El consumo de carne de animales salvajes como los gorilas y otros animales salvajes que viven en la selva africana puede dar lugar a la transmisión de enfermedades.
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DW

Cuando el icono de la música Sting defendió la grave situación de los indígenas Kayapó para salvar la selva tropical brasileña, atrajo la atención suficiente para ayudar a empujar a los ecologistas, los líderes de las comunidades y los responsables políticos a diseñar una norma internacional que fomentaría las mejores prácticas para las empresas forestales. (Vea: Los guerreros Kayapó luchan por sus tierras)

Los esfuerzos del músico británico junto con el fracaso de la Cumbre de la Tierra de 1992 en Rio de Janeiro, Brasil, para producir un acuerdo para terminar con la deforestación llevaron a este grupo variopinto a formar el Consejo de Administración Forestal (FSC, por sus siglas en inglés), con el objetivo de promover la gestión responsable de los bosques mundiales.

Veintitrés años después, el FSC certifica más de 187 millones de hectáreas de árboles en más de 80 países, salvaguardando los recursos hídricos y la fauna, abordando el cambio climático y promoviendo la sostenibilidad de las operaciones forestales.

Pero las regulaciones del FSC también pueden tener un lado de efecto secundario inesperado: prevenir la propagación de enfermedades.

Éxito inesperado

Hasta ahora, el crecimiento de la organización ha sido impulsado, en gran parte, por la demanda creciente de los consumidores de productos éticos. Actualmente, grandes actores como el gigante sueco de muebles IKEA y la empresa de embalaje Tetra Pack, utilizan la madera certificada del FSC.

Teniendo en cuenta esta tendencia, las empresas forestales de alrededor del mundo están ansiosas de conseguir el estatus de certificación con el que ganarán un acceso más fácil a los mercados occidentales.

“No creo que nadie hubiera pensado que en 20 años tendríamos el 12 por ciento del comercio forestal mundial”, dice Kim Carstensen, Director General del FSC, sobre el desarrollo del FSC.

Sin embargo, tener el 12 por ciento de la cuota de mercado significa que todavía el 88 por ciento de la madera registrada en el mundo proviene de fuentes de las que no puede verificarse el origen para incluir fuertes normas medioambientales y laborales. Además, incluso entre las empresas certificadas, es difícil asegurar que esos estándares se cumplen siempre.

En ningún lado, ambos problemas son más evidentes que en la República del Congo.

Caos en el Congo

La mayoría de los bosques están abiertos a la explotación forestal, dicen los ecologistas. El país de África central ha hecho concesiones a 25 empresas forestales, las cuales ejercen el control de más del 66 por ciento de la tierra del país. Sólo dos de esas empresas, ambas de propiedad europea, están certificadas por el FSC.

“La selva salvaje de África central es un mito. Toda la tierra ha sido dada fuera”, dice Tim Rayden, asesor técnico de la Sociedad de Conservación de la Fauna (miembro de FSC) basado en Brazzaville, la capital de la República del Congo.

El bosque congoleño es la segunda mayor selva tropical del mundo, y los guardas forestales con recursos escasos luchan para mantener un ojo sobre las empresas que operan en las áreas vastas.

Cuando el almuerzo te puede enfermar

Además del monitoreo, en los 500 millones de acres, la inmensidad del tamaño de los bosques crea otro problema para los trabajadores: dónde van a comer.

Las empresas certificadas por el FSC dan a sus empleados acceso a comida subvencionada de la tienda de la empresa- pero Rayden, que monitorea regularmente los bosques de las dos solas empresas certificadas, dice que las firmas de propiedad china y malasia que operan en el sur y el noreste de las regiones de la República del Congo a menudo dejan a los trabajadores a su suerte, a pesar de la presión de sus gobiernos.

“El mismo gobierno chino está intentando empujar a las empresas a cumplir con los estándares mínimos”, dice Rayden. “Tiene algunas políticas en el sitio, pero no hemos visto mucho impacto de esas políticas sobre el terreno”.

Y “sobre el terreno” están los trabajadores en el medio de la selva comiendo carne de animales salvajes

Esto no sólo amenaza la biodiversidad de este ecosistema frágil, en el que viven 10.000 plantas y más de 400 especies de mamíferos, incluyendo chimpancés, sino que también incrementa la probabilidad de que los trabajadores contraigan algunas enfermedades infecciosas.

Además del importante virus del Ebola, también constituyen un riesgo el sarampión, la varicela, la tuberculosis, la rabia, la fiebre amarilla y otras.

La biodiversidad ayuda a prevenir las enfermedades

La ropa de protección presenta una historia parecida. Mientras que los empleados de las empresas certificadas por el FSC están obligados a equiparse adecuadamente, Rayden dice que los guardas forestales hacen la vista gorda si los trabajadores de madera de otras empresas no están vestidos como deberían para el trabajo.

Y eso puede dejarlos expuestos a las enfermedades portadores de los mosquitos, particularmente cuando trabajan en lo que se conoce como bosques secundarios- o áreas que han crecido después de una tala o un incendio.

“En los países dónde tomamos muestras de bosques secundarios, realmente encontramos un más alto número de mosquitos”, dijo Marco Marklewitz. Es estudiante de doctorado del Instituto de Virología del Centro Médico de la Universidad de Bonn, y parte de un grupo que está investigando el efecto del cambio de hábitat de los virus emergentes en los bosques.

Marklewitz observó que la densidad del mosquito en los bosques secundarios era dos veces mayor que en los bosques intactos – aunque la diversidad entre los insectos problemáticos era menor. La investigación sugiere que esas condiciones pueden conducir al llamado “efecto de disolución” que plantea la hipótesis que a menor diversidad en las especies huéspedes puede llevar a unos mayores índices de infección y enfermedad.

Teniendo en cuenta la gama de enfermedades infecciosas peligrosas que pueden encontrarse en la región, esto es particularmente preocupante. No sólo el problema de la malaria, desde hace tiempo, sino también el virus del zika, que ha sido recientemente noticia debido a su propagación repentina y rápida.

El virus- que se cree que está vinculado con dos trastornos neurológicos, el síndrome Guillain-Barré y el defecto de nacimiento microcefalia- fue aislado en primer lugar en Uganda, y desde entonces se ha propagado a 30 países, con Brasil en el centro del brote.

Por lo tanto, mientras que la motivación del Consejo de Administración Forestal debe ser la protección de los bosques, resulta que la gestión forestal responsable y sostenible también puede recorrer un largo camino en la protección de las enfermedades de las personas.

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