El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida) es una institución de crédito que, desde el sistema de las Naciones Unidas, financia proyectos rurales en países de ingresos bajos y medios. Semana Sostenible entrevistó a la directora de su División de Ambiente y Clima, la colombiana Margarita Astrálaga.

SEMANA SOSTENIBLE: El Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida), busca que la adaptación al cambio climático esté presente en todos los proyectos del Fida ¿Por qué?

MARGARITA ASTRÁLAGA: Está comprobado que los riesgos del cambio climático para el sector agropecuario son gigantescos. Como el Fida es un banco que presta dinero, necesitamos que nos devuelvan lo que prestamos. No incluir esa variable a la hora de evaluar cómo asignamos el dinero hace que la gente termine más pobre por una razón sencilla: nosotros le damos el crédito al gobierno, el gobierno les da un crédito a los pequeños agricultores y ellos, al perder sus cosechas por no saber sobre Cambio Climático, no tienen cómo pagarlo.

S.S.: Hoy, Colombia pasa por una sequía intensa que ha afectado los cultivos y ha hecho que el precio de los alimentos esté por los cielos. ¿Cómo enfrentar la crisis?

M.A.: Es fundamental que las innovaciones y análisis científicos sean parte de la solución. Nosotros, por ejemplo, estamos promoviendo semillas de arroz más tolerantes a la sequía. Si no tuviéramos un instituto o institutos en el mundo que estuvieran investigando estas semillas a diario—como el Ciat en Colombia—, no podríamos ofrecer soluciones efectivas. Hay semillas de todo tipo: las de inundación que soportan mucha agua, las de salinidad y las de sequía. Todas diseñadas para sembrar inteligentemente. (Vea: Agricultura orgánica: ayudando al medio ambiente gracias a la comunidad)

S.S.: ¿Puede dar otro ejemplo de siembra inteligente?

M.A.: Un buen ejemplo es la agricultura de conservación. Para hacer ese tipo de agricultura lo que hacemos es producir plantas que generen mucho follaje. Los campesinos cortan las hojas del follaje y con ellas cubren cada pedazo de cultivo que no tiene semillas. Las hojas protegen el suelo del sol, el agua y van produciendo humus. Eso permite recuperar zonas que sufren de salinidad, por ejemplo.

S.S.: Colombia ha basado su desarrollo en los combustibles fósiles. ¿Ve posible que deje de depender de ellos e, incluso, de las hidroeléctricas que necesitan agua para funcionar?

M.A.: Cuando llegué a Panamá a dirigir el Pnuma le dije al gobierno que el mayor error era depender de las hidroeléctricas porque si llegaba una sequía tendrían que elegir entre el Canal de Panamá, darle agua a su gente y usar el aire acondicionado. Como nunca habían vivido algo así la respuesta fue el escepticismo Al año siguiente seguí con mi discurso y les advertí que la matriz energética tenía que diversificarse para evitar los riesgos.

Finalmente, vino la sequía y comenzaron las restricciones. Cuando acabó el verano se pasó la ley de diversificación de la matriz, inmediatamente llegó inversión extranjera y ahora Panamá está invirtiendo en grandes proyectos de energía solar y otros tipos de energías alternativas. Esto va a que para superar las crisis de energía hay que cambiar la ley, hay que diversificar. No solo para sobrevivir, sino porque es un buen negocio. En La Guajira, por ejemplo, haría lo que acaban de hacer en el norte de África: granjas solares para exportar energía a Europa. Mientras tanto, nosotros desaprovechando un desierto que recibe sol 12 horas al día, 12 meses del año. (Vea: El minúsculo país que da lecciones sobre agricultura ecológica)

S.S.: Una de las grandes preguntas que se hacen los gobiernos es cómo vamos a alimentar a más de 10.000 millones de personas en 20 o 30 años. ¿Lo ve usted posible?

M.A.: En este momento el mundo produce suficiente comida para alimentar a todos sus habitantes pero, como todos sabemos, eso no está pasando. En parte por el desperdicio y en parte por la pérdida de la comida que se produce. Los países en desarrollo perdemos la comida porque no manejamos bien la colecta, el almacenamiento y la distribución.

S.S.: ¿Por qué los subsidios individuales para la agricultura no han servido en Colombia?

M.A.: Si no logramos trabajar en comunidad nunca vamos a poder avanzar. Son las cooperativas las que fijan los precios, las que negocian, las que tiene voz. Los individuos no tienen voz a menos que sean políticos y estén en las capitales. En las zonas rurales la única forma es crear y trabajar en cooperativa para poder acceder a crédito, tener personería jurídica. ¿Cómo un individuo accede a un crédito si no tiene historia crediticia? Es ilógico, por ejemplo, darle un tractor a cada uno. Es más fácil dar algunos y que haya administradores y crear un fondo de mantenimiento del tractor. Así, con esa idea de emprendimiento, se logran cosas.

S.S.: ¿Cree que en un posible escenario de posconflicto paz y medioambiente pueden convivir?

M.A.: Sería absurdo que nosotros destruyéramos el patrimonio que nos queda, que es el patrimonio de todos, para alcanzar una solución que tiene que ser analizada, estratégica. En Inglaterra, debido a la exportación del Cerrejón desde Colombia, todas las compañías mineras murieron porque comenzamos a exportar un carbón de mejor calidad y más barato. ¿Qué hicieron? Crearon una estrategia para reinsertar a los mineros en la economía e hicieron un proceso sociológico y antropológico. Reeducaron a los mineros, entendieron sus habilidades y fortalezas y en qué área podrían trabajar. Hoy, esa zona del país es un boom de desarrollo porque se crearon empresas y trabajos nuevos, más no a costa de los recursos naturales, sino de la creatividad y la innovación.

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