Foto: John Harold Castaño

Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo en diversidad de especies de murciélagos, después de Indonesia. En Suramérica, estos animales representan aproximadamente el 20 % de las especies de mamíferos y en nuestro país es el grupo más diverso -con cerca de 200 especies-, seguido por los roedores.

Pese a la enorme riqueza de especies que habitan los diferentes ecosistemas del país, la percepción cotidiana que se tiene sobre los murciélagos varía desde lo apasionante hasta lo aterrador.

Hay numerosas concepciones populares erróneas o conceptos negativos que suelen asociarse con personajes de terror, lo que refleja la falta de comprensión acerca de las múltiples virtudes y del importante papel que prestan estos mamíferos, tanto en la salud de los ecosistemas como en el bienestar humano.

Es hora de reemplazar los mitos partiendo de una perspectiva fundamentada en la información para mostrar la cara buena de su historia.

1. No son ciegos

Dado que tienen hábitos nocturnos, muchas personas creen que los murciélagos no pueden ver o su capacidad visual es muy limitada. Aunque tienen ojos pequeños y en algunas especies no están bien desarrollados, los murciélagos tienen una visión funcional que se complementa perfectamente con un mecanismo que les ayuda a optimizar su actividad en la noche, sea para desplazarse con facilidad en medio del bosque o en áreas abiertas como para localizar alimento con una alta precisión.

Se trata de la ecolocalización, un sistema de ubicación similar a un radar, mediante el cual emiten múltiples sonidos que rebotan en los objetos del medio y retornan a manera de eco en sus también especializados oídos, en los que la información obtenida empieza a ser procesada en conjunto con su sistema nervioso.
Así mismo, como estructura adicional de comunicación, algunas especies cuentan con una hoja nasal cuya función es ayudarlas a emitir los sonidos que usan en su sentido de ecolocalización.

Aquellas que no disponen de este mecanismo, producen los sonidos a través de la laringe y los emiten por la boca.
Dichas señales son analizadas, en conjunto, como una estrategia de reconocimiento de su entorno en cuanto a distancia, forma y tamaño de los objetos que los rodean. Es por ello que fácilmente los murciélagos pueden interceptar insectos en vuelo.

2. No todos consumen sangre

Cotidianamente estos mamíferos voladores están asociados con los vampiros y con el consumo de sangre. Sin embargo, no existe otro orden de mamíferos como los murciélagos que explote una diversidad tan amplia de recursos alimenticios.

La mayoría de las especies se alimentan de insectos, frutas, polen, semillas, néctar y hojas. También hay especies omnívoras y carnívoras que incluyen desde pequeños anfibios, reptiles, aves, mamíferos, peces e incluso murciélagos.

De las 1.300 especies que existen en todo el mundo, solo tres (nativas de América) son vampiros que a menudo se alimentan del ganado, perros, algunas aves e incluso dantas y sapos. Esto ocurre, principalmente, donde los bosques han sido transformados y reemplazados por pastizales.

Particularmente, y lejos de la creencia común de que los murciélagos vampiros extraen la sangre de las presas con los colmillos, lo hacen con pequeñas mordeduras con sus incisivos y la beben con la lengua. Los compuestos característicos de su saliva permiten el fácil fluido del líquido gracias a sus propiedades anticoagulantes.

3. No son roedores voladores

Por su apariencia, los murciélagos suelen asemejarse con los roedores y por ello son popularmente descritos como “ratones que vuelan”. Sin embargo, ambos grupos tienen estructuras anatómicas diferenciales y una historia evolutiva distinta.

Así, a partir de la taxonomía, los murciélagos se encuentran clasificados dentro del orden Chiroptera y los roedores en Rodentia. Ambos grupos son altamente diversos y en Colombia comprenden el 50 % de las especies de mamíferos.

Aunque se sabe de especies que pueden planear, como las ardillas voladoras, los murciélagos son los únicos mamíferos adaptados para volar, ya que cuentan con una mano modificada a manera de ala.

La forma del ala de los murciélagos es variable entre especies. Básicamente, depende de la velocidad de vuelo, su dieta, comportamiento alimenticio y características del hábitat. Así, por ejemplo, aquellas que poseen alas estrechas y largas son más veloces y se alimentan de insectos en espacios abiertos.

Las alas anchas y cortas generalmente están asociadas con especies de vuelo lento y mayor maniobrabilidad para volar entre la vegetación, facilitando su movimiento sobre los frutos o flores al momento de buscar néctar.

4. No defecan por la boca

En la actualidad, muchas personas tienen la creencia de que los murciélagos no poseen ano, por lo cual deben comer y asimismo defecar por la boca. Pero así como cualquier otro mamífero, los murciélagos cuentan con un sistema digestivo completo y los mecanismos para eliminar sus heces son exactamente iguales.

Estos mamíferos voladores poseen una particularidad morfológica en los huesos de sus patas traseras: se trata de una rotación en el fémur, por lo que sus rodillas se doblan en dirección opuesta.

Por esta razón, la movilidad de estas especies en tierra es muy torpe, pero esta adaptación es la que les permite permanecer colgadas en posición invertida mientras descansan, soportando su peso con ayuda de sus tendones y uñas curvas y afiladas. Dicha postura también es aprovechada para regurgitar y compartir los alimentos consumidos con los demás integrantes de sus grupos sociales, que generalmente son los parientes más cercanos.

5. No todos son nocturnos

La mayoría de especies tienen sus actividades concentradas durante la noche, especialmente aquellas que habitan el Neotrópico (región tropical de América, que comprende el sur de México, Centroamérica y el norte de Suramérica al sur de Brasil).

Entre especies existe una estrategia en la que se ha dado una repartición en los horarios de actividad durante toda la noche para reducir la competencia por recursos como espacio y alimento, entre otras. Sin embargo, en las zonas tropicales de Oceanía, Asia y África es posible hallar especies diurnas que se alimentan de frutas e insectos, principalmente en horas de la mañana o hacia el final de la tarde.

Las verdaderas virtudes de los murciélagos

Muchos de los mitos existentes alrededor de los murciélagos han ocultado los múltiples beneficios que aportan a la salud de los ecosistemas y al bienestar humano:

Dispersan semillas. Muchas plantas dependen por completo de los murciélagos. Son considerados comúnmente como los “agricultores de la selva” ya que dejan semillas en sus heces (técnicamente conocidas como guano) durante los vuelos, lo cual facilita su dispersión y germinación, principalmente en zonas que carecen de vegetación.

Los murciélagos normalmente se desplazan por diversos tipos de vegetación, incluyendo áreas abiertas. Es así como sus depósitos de guano pueden aterrizar en zonas que necesitan regenerarse de manera natural o ser restauradas.

Polinizan frutas. Los murciélagos que consumen el polen y el néctar de diversas flores logran transferirlo a otras nuevas, asegurando el mantenimiento de una alta diversidad genética. Y, con ello, la supervivencia de todas las especies de plantas que frecuentan.

Controlan plagas. Las más de 1.300 especies de murciélagos conocidas son el arma secreta de los agricultores para el control de plagas. Su contribución en este proceso ha evitado grandes pérdidas económicas. Así, los beneficios que prestan estos mamíferos se hacen cuantificables.

Aportes a la medicina. Los murciélagos son muy útiles en las investigaciones biomédicas por ser altamente resistentes a muchas enfermedades. Han sido empleados como modelo de estudio en varias áreas de la medicina, por ejemplo para el desarrollo de vacunas.

El murciélago vampiro común no es el más apreciado en general, pero merece un reconocimiento por su contribución a la medicina. En la saliva dispone de una sustancia que se utiliza en medicamentos para evitar que los coágulos de sangre puedan alojarse en el cerebro humano.

Sociabilidad y comunicación. Estos mamíferos representan un reto de estudio en comunicación animal y comportamiento social. Le han apostado a una vida en sociedad muy similar a la de los humanos con un amplio sistema de comunicación que apenas hasta ahora empieza a descifrarse.

El conjunto de sonidos que se escuchan en un bosque, en la noche o al ingresar a una cueva llena de estos pequeños mamíferos voladores puede tener un significado potencial y gran cantidad de información aún por descifrar. Esto sin contar los múltiples llamados que utilizan en otras actividades como la búsqueda de alimento o la reproducción.

Textos: Lina Marcela García Loaiza, investigadora Instituto Humboldt.
Fotografías: John Harold Castaño Salazar.

Relacionados

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.