Satao en el parque Tsavo.

*Este artículo contiene imagenes que pueden herir la susceptibilidad de algunos lectores.

Tenía aproximadamente 50 años y unos cuernos tan largos que rozaban el suelo. Hace varias semanas el equipo de conservación del Parque Nacional Tsavo del este, en Kenia, encontraron su cadáver. Lo que más los impresionó fue que no solo sus cuernos, sino su rostro entero  fueron removidos del resto de su cuerpo.

"No hay duda de que ha muerto debido a la caza de animales que, desafortunadamente, llevan marfil en algún lugar de su cuerpo. Lo mataron con una flecha envenenada", dijo Richard Moller, quien trabaja en el Parque Tsavo. A esto añade que "es una gran pérdida que no justifica el hecho de que alguien cargue baratijas de marfil en su cartera".

La caza furtiva es frecuente en los países africanos, pero imposible de reportar en casos aislados, como el de Satao. Se estima que 30.000 elefantes son cazados cada año lo que significaría que muere uno cada 15 minutos. La historia de Satao, sin embargo, es diferente.

Cuando nació, en los sesentas, había más de 275.000 elefantes en Kenia. Hoy, ese número ha  disminuido a 38.000  y no parece que vaya a dejar de bajar. Según Mark Deeble, un documentalista de la vida natural que siguió a Satao varias veces, dice que la razón por la que logró sobrevivir tanto tiempo fue que aprendió a evitar a los cazadores y a mimetizarse entre arbustos cuando sentía que alguien se acercaba.

Lo cierto es que si las cifras de elefantes siguen bajando, estos podrían extinguirse en menos de 10 años. Esto quiere decir que con la muerte de Satao  se apagó, tal vez,  el espécimen de elefante más grandioso del planeta.

Foto de Satao cuando fue encontrado por los guardaparques. Foto tomada del Facebook del Parque Nacional Tsavo del este.

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