“La protección de los páramos no se puede convertir en un nuevo motivo de desplazamiento en este país”. Esta frase del director de Corpoboyacá, Ricardo López, resume el espíritu de un proyecto que nació bajo el pretexto de buscar recursos para enfrentar las consecuencias económicas y sociales de la delimitación de estos ecosistemas. Entre ellas, tal vez la principal sea la de ofrecer alternativas productivas a los cientos de mineros, campesinos y ganaderos que habitan esos lugares.

La idea surgió hace tres años, y en términos simples consiste en medir la capacidad de captura de carbono de los páramos del departamento, con el objetivo de venderlo en forma de bonos a los países desarrollados que deben compensar sus altas emisiones de gases contaminantes. El primer paso fue contratar un estudio con la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y el resto de la historia nos las cuenta en esta entrevista el director López.

SEMANA SOSTENIBLE: ¿En qué consistió la investigación?

RICARDO LÓPEZ: En los siete complejos de páramos de nuestra jurisdicción hicimos parcelas de 100 metros cuadrados para medir la cantidad de carbono que atrapa el suelo. Tomamos registros en ecosistemas vírgenes, en restauración y en aquellos que están transformados por ganadería y agricultura, con muestras de suelo de 0 a 15 y de 15 a 30 centímetros.

S.S.: ¿Qué resultados encontraron?

R.L.: Ya sabíamos que los ecosistemas estratégicos son importantes en la captura de carbono, pero resulta que el páramo tiene mayor capacidad de absorción que la selva húmeda tropical y las llanuras. Las mediciones arrojaron que las bajas temperaturas generan procesos que favorecen la captura del CO2 y lo convierten en materia orgánica. Una hectárea de un páramo protegido puede llegar a capturar 200 toneladas al año de CO2 equivalente, y estamos hablando de 535.000 hectáreas de páramos en la jurisdicción de Corpoboyacá.

S.S.: ¿Qué van a hacer con esa información?

R.L.: Este estudio, que está plasmado en un libro llamado ‘Suelos de los páramos de Boyacá. Ecosistemas potenciales para la captura de carbono’, es la línea base para buscar un certificador internacional que valide la información obtenida. Obviamente no serán en principio las 535.000, sino zonas de 100 hectáreas en cada uno de los complejos que tenemos. Con eso es posible obtener una certificación de captura de carbono por el papel de sumidero de carbono. Eso, convertido en bonos, pretendemos venderlo a los países desarrollados que son los que más emiten el carbono que nuestros páramos atrapan.

S.S.: ¿Qué harían con esa plata?

R.L.: Dos cosas. Poner más recursos para áreas de protección y financiar planes de vida para las comunidades que han vivido históricamente en los páramos. Es que muchas veces no se entiende que esas personas no llegaron de la noche a la mañana, llevan generaciones allá. Y como la Corte Constitucional dijo que están prohibidas la minería y la agricultura, entonces hay que encontrar alternativas. Están el ecoturismo y el pago por servicios ambientales, que consiste en retribuir a quienes dejan intacto el ecosistema. Pero para todo eso se necesita dinero.

S.S.: ¿Cuánta gente vive en los páramos de Boyacá?

R.L.: No hay conocimiento de esa realidad. En las delimitaciones de los páramos eso se tuvo en cuenta de una manera muy gruesa, a una escala muy grande. Pero llegar al detalle de cuántas familias viven allí requiere de estudios muy detallados. Nosotros apenas estamos haciendo el primero en el páramo de Pisba que debe salir a finales de este año. En el arranque de este estudio, la empresa consultora hizo una evaluación y acopió información de otras entidades para hacer un primer cálculo. Sin embargo, cuando hicimos la primera socialización la gente nos dio unos datos que desbordaron totalmente la cifra inicial. Eso quiere decir que solo con un estudio directo en los páramos se puede saber la condición socioeconómica de esos lugares.

S.S.: ¿En qué va el proceso de venta de los bonos?

R.L.: A finales de este mes lanzaremos el libro con la presencia de organizaciones internacionales y representantes de los países desarrollados. Esperamos encontrar mucho interés por parte de ellos, pues por un lado están obligados a contribuir en la mitigación y la adaptación al cambio climático, pero también tienen la voluntad y los recursos para invertirlos en este tipo de iniciativas. Con ese primer visto bueno, adelantaremos el proceso de certificación del proyecto para llegar lo más pronto posible a tranzar esos bonos.

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