Este martes se vivió otro coletazo de la crisis ambiental causada por la proliferación de moscas en los alrededores del relleno sanitario Doña Juana. Esta vez el escenario fue la Comisión Quinta de la Cámara, a donde fue citado el alcalde Enrique Peñalosa para responder por esta situación que colmó la paciencia de los habitantes de los barrios vecinos al basurero. Tras los bloqueos, la represión del Esmad y los trabajos de fumigación a marchas forzadas, la situación parece estar controlada por el momento.

No obstante, persiste un gran interrogante sobre el futuro de Doña Juana. La licencia ambiental otorgada por la CAR vence en 2022 sin posibilidad, dice el documento, de expandirse o prorrogarse. A cinco años de que se cumpla ese plazo, Peñalosa tiene en sus manos la gran responsabilidad de definir el rumbo del tratamiento de los residuos que generan los ocho millones de ciudadanos que habitan la capital. ¿Cómo explica lo que ocurrió la semana pasada en Doña Juana y qué tiene en mente para solucionarlo? Esto fue lo que respondió el Alcalde.

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La culpa es del operador

Durante su intervención, el Alcalde explicó que los hechos que llevaron a la crisis de la semana pasada son responsabilidad exclusiva del Centro de Gerenciamiento de Residuos, la empresa que desde 2014 maneja los desechos en el relleno Doña Juana.

“El operador del relleno es el responsable de los problemas causados la semana pasada. Si bien en 2015 hubo un derrumbe de 750.000 toneladas de basura que fueron a parar a lugares no adecuados, esta empresa tenía que tomar las medidas necesarias para evitar el descontrol de las moscas mientras arreglaban ese tema”.

Por esta misma razón, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca anunció este mismo martes la apertura de un proceso sancionatorio contra Alcaldía, CGR y la Unidad Administrativa de Servicios Públicos (Uaesp) por el manejo inadecuado del relleno sanitario Doña Juana.

Las afectaciones a la salud no existen

Una de las quejas más reiterativas de las comunidades vecinas de Doña Juana son las afectaciones a la salud que les causa la convivencia con los olores y las plagas que provienen del relleno. Muchos de los habitantes han denunciado infecciones respiratorias y cutáneas por cuenta de esta presencia. Sin embargo, el alcalde dijo en el debate que “no es cierto que haya evidencia de problemas de salud causados por el relleno Doña Juana distintos a los que existen en cualquier parte de la ciudad. No hay evidencia científica ni epidemiológica de que eso esté ocurriendo”.

Se vienen alzas en las tarifas

Si bien Peñalosa culpó al operador por la crisis de las moscas la semana pasada, también le está dando un empujón a la empresa. Según él, las bajas tarifas que pagamos los bogotanos, cerca de 18.000 pesos por tonelada recibida, son irrisorias frente a la cantidad de recursos que se deben invertir en el tratamiento adecuado de los desechos. También aprovechó para usar el retrovisor y lanzarle una pulla a su antecesor, Gustavo Petro.

“Las tarifas de Doña Juana son las más bajas de Colombia y América Latina. La administración anterior, con su lenguaje antiempresarial, no las subió y con eso ayudó a que se presentaran los problemas operativos que vemos hoy. Por ejemplo, hay un inconveniente con los lixiviados porque las plantas son insuficientes. Hay que hacer unos ajustes tarifarios para corregir eso”.

Doña Juana, ¿50 años más?

Durante los últimos días, el Alcalde ha insistido en que no existen más alternativas para el tratamiento de las basuras de la ciudad que expandir el relleno Doña Juana durante medio siglo más.

“El año pasado contratamos un estudio con la Universidad Nacional que mostró que no hay más sitios en Bogotá para hacer rellenos. Con un buen manejo, la fase 2 de Doña Juana puede durar hasta 2023. Pero también está la fase 3 que ya tuvo licencia y que con obras de optimización y mitigación podría operar entre 17 y 20 años adicionales. Además es posible expandir el relleno hacia el sur en 130 hectáreas, lo cual nos daría 30 años más de operación”.

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Sin embargo, para lograr este objetivo tendrá que salvar varios obstáculos. Entre ellos, que la licencia otorgada por la CAR dice que el relleno debe cerrarse apenas se complete la capacidad de Doña Juana en 2022.

La amenaza de la expropiación

Ampliar la vida útil de Doña Juana no solo requerirá convencer a la CAR de su viabilidad ambiental, sino lograr la aprobación de las comunidades aledañas al relleno. Antes de la intervención de Peñalosa, varios líderes de la zona afirmaron que no van a vender un centímetro más de sus tierras para ampliar el relleno y que la única posibilidad que contemplan es el cierre del mismo al final de la licencia ambiental. Pero el Alcalde anunció que intentará lograr su objetivo, a las buenas o a las malas.

“Para eso hay que estudiar detalladamente y comprar predios. Incluso si hay que hacerlo forzosamente mediante expropiaciones cuando los dueños no quieran venderlos. Aquí lo que debe prevalecer es el bien común sobre el interés particular”.

Y la tecnología, lejos

Desde hace varios años, las comunidades aledañas al relleno han venido planteando alternativas tecnológicas para el cierre de Doña Juana. Se trata de técnicas que pueden transformar los desechos en energía y calor, lo cual produciría grandes dividendos y evitaría los impactos ambientales de enterrar la basura. El alcalde está casado con la idea del relleno como método predilecto de tratamiento de las basuras y no parece dispuesto a contemplar nuevas opciones.

“Si bien la idea es que el relleno dure muchos años más, la idea es que con el reciclaje se vuelvan obsoletos. Sabemos que existen tecnologías modernas de aprovechamiento y las estamos estudiando, pero la verdad es que están lejos de nuestro alcance porque no existe la manera de aprovecharlas”.

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