, 15 especies de reptiles y 20 de anfibios sufren las consecuencias del crudo en sus ecosistemas cada vez que hay un derrame, como la rana marsupial, la rana de cristal y la babilla, así como tres especies de tortugas de río.

Los derrames también afectan especies animales en riesgo de desaparición como la danta, el armadillo, el manatí y el venado colablanca.

Cuando el crudo llega a los cuerpos de agua, humedales, ríos, lagunas y océanos, es muy difícil que esas aguas algún día queden descontaminadas de la cantidad de químicos que contiene el petróleo.

El crudo afecta el plumaje de todas las aves que habitan o colindan las laderas de los ríos. Al estar cubiertos de pelo, los animales son incapaces de adaptarse a las temperaturas normales y húmedas de las zonas, lo que los lleva a una inmovilidad que les causa una muerte cruel y agónica.

Los animales recién nacidos que utilizan el sentido de la vista para ubicar a su madre como las tortugas y ciertos reptiles, quedan incapaces de hacerlo por la densidad del crudo, lo que los lleva a ser abandonados por sus progenitoras y mueren por falta de alimentación.

Cuando el crudo se impregna en las plumas de las aves, lo primero que hace es que les impide volar, lo que las lleva a morir por algún depredador, cuando no es así, el crudo empieza a afectar el tracto digestivo del animal, causando todo tipo de infecciones en los riñones y el hígado, cambiando el balance metabólico, llevándolos a la deshidratación.

Si el crudo llega a la bahía de Tumaco, todos los habitantes del Océano Pacífico en estas zonas se verán afectados significativamente, las focas, leones marinos, cardúmenes de peces y hasta las ballenas jorobadas que vienen a parir sus ballenatos a estas aguas, desarrollarán enfermedades de la piel, lo que las llevará a problemas en la adaptación y podrán morir de hipotermia.

Mientras personal calificado intenta reducir el impacto, las consecuencias negativas de estos ataques durarán varias décadas.

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