La selva amazónica es el bosque tropical más extenso del mundo con cerca de 6 millones de kilómetros cuadrados repartidos entre nueve países. A pesar de su importancia por su inmensa riqueza en biodiversidad y por su papel clave en la compensación de las emisiones de gases efecto invernadero, la Amazonía está amenazada por diversos factores como la minería, la tala indiscriminada de árboles y la colonización por parte de empresas que ven en la zona un potencial económico enorme.

¿Cómo hacer para llevar este mensaje de alerta al mundo? Al compositor angolés Víctor Gama se le ocurrió que podía ser a través de una ópera que mezclara la música clásica con la tradicional de los pueblos indígenas que habitan esos codiciados territorios. Tras cuatro años de investigación apoyada por organizaciones como Amazon Conservation Team Colombia, Mas Arte Mas Acción y Flora ars + natura, se recogieron testimonios de diversas comunidades, cantos rituales de ceremonias del ambiwasca y textos y partituras inspiradas en el libro Cariba Malo, de Roberto Franco.

Asi surgió 3Mil Rios, una obra multimedia de hora y media de duración cuya narración transcurre a lo largo de los grandes ríos amazónicos en regiones como el Putumayo y el Caquetá, el Tocantins en Brasil, el Napi y el Timbiquí en la costa Pacífica y el Magdalena que atraviesa la cordillera de los Andes. Las canciones son inspiradas por las sopranos Yetzabel Arias Fernandes, Betty Garcés y Té Macedo, con la participación de Waira Nina Jacanamijoy y Jaime Lopez Kiriyateke, cantadores de las comunidades Inga y Murui-Muina de la Amazonía Colombiana.

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Semana Sostenible conversó con Victor Gama sobre el proceso que llevó a la creación de esta obra que se estrenó el año pasado en Lisboa y que se presentará por primera vez en Bogotá este 13 y 14 de octubre en el Teatro Colsubsidio de Bogotá.

SEMANA SOSTENIBLE: ¿Cómo nació 3Mil Ríos?

VÍCTOR GAMA: El proyecto surgió hace 20 años. Yo estaba acá en Colombia en 1997 y participé en una toma de ayahuasca (yagé) que fue como mi introducción a la cultura amazónica. Quedé fascinado y hablé con el taita, quien me puso en contacto con gente del alto Putumayo. Eso me permitió entrar al conocimiento ancestral a través de esa gran ventana que son las plantas sagradas y que hoy juegan un papel importante si queremos invertir esta trayectoria de choque contra nuestro propio planeta, contra los bosques y la naturaleza. Más tarde le propuse a una institución holandesa que se llama Calouste Gulbenkian que hiciéramos una pieza de 20 minutos que se llamaría 3mil ríos. La idea era poder contar todo lo que está pasando en la Amazonía pero desde la perspectiva de la gente que vive en esas selvas.

S.S.: ¿Entonces la ayahuasca fue la que dio origen al proyecto?

V.G.: No, no fue la pinta. Las preocupaciones ambientales ya las tenía. Yo vengo de Angola, un país que sufrió una guerra muy larga durante el paso del periodo colonial a la independencia. Yo nací en esa época y eso formo mi conciencia política, de entender qué era el colonialismo y la lucha por la liberación de los pueblos. En todo ese proceso pude ver que la naturaleza había sido también una víctima de la guerra y lo seguía siendo en la posguerra, porque la paz es un modelo que incluye la guerra contra la naturaleza. Este conflicto que tenemos con ella es permanente porque es el resultado de un modelo industrial de vida en el que todos participamos. Entonces, esta conciencia ya estaba, la toma de ayahuasca fue el contacto con la cultura ancestral amazónica, que es clave si queremos resolver nuestro conflicto con la naturaleza. No digo que todos tenemos que tomar ayahuasca, pero sí traer ese conocimiento, esas epistemologías del sur que todavía tienen experiencias y saberes sobre lo que es vivir de forma sostenible con la naturaleza.

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S.S.: ¿Y cómo aparece la música en todo este proceso?

V.G.: Yo soy músico y experto en tecnología. Para mí ambas cosas están íntimamente conectadas. Por mi profesión y por mis inquietudes ambientales entré en contacto con varias organizaciones sociales que trabajan en la Amazonía y todas tenían una preocupación sobre cómo comunicarle a su público ese trabajo con las comunidades que viven en estos bosques. Ellos pensaron que aunque generalmente esas audiencias están informadas, era importante buscar otras formas de transmitir el mensaje. Sin duda la música podía ser esa forma, porque para mí el papel que la música debe tener es el de pasar mensajes a través del corazón, o de la emoción, o del alma, pero en todo caso de una manera que no es tan racional. Eso puede causar un impacto en la gente diferente al de una noticia o un libro. Si la idea es comunicar la urgencia de un cambio de rumbo, entonces hay que ir al fondo del asunto, contactar a la gente, estar allá con ellos para conocerlos y hacer que todo eso influencie la música que queremos como resultado.

S.S.: ¿Cómo fue el proceso de investigación para llegar a 3Mil Ríos?

V.G.: Las organizaciones con las que trabajé tienen preocupaciones ambientales y por la naturaleza, pero las abordan desde el tema del arte. Con ellas hice unas residencias artísticas en varias comunidades Inga y Huitoto del Putumayo y del Caquetá, de donde salió la mayor parte del material. Viajé allá muchas veces y quedé fascinado con su capacidad de comunicarse con los pájaros y los micos, por ejemplo. Es increíble cómo alguien puede desarrollar esa capacidad y a la vez transformarla en música. Nuestro reto fue encontrar la manera de integrarnos a ese trabajo.  Sin embargo, en la construcción del proyecto fue fundamental el aporte de Roberto Franco y su libro Cariba Malo, que es una investigación histórica sobre una comunidad indígena que vive en aislamiento voluntario en el Parque Nacional Puré, en el Amazonas. Eso me inspiró mucho para hacer la obra porque me hizo entender que hay gente que vive en la selva y no quiere el contacto con el mundo exterior. Son gente consciente de que el modelo que hemos adoptado no les sirve. Entonces empecé a ver que hay como dos planetas que están realmente separados, incluso biológicamente, y que tiene que haber una separación. Ellos viven de forma sostenible y tienen un conocimiento que jamás alcanzaremos. El dilema es cómo creamos un puente para encontrarnos. Ese tema realmente es central en 3Mil Ríos.

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S.S.: ¿Cómo resolvió esa dicotomía del aislamiento versus la construcción de puentes?

V.G.: No me refiero a crear un puente para ir a hablar con ellos, eso no lo quieren ellos, ni yo tengo esa intención. Lo que queremos es que el público que vaya a la ópera entienda que eso no es deseable porque tenemos que solucionar nuestro problema antes y de pronto llegar a entender que ellos están aislados voluntariamente, pero tal vez nosotros somos los que estamos aislados involuntariamente.

S.S.: ¿Cuál es la expectativa con esta obra?

V.G.: No es la conservación por sí misma ni mucho menos aumentar la preocupación por la conservación. Cuando hablé con las organizaciones recibí un impacto muy fuerte. Ellos decían que la estrategia de conservación de la naturaleza no funciona porque esto no tiene vuelta atrás: la deforestación de la selva amazónica va a continuar de todas formas. Entonces cambiaron su enfoque por uno de trabajo con las comunidades, sobre todo para preservar su cultura y apoyar su legalización territorial. Mi expectativa es que la gente que asista a la obra se dé cuenta de lo que está pasando. Es dar un panorama de esta realidad a través de un proyecto musical de hora y media que hace un recorrido de voces que hablan, cantan y expresan lo que está pasando en esa parte del mundo.

S.S.: ¿Hay esperanza para la especie humana?

V.G.: No hay esperanza para este modelo, lo que significa que no la hay para mucha gente que no sabe cómo cambiar un estilo de vida industrial y consumista. Tal vez la haya para sacar adelante una solución. Tenemos que ser optimistas a pesar de todo. En Colombia se avanza gracias al trabajo de personas como Roberto Franco, que fue uno de los impulsores de un edificio jurídico que protege a los Parques Nacionales. Hace poco la ampliación de Chiribiquete fue una victoria muy grande, pero hay que tener cuidado porque llega otro gobierno y la revierte. Y en Perú y en Brasil, mientras tanto, a cada rato escuchamos de invasiones y muertes de indígenas a manos de los garimpeiros y los mineros. En ese sentido es difícil hablar de esperanza. En síntesis soy pesimista, pero que hay que seguir trabajando para proteger los bosques y las comunidades que viven dentro de ellos.

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