En Lausitz, Alemania, 18 minas de carbón arrasaron el terreno. Allí se creó la zona de lagos artificales más grande de Europa.

La vista es desoladora. Los destrozos que ha causado la minería ilegal en el departamento del Cauca dejaron tras de sí un paisaje apocalíptico. La frondosa vegetación desapareció así como el río Sambingo, uno de los principales afluentes del Pacífico colombiano cuyas aguas quedaron contaminadas con toneladas de mercurio utilizadas para separar el oro.

Pero no solo la minería ilegal o criminal tienen impacto en el medioambiente. Cualquier proceso de extracción de materias primas deja una huella en la naturaleza muy difícil de borrar. Gigantescos huecos o cráteres, montañas que desaparecen y ríos contaminados son unos de los saldos de la explotación de carbón, hierro, níquel y oro.

Sin embargo, no todo está perdido. Por el contrario, varias naciones desarrolladas han creado proyectos de gran impacto económico, social y ecológico para recuperar terrenos afectados por décadas de extracción minera. De eso es testigo directo el alemán Karsten Feucht, un ingeniero que se ha dedicado a trabajar en diversos proyectos para recuperar zonas afectadas por la explotación de recursos naturales.

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“La decisión de un país no debe ser si hay o no minería, sino cómo se hace. El mundo depende de la extracción de materias primas que se utilizan para fabricar todo lo imaginable, desde aviones hasta celulares”, dice Feucht, quien sostiene que es inevitable que esa industria siga adelante ya que no se puede volver a la época de las cavernas.

En diálogo con Semana Sostenible, insistió en que si bien cada caso es muy particular porque depende de dónde se hace la explotación minera y cuánto se va a afectar el entorno, lo más importante es que los gobiernos pongan en marcha políticas muy estrictas para que se afecte lo menos posible el medioambiente. “No hay minería sustentable, todo impacta el medioambiente”, dice el experto alemán. Además, sostiene que precisamente por eso hay que definir planes de largo plazo para que cuando se cierre una mina se recuperen los terrenos y se les brinden alternativas económicas a los habitantes de la región afectada.

Feucht estuvo en Colombia recientemente en un seminario sobre minería y territorio de la Universidad Nacional y el Goethe Institut. Pero, además, está haciendo gestiones con funcionarios colombianos con el fin de definir si se puede hacer un plan piloto en el país en una zona afectada por la minería.

El alemán tiene amplia experiencia sobre el tema ya que coordinó las labores de recuperación de Lusacia (Lausitz en alemán), en la antigua Alemania Oriental, que hoy es la zona de lagos artificiales más extensa de Europa. Durante décadas allí se extrajeron miles de toneladas de lignito (carbón), pero una vez agotados los yacimientos quedaron gigantescos cráteres. Tras la reunificación alemana surgió un plan para recuperar esta zona con 21 lagos conectados entre sí mediante una red de canales. Se intervinieron más de 130 kilómetros cuadrados, con inversiones estimadas en más de 5.000 millones de euros.

El Eden Project, en el Reino Unido, convirtió las 50 hectáreas de tierra árida que dejó la explotación de caolín, en grandes esferas que contienen un inmenso jardín con más de 100.000 plantas.

Los trabajos emprendidos hace más de dos décadas comenzaron a arrojar  frutos y hoy Lusacia es una especie de Venecia en la que se han construido casas y hoteles flotantes. Los deportes acuáticos como pesca, buceo, vela, entre otros, son muy populares y se han convertido en una fuente de ingresos para los habitantes que habían quedado desempleados tras el cierre de las minas.   

Como este hay otros casos que se han convertido en verdaderos íconos de la recuperación medioambiental. Alemania por tener una larga tradición minera –está entre los diez países que más producen selenio, carbón, acero, arena y grava industrial–, es una de las naciones que más ha hecho esfuerzos en este frente.

Otro ejemplo es Maximilianpark, un parque de diversiones de 22 hectáreas a  donde acuden cada año miles de visitantes nacionales y extranjeros. Su principal símbolo es un gran elefante de cristal de 35 metros de altura, pero también sus parques infantiles y temáticos y su inmenso lago.

También se destaca la denominada Ciudad de Hierro o Ferrópolis. En una antigua mina a cielo abierto, donde durante casi un siglo se extrajeron millones de toneladas de lignito, hay cinco gigantescas máquinas excavadoras, de 30 metros de alto y 130 metros de ancho, que son hoy uno de los principales atractivos de la ciudad de Gräfenhainichen (Alemania Oriental). Las máquinas hacen parte del paisaje y ‘adornan’ una gran explanada donde se realizan conciertos. Una parte de la mina se inundó para crear un lago artificial. 

Pero si bien Alemania es un país pionero en estos proyectos, no es el único que se ha interesado por recuperar antiguas zonas mineras. Otras naciones también han dado pasos en ese sentido. En Inglaterra, por ejemplo, está el proyecto El Edén. En un terreno de 50 hectáreas se construyeron ocho gigantescas esferas que albergan los dos invernaderos más grandes del mundo. –Uno de ellos reproduce el clima tropical húmedo y el otro el clima caliente y seco–. Este inmenso jardín botánico, que incluye más de 100.000 plantas, se construyó sobre los terrenos desérticos que dejó la explotación de una mina de caolín (un tipo de arcilla).

Estos y otros ejemplos muestran que después de agotados los proyectos mineros sí hay futuro para los habitantes de las regiones afectadas. Lo que hace falta es decisión política para tomar la iniciativa. Colombia, que ha visto devastar buena parte de su territorio, está en mora de comenzar a emprender planes de recuperación. Este sería un buen momento para aprovechar la experiencia alemana para erradicar la minería ilegal y también para exigir a las grandes mineras programas sociales y ambientalmente responsables. 

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