Fotos: Asif HASSAN / AFP
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Mohamed Yusuf es fatalista: dentro de unos años su aldea flotante desaparecerá del lago Manchar, el más grande de Pakistán.

El espejo de agua se vuelve inhabitable, tanto para los peces como para los pescadores, a causa de las aguas residuales vertidas en él desde hace 30 años.

“Cuando este barco empiece a hundirse, tendremos que irnos”, suspira este pescador de unos 40 años que ya no captura lo suficiente para mantener su casa a flote.

Su familia, miembro de la tribu de los mohannas, vive desde hace siglos en este lago del centro-oeste de Pakistán. Pero, según él, no podrán vivir más de cinco años en su casa.

En esta barcaza de madera con un tejado de tallos trenzados viven su madre, su esposa y sus nueve hijos. La ropa se amontona en la popa, los utensilios y la comida en la proa y cocinan en la bodega, en el suelo, con un fuego alimentado con tallos de plantas acuáticas.

“Cuando hace calor, dormimos en el tejado. Y en invierno, en el fondo del barco”, explica Mohamed.

Dos cunas suspendidas se balancean con la brisa: una para el bebé y otra para el corán.

Los barcos-viviendas se hallan a unas decenas de metros los unos de los otros. Como el agua es poco profunda, los niños chapotean o nadan y los adultos circulan en pequeñas barcas que dirigen con una pértiga.

“Vivimos así desde hace generaciones”, explica el pescador, que teme verse obligado a abandonar la tranquilidad de este pueblo lacustre para vivir en la orilla.

El lago Manchar, cuyo tamaño oscila según las precipitaciones, superando los 250 km2 después del monzón, es el más grande de agua dulce de Pakistán.

Agua salada

Pero desde los años 1970 se construyeron sumideros y canales que arrastran hasta el lago -a través del Right Bank Outfall Drain (RBOD)- las aguas residuales de los arrozales, llenas de abonos y pesticidas, así como los efluentes industriales y los de las alcantarillas de varias ciudades de la provincia de Sind, en el sudeste del país.

El RBOD vierte también el agua salada drenada a lo largo del margen derecho del río Indo para facilitar los cultivos de tierras empobrecidas por la sal.

Paralelamente, los torrentes de la montaña que alimentaban el lago disminuyeron con la bajada de las precipitaciones. Y el aporte del Indo se redujo con las represas y la irrigación, explica Mustafa Mirani, presidente del Foro de pescadores de Pakistán, que milita por la protección del lago.

En los años 1990, durante una sequía, “cuando las aguas empezaron a bajar, nos dimos cuenta de que la tierra estaba envenenada”, explica este profesor jubilado que creció en el lago.

En ocasiones, los peces muertos flotan sobre sus aguas salobres y pardas.

En los años 2000 se lanzaron obras para llevar el RBOD hasta el mar de Arabia, al sur, pero el proyecto se paró por falta de fondos y el agua salada sigue yendo a parar al lago Manchar.

Como consecuencia de ello, el agua ha dejado de ser potable. Es imposible cultivar verduras en el cieno cuando hay poca agua. La polución diezmó la fauna y flora del lago. No quedan lotos para cocinar. Los peces escasean cada vez más. Los juncos en los que antes se paraban decenas de miles de pájaros migratorios han desaparecido.

La pesca ha retrocedido drásticamente, pasando de más de 15.000 toneladas de pescado por año en los años 70 a unas miles de toneladas en los últimos años, según el departamento de pesca de Sind. Los habitantes han agravado el problema con la sobrepesca.

Exilio

Privados de recursos, muchos Mohannas se han resignado al exilio.

“Cuando era joven, aquí había unos 400 barcos y otras tantas familias. Comíamos, dormíamos, nos casábamos en los barcos", recuerda Mirani. Pero "con la pobreza, (la gente) no puede mantener ni reparar sus barcos, que desaparecen poco a poco”.

A día de hoy quedan unos 40 barcos habitados en esta aldea lacustre, donde viven menos de 500 personas.

En tierra firme la vida también es dura para los mohannas: las aldeas de lodo son insalubres y no disponen de servicios (ningún colegio para niñas, muy pocos dispensarios...).

Saindad, una mujer de unos 60 años desdentada, vive en una choza. Cuando su barco se hundió se quedó sin medio de subsistencia.

"Mi familia y yo llegamos a tener 11 barcos. Vivíamos muy bien", recuerda. “Todos están deteriorados y ahora somos tan pobres que ni siquiera tenemos utensilios de cocina”.

Sus hijos se fueron en busca de trabajo a las ciudades aledañas, como muchos mohannas.

La justicia paquistaní se hizo cargo del dossier en 2010 pero no ha conseguido que se realicen las obras necesarias para salvar el lago.

“Este lago es un don de Dios”, suspira Mirani. “Pero han destruido toda su belleza”.

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