Fabio Arjona, director de Conservación Internacional en Colombia. (Foto: Guillermo Torres / SEMANA)

La Secretaría de Ambiente de Bogotá mató a los peces que incautó en un acuario del Centro Comercial Atlantis por considerarlos una amenaza para la biodiversidad del país. Esta decisión causó revuelo en medios de comunicación y redes sociales, donde criticaron el hecho de que Conservación Internacional supuestamente hubiera dado una opinión en la que sugería que la mejor opción para los peces era la eutanasia.

Semana Sostenible habló con Fabio Arjona, director de la organización en Colombia, quien aclaró muchas de las cosas que se han dicho y comentó cuál era la verdadera intención de la entidad con el comunicado que publicaron en su página web.

Semana Sostenible: ¿La Secretaría de Ambiente les pidió una opinión respecto a los peces incautados?

Fabio Arjona: No. Ni nos la solicitaron ni nosotros la ofrecimos. Solo quisimos llamar la atención sobre el tema de las amenazas que pueden llegar a causar las especies introducidas. El comunicado nunca habla específicamente de peces. Lo que nos preocupa es que las especies introducidas son el segundo factor de amenaza para la biodiversidad.

Me extraña la dimensión del tema. Muy difícilmente estos ejemplares pueden constituir un riesgo. Estamos a 2.600 metros sobre el nivel del mar y a 1.000 kilómetros de los puertos. Es casi imposible que sean un peligro. Otras especies sí son una amenaza, como en el caso del retamo espinoso, la rana toro o el hipopótamo de la época del narcotráfico.

S.S.: En una entrevista radial el secretario de Ambiente, Francisco Cruz, dijo que una de las razones para matar los peces era el peligro que representaban para la biodiversidad ya que “los conceptos médicos dijeron que en el agua de las peceras, que va al alcantarillado público, luego al río Bogotá y luego al río Magdalena, pueden ir los huevos de los peces y las bacterias, arriesgando la fauna nacional”. ¿Es eso cierto?

F.A.: En realidad es altamente improbable. Me parece un poco traído de los cabellos.

S.S.: Entonces, ¿el comunicado coincidió con la noticia y se malinterpretó?

F.A.: Indudablemente. La autoridad ambiental actuó en el marco de la ley, pero desde el punto de vista de las alternativas que existían, la decisión no mandó una buena señal. Los animales podían incautarse y dejarse en custodia.

Manejar especies marinas es delicado, probablemente se les murieron a la hora o a las dos horas del operativo. Además, insisto, la intención no era llamar la atención sobre los peces sino sobre la amenaza que representa para la biodiversidad la introducción de especies que pueden convertirse en invasoras.

S.S.: ¿Hoy en día cuáles especies pueden considerarse invasoras?

F.A.: Como mencioné están la rana toro, el caracol africano, el pez león e incluso los perros ferales. Estos últimos acaban con la fauna nativa en Bogotá y exterminan especies como la tingua.

A estos perros no basta con castrarlos, debe hacerse control letal porque se han convertido en una plaga que está amenazando nuestra biodiversidad. A mí me gustan los perros, de hecho tengo uno, pero los perros ferales son una amenaza. Lo que pasa es que se trata de una medida impopular que puede acarrear duras críticas.

S.S.: Muchas personas piensan que la Secretaría de Ambiente tomó el comunicado como una forma de justificar la decisión de matar a los peces…

F.A.: Lo primero que hay que tener claro es que nosotros no somos organismo de consulta. Lo que está citado ahí son temas de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (UICN) que es el principal organismo de consulta del Convenio de Diversidad Biológica, que establece ese tipo de protocolos (incautación, devolución al medio o eutanasia).

La Secretaría optó por la alternativa menos “sexy”. Era perfectamente válido dejar que los animales terminaran su ciclo de vida en el acuario. Simplemente incautar y poner la multa.

Colombia tiene un gran problema con especies introducidas, pero estas no eran los peces del Atlantis. Hay extinciones silenciosas que se están dando en estos momentos.

S.S.: ¿Cómo cuáles?

F.A.: Especialmente en anfibios. Ellos tienen un efecto enorme sobre la vida humana, pero tristemente eso no es noticia en este país.

S.S.: ¿Cree usted que no hubo una buena hoja de ruta en el momento de la incautación?

F.A.: Ellos no violaron la ley. Pero la decisión causó un traumatismo que fortaleció la falta de información que se tiene frente a las especies introducidas. Esa es una de las tres principales amenazas de la conservación.

Por hacer una actuación mediática se perdió de vista el tema de fondo, que repito, es la atención que se debe prestar a las especies introducidas que se pueden volver invasoras. En cuanto a los peces, de hecho hay muchos acuarios con especies marinas en diferentes ciudades y lugares del país, si son legales o no, es un tema diferente.

S.S.: Además de la falta de información, ¿cuáles son las otras dos amenazas de la conservación?

F.A.: El primer enemigo de la conservación y la sostenibilidad es la pobreza que ha hecho que se consuman todos los servicios ecosistémicos. La segunda, es la falta de información, la ignorancia o la información restringida.

La tercera es un fenómeno que tiene que ver con redes sociales y que se ha convertido en una tendencia: la histeria ambiental. Cualquier cosa, que generalmente no se analiza en detalle previamente, se convierte en una presunta enorme amenaza, especialmente en términos de infraestructura y minería.

S.S.: ¿Por qué este caso se salió de las manos?

F.A.: La histeria ambiental hizo que muchas personas presionaran en medios denunciando una tenencia de peces, que efectivamente son ilegales. La autoridad Ambiental, dejándose llevar por esa histeria, incautó los peces y sucedió todo lo que sucedió. La situación debía mirarse con detalle porque hay muchas especies que no necesariamente son sacadas de sus hábitats naturales sino de criaderos a escala industrial.

Por ejemplo, el pez basa sí es un problema real y fue introducido clandestinamente. Es un cíclido, respira aire y vive y se reproduce en aguas de mala calidad. La tilapia y la trucha también fueron introducidas y causaron extinciones de otras especies. Con este tema hubo un gran ‘boom mediático’, pero es el momento en que no he visto un plan de acción para la erradicación de la rana toro, ni para el control de los perros ferales, solo por citar dos casos.  

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