Luz Helena Sarmiento, ministra de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.

A Luz Helena Sarmiento le dicen la generala. Su carácter recio y su temple de santandereana le han hecho ganarse ese apodo. Siempre está en los rankings de las mujeres más poderosas del país, y sin embargo, pocos colombianos saben que ha sido la responsable que el deseo de extraer las riquezas del subsuelo no se lleva a su paso la inmensa biodiversidad que hay encima.

Sarmiento llegó al gobierno a ocupar un cargo tan de bajo perfil como estratégico: la oficina de licencias ambientales del ministerio de Ambiente, que luego se convirtió en la Anla (Autoridad Nacional de Licencias Ambientales). Por su trabajo en esa entidad, en el último cambio de gabinete, el presidente Santos la ascendió a ministra de Ambiente.

A la Anla llegó diciendo que no pensaba recibir a ningún empresario ni minero, ni petrolero.  En la primera semana se calculaba en el ministerio que había recibido más de 70 invitaciones. A todas les dijo que no. El interés por la directora de la Anla era estratégico. Ella fue la encargada los primeros tres años del gobierno Santos en negar o aprobar los mega proyectos del país. Toda gran carretera, mina o pozo petrolero que se haga en Colombia tiene que contar con la aprobación de esa oficina. Se calcula que las inversiones que pasan por ahí pueden ser del orden de los 49.000 millones de dólares, de aquí a 2015.

Y a los mineros no les fue bien con ella. Sarmiento no autorizó, por ejemplo, la expansión que la misma Drummond, Prodeco, Vale y CNR tenían en el César con la cual pensaban aumentar su producción aproximadamente en un 50 por ciento. Las empresas no habían cumplido con los planes de manejo necesarios para impedir la contaminación que producía la gigantesca operación en el aire que respiraban las comunidades vecinas.

Los petroleros tenían quejas similares. Este año acusaron en múltiples oportunidades a las licencias ambientales de ser las responsables de que Colombia no cumpliera la meta de llegar a un millón de barriles. “Me sorprendió que para ellos estamos al mismo nivel de la guerrilla. Les preguntan por qué no han llegado al millón de barriles y responden que por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales y por las Farc. Pero no reconocen que gran parte de eso se debe a que casi la mitad entrega estudios ambientales incompletos o con deficiencias”, dijo en su momento Sarmiento en una entrevista en Semana.

Sarmiento cuenta a veces entre chiste que tiene pocos fans. Por cuenta de su rigidez en el otorgamiento de licencias, los empresarios la consideran una funcionaria radical en su deseo por proteger el ambiente. Los ecologistas tampoco la cuentan entre sus filas pues trabajó en el pasado en Ecopetrol y el Cerrejón. El ex ministro de Ambiente, Manuel Rodriguez lamentó que no hubieran nombrado “a una ambientalista a carta cabal”.

¿Quién es ella?

A uno de sus exjefes le han oído decir que Sarmiento es "un cerebro repatriado". Antes de volver a Colombia vivía muy cómoda en Washington, donde trabajó cuatro años en la Unidad de Salvaguardas Ambientales del BID. Es decir, daba el aval en materia de medio ambiente para préstamos de millones de dólares.

Hasta allí llegó luego de una exitosa carrera como técnica. Combinó su grado como geóloga de la UIS con una especialización en resolución de conflictos. Y con esas dos herramientas se metió a trabajar en zonas difíciles como el Magdalena Medio, con Ecopetrol, y La Guajira, con El Cerrejón. Gracias a su labor El Cerrejón saltó en un solo año de ocupar uno de los últimos puestos en materia ambiental a uno de los primeros entre las 100 operaciones de BHP Billiton en el mundo.

Su carácter franco y con temple hizo que se ganara el aprecio de las comunidades y el respeto de actores armados, lo cual le sirvió para lograr la liberación de trabajadores secuestrados. En una ocasión, Luz Helena tenía que ir a decirle a un jefe guerrillero que la empresa no iba a pagar rescate. Ella salió de su casa pensando que no volvería a ver su hija de seis meses. Empacó una biografía de Gandhi y en la primera página escribió: "Todas las luchas son respetables, pero hay unas que hacen más bien que otras". Le entregó el libro al guerrillero y este le respondió que por tener la valentía de ir al monte a decirle las cosas en la cara le iba a respetar la vida.

Por su experiencia en el manejo de proyectos de cuantiosos recursos, Luis Alberto Moreno, presidente del BID sugirió su nombre a Juan Manuel Santos. A pesar de que significaba una rebaja significativa de salario decidió medírsele. Cuando la nombraron dijo que su gran ventaja es que  "no espero que una petrolera ni una empresa de minería me contrate".

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