Uno de los tres senderos que tienen los visitantes en el Santuario. (Fotos de Fernanda Sánchez - Mongabay Latam)

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo – Mongabay Latam

El Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya, en el departamento de Risaralda, está ubicado en una zona de transición entre la selva subandina y la selva andina. Forma parte -junto con el Parque Regional Natural Ucumarí- de la zona de influencia del Parque Nacional Natural Los Nevados y contribuye a la conservación de la franja de bosque subandino y altoandino que va desde el oriente de Risaralda hasta el Tolima, pasando por el departamento del Quindío.

El Plan de Manejo vigente señala que como el santuario forma parte del proceso de ordenamiento de la cuenca del  río Otún, fortalece procesos de investigación que permiten avanzar en la conservación en otros sectores de la región. Además,  destaca su conectividad con otras áreas protegidas de la región, lo que mejora el tamaño de las poblaciones y disminuye la fragmentación del paisaje.

Esta zona es importante en la región pues ofrece bienes y servicios ambientales como el recurso hídricos para los municipios de Pereira y Dosquebradas, los corregimientos La Florida y La Bella y la vereda La Suiza, pues posee un sistema de drenajes representado en cinco microcuencas (La Mula, La Hacienda, La Suiza, Corozal y Palo Blanco) que “nacen y mueren” en el mismo santuario, compuesto por quebradas y arroyos que le tributan sus aguas al río Otún.

Los habitantes  se benefician con la demanda de mano de obra para el santuario, donde trabajan como intérpretes ambientales, guías turísticos y cocineros, entre otros oficios requeridos para atender a los turistas y académicos que se interesan por este ecosistema.

Al santuario se accede por una carretera destapada desde el corregimiento La Florida. Al llegar miembros de Parques Nacionales y de Yarumo Blanco, organización comunitaria que administra los servicios ecoturísticos, describen al  visitante en una breve charla lo que encontrará en sus 489 hectáreas de extensión.

El Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya cuenta con un relicto de selva subandina en buen estado de conservación que se encuentra en la vertiente occidental de la Cordillera Central. Esto lo convierte en un aporte importante al desarrollo de estrategias de conservación en otras zonas de la vertiente muy similares.

Esta área fue declarada como Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya el 23 de agosto de 1996 mediante la Resolución 916 del Ministerio del Medio Ambiente. Sin embargo, las iniciativas por conservar la cuenca del Otún, provenientes de diferentes sectores de la sociedad civil y de la institucionalidad, existían desde los años 40.

En el santuario se llevan a cabo diversas acciones que favorecen su conservación. “Parques Nacionales desarrolla varios programas, incluido el de prevención y vigilancia para que no haya caza, pesca, campamentos, fogatas, e identificó cuatro objetos de conservación: la pava caucana (Penelope perspicax),  el mono aullador colorado (Alouatta seniculus), la palma de cera (Ceroxylon alpinum), y el comino crespo (Aniba perutilis)”, dice Viviana Madrid, habitante de la zona, quien trabajó antes como intérprete ambiental y ahora de Parques Nacionales.

También se lleva a cabo un programa de restauración ecológica, ya que este lugar era una finca de extracción maderera donde también se sembraron plantas ornamentales.

Hace unos años se tomó la decisión de no talar y que la naturaleza erradicara algunas especies de manera natural. Sin embargo, las plantas ornamentales como la Mataandrea (Hedychium coronarium) y la ojo de poeta (Thunbergia alata), se extraen manualmente y en los espacios recuperados se siembran especies nativas.

Además de la vigilancia y control, la restauración o los proyectos de investigación que llevan a cabo universidades como la Javeriana, en el santuario se ofrece educación ambiental. Esta incluye información sobre el área, las especies y la celebración de fechas ambientales importantes con cine foros y otras actividades culturales y artísticas con la comunidad.

Desde que el área fue declarada como santuario se observó un cambio drástico en el ecosistema. Por ejemplo, no se sigue extrayendo bejucos del bosque ni talando. La caza  tampoco se da en este lugar.

Yarumo Blanco

En el trabajo de educación ambiental de Parques Nacionales ha colaborado Yarumo Blanco, asociación comunitaria integrada por 22 personas y encargada de administrar los servicios ecoturísticos del santuario desde el 2009.

El representante legal de Yarumo Blanco es Jimmy Monsalve. Es pereirano, tiene 29 años y forma parte de una tercera generación de personas de la región preocupadas por preservar este valioso ecosistema donde antes estaba la Hacienda La Suiza de la familia Mejía Marulanda.

Él formó parte del grupo Águilas de la institución educativa Héctor Ángel Arcila. Los estudiantes se convirtieron en observadores de aves, mariposas y fueron capacitados en temas ambientales.

Con el paso del tiempo, Jimmy Monsalve se convirtió en intérprete ambiental especializado en avistamiento de aves. En el año 2009, cuando se conformó la Asociación Yarumo Blanco, continuó con su trabajo por la conservación del ecosistema desde esta organización. “En el año 2013 los tecnólogos conformamos un equipo administrativo y dimos una nueva cara a Yarumo Blanco, con un modelo comunitario, un conjunto de personas que tienen una empresa”, indica.

A pesar de que no es fácil administrar un modelo social que depende de la venta de servicios, asumió con entusiasmo el reto de posicionar esta asociación comunitaria. El contrato entre la asociación y Parques Nacionales, que tiene una duración de 10 años y empezó en el año 2009, ha sido beneficioso para las dos partes. Yarumo ofrece oportunidades laborales a sus miembros, personas de la comunidad, y Parques Nacionales ha fortalecido su trabajo en educación y sensibilización ambiental.

En el transcurso de su administración ecoturística, Yarumo Blanco obtuvo en el año 2013 el Premio  Nacional de Turismo en la Categoría 4 “Beneficios a las comunidades locales”. Además, gracias a su labor, el santuario ha sido escogido en dos ocasiones -años 2014 y 2016- como uno de los cien destinos verdes del mundo por Green Destinations, una organización inglesa que ofrece una plataforma global para aquellos destinos turísticos que desean mejorar la calidad y sostenibilidad de sus proyectos.

Esta asociación de base comunitaria ofrece servicios de alojamiento, restaurante y, lo más importante, educación ambiental a través de sus intérpretes ambientales, personas de la región formadas para ofrecer información sobre el lugar.

Entre las especies que se hallan en el santuario se encuentran aves como la perdiz colorada (Odontophorus hyperythrus), águila crestada (Oroaetus Isidoro) y perico paramuno (Leptosittaca branickii);  mamíferos como guagua loba (Dinomys branickii) y mono nocturno (Aotus lemurinus); y plantas como laurel peludo (Ocotea lentii), curubo de monte (Passiflora parritae) y culetierro (Couepia platycalyx).

En el santuario hay tres senderos: El Bejuco, Humedales y El Río. Para conservar el santuario y proteger sus especies se estableció un límite al número de caminantes.  “La capacidad de cada sendero varía según su estructura, longitud y topografía. La del sendero El Bejuco es de 64 personas por día; en El humedal es 43 y en El Río es 41. De igual forma se determinó la capacidad de carga, del alojamiento, en 99 personas al día”, explica Gloria Teresita Serna, Jefe de Área Protegida Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya.

Yarumo Blanco, dice Monsalve, apuesta por un enfoque ecosistémico que conoce sus activos bioculturales, por ejemplo las aves, los recursos hídricos y el yarumo blanco, que es una especie de árbol característica de esta zona y conocida como una despensa para diferentes animales que se alimentan allí.

Reflexiona Jimmy Monsalve sobre el motivo que lo llevó a enamorarse de lo que hace. “Es invitar al campesino a hacer una planeación del territorio a partir del ecoturismo, el ecoturismo es esa magia que se mete dentro de los activos bioculturales. ¿Por qué? Es la manera más sencilla que tiene un individuo para re-significarse (…) La práctica del campesino es ancestral y tiene conocimientos incalculables”.

Conservación y ecoturismo

En 1999 se introdujo un cambio en la política de conservación.  “En 1999 la política de Participación Social para la Conservación, también conocida como Parques con la gente, fue institucionalizada con el fin de disminuir los conflictos entre las autoridades ambientales y los habitantes de los PNN y sus áreas circundantes, también llamadas ‘zonas de amortiguación’. Esta política fue patrocinada y financiada por agencias de cooperación internacional de los países industrializados y ONG ambientales internacionales (…) El principal objetivo de esta política fue fortalecer un modelo de gobernanza ambiental que incluyese y empoderase a todos los actores involucrados en la sostenibilidad y la conservación de cualquiera de los PNN colombianos”, explica en un artículo Carlos Andrés Durán, antropólogo y politólogo de la Universidad de los Andes.

¿Cómo se logra el equilibrio entre conservación y ecoturismo? A través de la figura del ecoturismo comunitario Parques Nacionales estableció esta alianza con la comunidad.

“En la cuenca del Otún ya había un proceso social de base, de décadas. La comunidad estaba organizada en temas ambientales, interpretación ambiental y prestación de servicios, jóvenes que desde el colegio tenían esa sensibilidad. Desde el año 2009 tenemos una alianza para que el Estado coadyuve y la comunidad preste unos servicios y genere unos ingresos. Ellos son los que operan esos servicios de restaurante, de alojamiento, interpretación ambiental dentro del Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya y, adicionalmente, nos apoyan en nuestra labor de sensibilización con los visitantes”, afirma Gloria Teresita Serna.

El éxito de este proceso, indicó añadió Serna, radica en que avanzaron en la construcción de un plan de ordenamiento ecoturístico en el que participaron algunos miembros de Yarumo Blanco.

Esta construcción participativa ha demorado dos años. “Fue un espacio polémico en el que se explicaron los impactos de tocar ciertas especies, cortar, y del impacto de los audios con grabaciones de cantos de aves cuando las personas hacen avistamiento, pues hay reglamentación sobre cómo debe desarrollarse el avistamiento de aves”, sostiene Serna.

Este plan de ordenamiento ecoturístico está en el plan de manejo que será aprobado en el primer trimestre de este año y tendrá una vigencia de cinco años, hasta el 2021, con la posibilidad de hacer ajustes, cuando se necesite.

“Un avance muy importante del plan de manejo es que para ingresar a los senderos se requiere de un intérprete ambiental porque el sentido de estos parques con vocación ecoturística es que la persona se lleve un mensaje, lea el entorno, y se sensibilice por lo menos, si va solo no lo va a lograr”, agrega Serna.

Pese a que el número de visitantes en las áreas protegidas ha aumentado, en el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya aún esa cantidad es manejable porque la zona de infraestructura ecoturística no es tan grande.

Sin embargo, la carretera por la que se llega al santuario y que conduce a otras áreas protegidas como la Parque Natural Ucumarí que está en las postrimerías del Parque Natural los Nevados sí genera un impacto negativo debido al turismo no regulado de personas que arrojan residuos en el santuario.

Durante el recorrido que realizó Mongabay Latam no se observó en la carretera suficiente señalización. En el sendero del río hay un aviso y una cadena que indica que está prohibido el ingreso sin guía o intérprete ambiental. Pero más adelante no hay vallas educativas que informen al caminante sobre la importancia de esta área.

La jefe del área explica el motivo: “actualmente existe una señalización básica sobre la carretera y en los tres senderos ecoturísticos, desde este año 2017 se fortalecerá esta línea instalando nuevas vallas informativas y realizando mantenimiento a las existentes. En el marco del proceso de ordenamiento de la cuenca alta del río Otún, otras entidades como la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Carder), autoridad ambiental del  departamento y Aguas y Aguas de Pereira también realizarán inversiones en señalización este año”.

Además fortalecerán la vigilancia y la educación en este ecosistema. “Nosotros hemos tenido que reforzar vigilancia y educación en esas zonas para hacerle saber a la gente la función del lugar y el comportamiento debido. Si cruzan les explicamos que están en un Parque Nacional y que requieren acompañamiento de intérpretes. Los invitamos a salir, les damos información y los sensibilizamos. Pero debemos empezar a registrar los nombres para saber si alguien lo hace de manera recurrente”, apunta Serna.

La presencia de Yarumo Blanco es percibida de manera positiva por los visitantes porque sus miembros son de la comunidad. Esto genera arraigo, hay un mayor conocimiento sobre la historia del lugar y proporciona un beneficio social para los locales quienes se hacen corresponsables de la conservación.

Las ventajas de este tipo de turismo son explicadas por la jefa del área protegida. “Se ha criticado que empresas privadas lo hagan pero sabemos que hay contextos que requieren músculo financiero para hacer una operación turística y a veces las comunidades no tienen ese soporte financiero. Pero aquí hemos visto que las comunidades en este contexto -un parque pequeño que requiere una comunidad bien organizada, bien capacitada- pueden hacerlo. Sería interesante ver cómo se replica esta experiencia en otros lugares”.

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