Varios países de Latinoamérica podrían tomar ejemplo de Nicaragua. Un país fundamentalmente agrícola, hace parte de un plan piloto de agronomía sostenible para mitigar las consecuencias que se avecinan.

La agricultura es fundamental para el desarrollo autosuficiente de las naciones y para su producción económica. De esta actividad provienen todos los alimentos que consumimos a diario; incluso la industria textil necesita de la agricultura para la producción de materias primas.

De otra parte, el cambio climático, cuyos efectos se han hecho notables en los últimos años, aumentará en la medida en que los países y grandes productores se demoren en someterse a un modo de producción o de desarrollo sostenible. El aumento de la temperatura y del nivel del mar. En zonas cálidas, por ejemplo, tienden a crecer mejor las frutas, como las hortalizas en el frío (salvo algunas en particular). Pero si el cambio climático impone un aumento de la temperatura en ambos casos, las técnicas agrícolas deben mejorarse. (Vea: El minúsculo país que da lecciones sobre agricultura ecológica)

Es por esto que Nicaragua, en el marco de un programa de investigación del Consorcio Global de Investigación Agrónoma (CGIAR, por sus siglas en inglés), lanza una campaña de prácticas agrícolas ya implementadas por algunas familias del país centroamericano. Con ellas se busca adaptar la tierra al cambio climático, de modo que los efectos de este último no comprometan la producción y por ende la alimentación de la población.

La campaña es coordinada por el Programa Ambiental Mesoamericano (MAP) y su enfoque, conocido como el marco para la priorización de inversiones en agricultura sostenible adaptada al clima (MP-ASAC), ha sido implementado en Guatemala, Nicaragua y Colombia.

Amilcar Aguilar, coordinador del MAP en Nicaragua, dice que se trata de “compartir hallazgos de distintos agricultores y ONGs”. Según él, en el primer taller realizado en agosto de 2015 se documentaron 29 prácticas agrícolas adaptadas al clima, de las cuales sobresalen 14. “En este segundo taller del MP-ASAC se divulgarán los resultados del análisis económico de estos modos de producción”, asegura Aguilar. (Vea: La población de abejas disminuye y a su vez tambalea la agricultura mundial)

También se evaluará el presupuesto del que dispondrán los sectores público y privado para financiar esta modalidad productiva, es decir, el Estado y el Ministerio del Medio Ambiente, por un lado, y los académicos y las organizaciones no gubernamentales, por el otro.

Selmira Flores, una académica vinculada al proyecto, asegura que tras la divulgación de estas prácticas se tendrá claridad sobre las ventajas y desventajas que representa el clima para cada país, así podrán utilizar dicho conocimiento a su favor.

Debido a que Nicaragua es un país fundamentalmente agrícola, un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estimuló a ese país a hacerle frente al cambio climático en 2010, aduciendo también una serie de estudios previos para América Latina.

La alianza de la MAP y la CGIAR supone el incremento de la resiliencia de los terrenos frente al cambio climático y la seguridad alimentaria de los pueblos, en especial aquellos cuyo territorio es muy rural, como la zona norte de Nicaragua y gran parte del interior de Colombia, donde se cultiva café, plátano, arroz, entre otros. Productos que podrían contribuir mucho más al PIB, generando bienestar social y económico. (Véase Transformación social a través del campo)

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