Una grata sorpresa se llevaron funcionarios de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM) quienes presenciaron, tras 15 años de ausencia, el retorno de un oso de anteojos al Parque Naatural Serranía de Minas en el departamento del Huila.

Una cámara trampa logró captar las imágenes de un oso de anteojos adulto, que según los funcionarios se encuentra en óptimas condiciones biológicas y ecológicas. “Logramos detectar la presencia del oso de anteojos después de muchísimos años sin tener registros oficiales”, aseguró Katherine Arenas, Bióloga de la CAM.

Aunque la CAM tenía registros de avistamientos en otros municipios como San Agustín, Teruel, Algeciras, Íquira y Santa María; en el Parque Serranía de Minas, que desde el año 2006 es una área protegida del departamento, había desaparecido por completo. En esta área, actividades como la caza, quema,  tala de árboles y potrerización, provocaron que varias especies de fauna emigraran a lugares con mayores garantías para su subsistencia.

Y es que el avistamiento de este oso de anteojos (Tremarctos ornatus) no es un hecho que deba pasar desapercibido, ya que esta especie se encuentra en peligro de extinción, en la categoría Vulnerable (VU) según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

El éxito del fototrampeo

Lograr captar al oso hubiera sido casi imposible de no ser por la técnica del fototrampeo, que consiste en instalar cámaras que detectan el calor que emiten los animales a su paso, una vez estos dispositivos detectan el calor de la especie en cuestión proceden a capturar fotografías y videos, que entre otras cosas, permiten evaluar el estado de las poblaciones y proporcionan información concreta de la fauna existente en la zona.

“Esta técnica ha contado con el apoyo comunitario de los pobladores de la zona que a través de un proceso de educación ambiental protegen a las especies que habitan este territorio”, añadió la funcionaria de la CAM. De esta experiencia también hacen parte grupos de investigación como la Fundación San Jorge de Inglaterra de Bogotá,  quienes llevan seis meses de investigación para determinar la riqueza biológica de aves y mamíferos en la zona.

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