El gobierno local de París (Francia) aprobó la semana pasado que se restrinja el uso de chimeneas en los hogares, e objetivo de esta prohibición es reducir la emisión de partículas finas, que tienen graves consecuencias para la salud.

"La emisión de partículas finas del fuego de una chimenea durante varias horas equivale a la de un automóvil clásico cuando circula varios miles de kilómetros", afirmó Julien Assoun, funcionario de los servicios regionales de Medio Ambiente y Energía.

En la región parisina (Isla de Francia) hay "100.000 chimeneas abiertas, responsables de 25 por ciento de las emisiones de esas partículas, es decir tanto como los automóviles", argumenta.

Sin embargo, la decisión ha generado una ola de protestas. Las estadísticas del Servicio Regional de Medio Ambiente son cuestionadas por el presidente de la asociación interprofesional maderera France Bois forêt, Laurent Denormandie, quién argumenta que la leña de las chimeneas hogareñas solo representa el 5 por ciento de las emisiones, y la circulación automovilística el 40.

También, la asociación de consumidores Que Choisir se unió también a las críticas. Según esta, "39 por ciento de las emisiones de partículas finas proceden de la circulación automovilística y 4 por ciento de la leña".

En el mismo sentido, la asociación de deshollinadores de París hizo oír sus críticas ya que aseguran que de las 135.000 chimeneas abiertas de París, solo se utilizan el 10 por ciento, y además solamente seis o siete veces por año. "Se prende el fuego por placer. No se utilizan como calefacción. Las llamas de la leña se reservan para las fiestas familiares, para navidad, para algunas reuniones de amigos o para citas románticas".

Las autoridades de la región parisina, que por el momento no prevén crear una policía de chimeneas, afirman que no estarán prohibidas las chimeneas equipadas de "inserts", que permiten cerrar el hogar y reducen el 90 por ciento de las emisiones de partículas. Pero con esas puertas, desaparece la magia y la estética del fuego hogareño, argumentan los defensores de la chimeneas abiertas.

Mientras tanto, algunos como el novelista Pierre Patrolin, clama por los medios de comunicación "¡Resistencia!", burlándose de la decisión de prohibir las chimeneas en víspera de Navidad.

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