Por: Alexa Eunoé Vélez Zuazo - Mongabay Latam

Fue en dos parques nacionales de México y Honduras donde fue descubierta esta nueva especie de mantis religiosa desconocida hasta hoy para la ciencia. El grupo de investigadores que la encontró la nombró Hondurantemna chespiritoi, en alusión a uno de los lugares donde fue observada por primera vez y también como un homenaje al famoso comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños, más conocido como “Chespirito”.

En el artículo científico, publicado en junio de 2017, los autores explican la denominación de esta nueva especie con el siguiente fragmento: “Chespirito creó y retrató varios personajes apreciados en toda América Latina, entre ellos “El Chavo del Ocho” y “El Chapulín Colorado”, este último una especie de superhéroe cuyo atuendo fue inspirado por saltamontes o chapulines”.

“Es una práctica relativamente común homenajear a personajes prominentes a través de nombres científicos. Este es un homenaje que hacemos a ‘Chespirito’ por todos los gratos momentos que estoy seguro muchos hemos disfrutado gracias a sus anacrónicas ocurrencias. Creo que nombrar un insecto por ‘Chespirito’ también es apropiado, ya que uno de sus personajes, el icónico ‘Chapulin colorado’, estaba inspirado justamente en un insecto (saltamontes)”, explicó Julio Rivera, uno de los coautores de la investigación.

Más allá de lo anecdótico, los biólogos Henrique Rodrigues (Brasil), Neil Reid (Irlanda del norte), Gavin J. Svenson (Estados Unidos) y Julio Rivera (Perú) trabajaron con especímenes provenientes del Parque Nacional Cusuco de Honduras y del Parque Nacional Lagunas de Monte Bello en México.

Hondurantemna chespiritoi. Foto: Andrew Snyder.

Uno de los detalles que más llamó la atención de los investigadores fue el tamaño de la Hondurantemna chespiritoi, no precisamente porque sea la más grande de su género, sino porque las de mayor longitud siempre son las primeras en ser descubiertas.

Algunos de los especímenes recolectados fueron sometidos a un análisis filogenético a partir de los datos moleculares y a un estudio morfológico, lo que los llevó a ubicar a esta nueva especie dentro de las Antemninae, una subfamilia de las mantis religiosas.

Uno de los aportes de esta investigación es que no solo se ha descrito una nueva especie, sino que se ha descubierto un nuevo género. Antes de este hallazgo, solo existía la mantis Antemna rapax dentro de la subfamilia de las Antemninae. “La metodología de Rodrigues (uno de los autores) permitió clasificar la especie como miembro de los Antemninae, un grupo de mantis religiosas muy raro y de origen centroamericano, hasta el momento representado por una única especie: Antemna rapax. Este es quizá el aspecto más interesante de este descubrimiento ya que H. chespiritoi viene a ser la segunda especie de Antemninae descubierta en 140 años, es decir, desde el descubrimiento de la Antemna rapax en 1877”, explicó Rivera, biólogo y Doctor en Ecología y Biología Evolutiva por la Universidad de Toronto

A lo largo de la investigación, los científicos analizaron adultos (machos y hembras), así como juveniles o inmaduros, conocidos técnicamente como “ninfas”.

Especímenes vivos de Hondurantemna chespiritoi. A-C ninfa hembras D-F hembras adultas. La hembra en F está mostrando la exhibición deimatic. Fotos: A-B de Andrew Snyder, C-F de Ethan Staats.

Los expertos han podido establecer algunas de las características más representativas de la Hondurantemna chespiritoi. Los machos, por ejemplo, tienen ojos redondeados, una coloración color pardo, son más esbeltos, sus alas son delgadas y pueden usarlas para volar.

En el caso de las hembras, son de color verde intenso, poseen un cuerpo robusto y el abdomen dilatado, las alas anteriores tienen la forma de una hoja y sus patas tienen lóbulos.

Un dato interesante establecido durante la investigación de este insecto, bastante popular porque en raras ocasiones la hembra puede comerse al macho, es que existen diferencias en la estrategia de cripsis o camuflaje que pone en práctica la mantis religiosa recientemente descubierta.

Las hembras, por ejemplo, son las únicas que cambian de color en el proceso de desarrollo, básicamente, porque al llegar a la adultez y al convertirse en madres, los huevos que cargan generan un ensanchamiento natural de su abdomen y hace imposible el camuflaje en una pequeña rama. Por eso adquieren una coloración verde claro, porque les es más sencillo mimetizarse con las hojas de las plantas.

“Su coloración predominantemente verde aumentaría adicionalmente el efecto críptico (camuflaje) mezclándose dentro de la vegetación fuertemente verde. Estas características ayudarían a las hembras adultas a parecerse a las hojas como su estrategia críptica central, a diferencia de los machos adultos, que conservan la misma estrategia críptica de las ninfas”, se especifica en el artículo.

Hondurantemna chespiritoi. Foto: Ethan Staats.

Así lo confirmó Rivera, quien sostuvo que “basta observar las alas anteriores de las hembras para darse una idea, prácticamente idénticas a hojas verdes con nervadura y todo, y que convenientemente ocultan el voluminoso abdomen por completo, haciéndolo menos visible a los depredadores”.

Fue durante los minuciosos estudios realizados por el equipo de investigadores, en el Museo de Historia Natural de Cleveland (Estados Unidos), que se llegó a diferenciar cómo estos insectos se van transformando en su camino a la adultez. “En resumen, los juveniles de ambos sexos son morfológicamente similares, pero, a medida que crecen, los machos y las hembras van alterando su morfología respectiva para adaptarse al rol que cada sexo cumple en la reproducción de la especie y posiblemente también al hábitat preferido por cada uno, una vez que alcanzan el estado adulto”, sostuvo Rivera.

Características de su hábitat

Se sabe hasta hoy que la Hondurantemna chespiritoi habita dos áreas naturales protegidas de México y Honduras. Julio Rivera narró que el primer ejemplar fue hallado en el 2012 en la colección del Museo de Historia Natural de Paris, un espécimen hembra proveniente de Honduras que había permanecido durante varios años sin ser identificada. A pesar que todo indicaba que se trataba de una nueva especie, hacía falta un macho y otros ejemplares para poder confirmar el hallazgo. Fue cuando por un “golpe de suerte”, como lo califica Rivera, el biólogo Gavin Svenson encontró un macho en la colección de la Academia de Ciencias de California. Esta vez la mantis provenía de México.

“Nuevos ejemplares fueron hallados poco después, esta vez de ambos sexos, en un lote de mantis religiosas remitidos a Svenson por Neil Reid (parte del grupo de investigadores) para identificación y provenientes del Parque Nacional Cusuco, en Honduras. Henrique Rodrigues, estudiante doctoral de Svenson, asumió el reto de resolver el enigma de la identidad de esta mantis misteriosa usando el material reunido a punta de golpes de suerte. Implementando métodos genéticos Rodrigues logró demostrar que, a pesar de las diferencias morfológicas, los ejemplares machos y hembras correspondían a la misma especie, y que efectivamente se trataba de una nueva especie y también de un género nuevo, haciendo el descubrimiento aún más notable.”, explicó con entusiasmo el biólogo.

Rivera explicó que este insecto de la familia Mantidae, prefiere vivir en hábitats donde existen bosques de pino-encino, “que son parte de un ecosistema mayor conocido como ‘bosques de coníferas tropicales y subtropicales’, donde las coníferas son especies dominantes. Estos son ecosistemas de montaña restringidos a Centroamérica y al sur de México”.

Precisamente el individuo recolectado en México fue hallado en el Parque Nacional Laguna de Montebello, ubicada en el Estado de Chiapas, México. Esta área protegida que se extiende a lo largo de 6500 hectáreas, posee precisamente un bosque de pino-encino situado en un terreno bastante accidentado.

En el caso de Honduras, los especímenes fueron observados en la Sierra del Merendón, que es una cordillera que vas desde el noroeste de Honduras hasta el sureste de Guatemala. Esta región biodiversa alberga bosques secos de tierras bajas tropicales, bosques húmedos tropicales, bosques nubosos montanos y bosques “enanos”. El Parque Nacional Cusuco, que pertenece a la Sierra del Meredón y donde fueron recolectadas las mantis religiosas, mide más de 23 440 hectáreas. Allí se encontraron los Hondurantemna chespiritoi juveniles, escondidos en los pequeños claros de la vegetación.

Importancia para la ciencia

El descubrimiento y estudio de la Hondurantemna chespiritoi ha abierto nuevas puertas para conocer mejor la formación y el desarrollo de las mantis religiosas. Los análisis filogenéticos a partir de datos moleculares y los estudios morfológicos han demostrado que es necesario realizar investigaciones más exhaustivas para mejorar la clasificación de las mantis religiosas en general.

Como señala la publicación, se ha demostrado “la importancia de describir todas las etapas de la vida y ambos sexos siempre que sea posible, para prevenir la identificación errónea de especímenes conspécificos y traer a la luz la historia natural de la especie.”

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