El mercado de la madera tiene dos caras, por un lado está la legal que se hace con unas condiciones específicas y técnicas como la plantación de árboles para producción, cuidado de suelo cultivable, reforestación de bosques, tala de árboles cuando están en decaimiento, entre otras; de otro lado, está la tala y comercio ilegal de madera, una actividad que está mediada por la destrucción y la deforestación, pues solo busca ganancias sin pensar en el daño ambiental.

Para combatir el mercado ilegal la Unión Europea aprobó en 2010 una ley que prohíbe la presencia de madera de origen ilegal en su territorio, esta norma se concentra en mitigar la entrada del recurso ilícito proveniente en su mayoría del continente africano. Además, busca acabar con la competencia desleal entre quienes trafican madera de forma fraudulenta y sin regulación alguna.

Sin embargo, Colombia está desprovista de una legislación similar por lo que el mercado ilegal de madera crece cada vez más. Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) el 43% de la materia prima que se utiliza en el país proviene de la ilegalidad, mientras que desde el Fondo Mundial para la Naturaleza en Colombia (WWF por sus siglas en inglés) se afirma que es el 75%. Factor que junto a la minería y la erradicación de cultivos ilícitos generan la pérdida de 48.000 hectáreas de bosque al año (poco más que la extensión de Bogotá).

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Asimismo, el área de Protección Ambiental y Ecológica de la Policía Nacional estima que hay bandas organizadas y grupos armados ilegales, los cuales trafican con especies en vía de extinción como los cedros negros y la palma colombiana, que en el mercado negro son tan valiosos como el oro. Además confirman que los operativos realizados en contra de esas organizaciones criminales arrojaron el decomiso de más de 273.000 metros cúbicos de madera entre 2012 y 2014.

Y es que la gran diferencia entre el mercado ilícito y el legal es monetaria, porque mientras una carga pequeña de madera legal puede costar 700.000 pesos, una ilegal en las mismas condiciones valdrá 400.000 pesos, precio que se hace más atractivo para los pequeños comerciantes quienes no cuestionan la procedencia. No obstante, las empresas deben verificar el origen de la materia prima y comprar solamente la que sea legal, lo que marca el inicio de la competencia desleal.

Para Rocío Revueltas, Ingeniera Forestal de la Federación Nacional de Industriales de la Madera (Fedemaderas), el mercado formal está perdiendo terreno en materia económica porque “la madera legal genera costos de cumplimiento, de legislación, mientras que la ilegal no, entonces la que proviene de forma ilícita entra a competir con menores costos”, aunque la calidad es similar.

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Mientras que Alejandra Ospitia, directora ejecutiva de Fedemaderas, asegura que “los empresarios dijeron a las comunidades que trabajan legalmente en la primera fase de producción,  que de implementar sistemas de secado y corte, la madera puede valer de 10 a 50 veces más por metro cúbico”, ya que al recibir la madera seca y dimensionada las empresas ahorrarían costos de producción, transporte, el proceso de manufactura sería más corto, generarían menos residuos y eventualmente tendrían menos emisiones. Además se crearían más empleos en las regiones para esas mismas colectividades y se ampliaría su oferta.

Sin embargo, la industria legal debe luchar contra su imagen negativa que se debe, entre otras razones, a la concepción errónea por parte de la gente que piensa que la no utilización de artículos derivados de la madera ayuda a salvar árboles y no es así. Por ejemplo, para la elaboración de productos como papel existen cultivos de Pino y Eucalipto los cuales permiten preservar bosques naturales.

De igual manera, con el programa Colombia Siembra se ha logrado el reverdecimiento de 20.366 hectáreas al año, con un total de 511.600 hectáreas sembradas hasta 2016, y se espera que con la implementación del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc se les preste mayor atención a las zonas rurales y las áreas boscosas para preservar la flora nativa y conservar los ecosistemas que dependan de esta.

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Inclusión de la mujer en un mercado masculino

Cuando se piensa en la cadena de distribución de la madera indudablemente hay perfiles de trabajo que son exclusivos del hombre como las tareas de tala y carga. Pero gracias a un piloto patrocinado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) esta situación está tomando otro rumbo.

31 empresas del sector incorporaron el principio de legalidad en el uso de la madera y de sus 1.518 trabajadores 320 son mujeres. Según los líderes de la iniciativa el trabajo con equidad de género hace referencia a que todos tengan los mismos ingresos, las mismas oportunidades, y la misma capacitación.

“La mujer ha sido relegada, pero las empresas están identificando espacios donde sean más productivas que los hombres, como las que requieren de motricidad fina o las que tienen que ver con recursos humanos”, afirma Rocío Revueltas. Así las áreas que más mujeres están recibiendo son las relacionadas con seguridad social, salud en el trabajo, contabilidad y manufactura.

Adicionalmente, desde la industria maderera creen que falta una campaña dirigida al consumidor final en la que se le invite a comprar únicamente artículos que tengan el sello FSC (Forest Stewardship Council). Aseguran que de esa manera se puede combatir la oferta informal, se aporta al cuidado de los bosques nativos y se asegura que los ingresos vayan directamente a las comunidades que viven formalmente de esta actividad.

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