Comenzó la Feria de las Flores en Medellín y esta fiesta además de mostrar la hermosura de las diferentes variedades que existen en el país, recuerda que Colombia es uno de los mayores productores del mundo.

En el 2016 Colombia exportó más de 225.000 toneladas de flores, que representan más de 1.100 millones de dólares en ventas, siendo el índice de producción más alto de los últimos nueve años. Uno de los datos más representativos del sector es que casi toda su producción se dirige a solo tres días del año. Un informe de Procolombia en 2015 reveló que la Navidad tiene un 30% de participación en las ventas del año, mientras que el Día de la Madre tiene el 25% y San Valentín (14 de febrero) el 20%.

Otro dato interesante es que solo dos departamentos del país concentran el 98% de la producción de flores. El Instituto Nacional Agropecuario (ICA) asegura que Cundinamarca produce el 69% y Antioquia el 29%, mientras que el 2% restante se reparte en los departamentos de Risaralda, Caldas, Quindío, Boyacá, Cauca y Valle del Cauca.

A pesar de esto el sector floricultor enfrenta dos grandes retos: el cambio climático y la disminución de mano de obra en los cultivos, los cuales amenazan el sostenimiento de este nicho de la economía nacional.

La variabilidad del clima trae consecuencias fitosanitarias, de productividad y de calidad para los cultivos de flores. “Cuando hace demasiado frío (heladas) las flores no germinan y, por el contrario, en épocas de calor intenso los botones florales son pequeños. Adicionalmente, bajo estas condiciones, los cultivos se ven expuestos a blancos biológicos, plagas y enfermedades que podrían afectar drásticamente su producción”, comenta Carlos Andrés Plazas, agrónomo de Syngenta.

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Las flores son un producto muy delicado y si se suma la incertidumbre que generan los efectos del cambio climático, el sector puede dejar de ser atractivo para los trabajadores. De acuerdo con Asocolflores, cerca de 600.000 personas dependen del sector floricultor, donde el 65% de los trabajadores son mujeres y 64% de ellas son madres cabezas de familia. Sin embargo, en el primer semestre del año, hubo un 10% de déficit de personal en la temporada alta de producción de flores, San Valentín en febrero y Día de la Madre en mayo.

“Este año empeoró la rotación y ausencia de personal, lo cual es preocupante puesto que hubo una alta producción y demanda de flores. Por ejemplo, en tan solo una finca de 21 hectáreas de Guasca, Cundinamarca, para el Día de la Madre se cosecharon 900.000 rosas”, comenta Plazas.

Muchas fincas intentan combatir este fenómeno, otorgándoles bonificaciones a sus colaboradores. Asimismo, cada vez tienen que ser más rigurosas para garantizar que durante el proceso de siembra se respeten las normas que propenden por el cuidado de los recursos naturales: agua, tierra, aire, y hasta de su propia salud.

El sector floricultor exige una normatividad medioambiental rigurosa, la cual ordena cumplir con los requisitos de salud ocupacional, conocer los productos para la protección de sus cultivos, que utilizan a diario (dosis o cantidad a aplicar en la siembra), y saber cómo usarlos correctamente. Sin embargo, esto no será suficiente si no se trabaja en la mitigación de los efectos del cambio climático, muchos de los cuales aún resultan impredecibles. Sin duda, una tarea difícil.

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