En las remotas comunidades pesqueras de la costa de Madagascar el pulpo es una fuente de ingresos muy importante. Sin este molusco, es difícil cubrir las necesidades básicas de la población local. Sin embargo, esa es una expectativa demasiado alta para esta humilde criatura de las profundidades marinas. Con el fin de evitar un declive de esta situación, la ONG británica Blue Ventures trabaja en estrecha colaboración con las comunidades locales para fomentar prácticas de pesca saludable.

Desde el establecimiento de la organización en la costa occidental de la isla en 2003, la población de pulpos se ha recuperado significativamente. Esto, a su vez, ha ayudado a mejorar la situación económica de los pescadores. Tras el éxito, el personal de Blue Ventures intentó forjar vínculos más fuertes con los pueblos pesqueros de la región, preguntándoles qué necesitaban. La respuesta fue sorprendente: “los líderes de la comunidad se acercaron pidiéndonos ayuda en la planificación familiar”, cuenta Caroline Savitsky, una de las coordinadoras de la ONG. En respuesta a esa necesidad nació Sadify, que significa “libertad de elección” en malgache.

Ahora, casi 10 años después, el proyecto recoge una gran cantidad de valiosas experiencias en talleres sobre planificación familiar en los diferentes municipios como Andavadoaka, que se encuentra al final de un camino de fango, a un día en coche de Toliara, capital de la región. Las mujeres tienen hoy en día acceso a métodos anticonceptivos, que no serían accesibles de otro modo.

Nuevos roles de género

Proporcionar “acceso e información a métodos anticonceptivos” tanto a mujeres como a familias, es según Savitsky, uno de los principales objetivos de Sadify. “Con ello tienen la oportunidad de decidir por sí mismas el número de hijos que quieren y cuándo es el mejor momento”.

Se trata de conciliar una de las decisiones más importantes de su vida con el trabajo. La pesca no solo es una fuente de alimentos, sino también de seguridad económica. A las mujeres que forman parte del programa Sadify se les anima a participar en las reuniones comunitarias, que regulan la pesca, mientras que a los hombres, se les anima a asistir a los talleres de planificación familiar. El objetivo principal de Blue Ventures es capacitar a las comunidades para tomar decisiones informadas sobre la salud reproductiva y la gestión de la pesca, al mismo tiempo que elimina los roles de género.

En 2013, poco más de la mitad de las mujeres en edad reproductiva de las comunidades pesqueras, en las que opera Blue Ventures, utilizaba anticonceptivos, cinco veces más que durante la introducción de Sadify en 2007. Asimismo, durante ese período, el número de mujeres en cargos directivos en la gestión pesquera se incrementó un 38%. Anteriormente no había ninguna.

Género y medio ambiente

Este enfoque multifacético de la protección del medio ambiente se conoce con las siglas PHE, en inglés (Population, Health and the Environment), es decir, Población, Salud, y Medio Ambiente, PSMA y hace referencia al vínculo entre el ser humano, su hábitat, y su entorno natural. De este modo, a diferencia de los programas que solo se centran en un enfoque, PHE favorece el desarrollo humano integrando la salud o planificación familiar con los esfuerzos de conservación intentando buscar éxitos sinérgicos.

Se estima que mil millones de personas en todo el mundo viven en o cerca de puntos calientes de la biodiversidad. Aquí, la presión es enorme debido a que la sobrepesca y la deforestación agotan los recursos naturales disponibles. Madagascar es solo un ejemplo entre otros muchos. El país es el hogar de 21 millones de personas y miles de especies endémicas de la región. Su conservación, así como asegurar la seguridad alimentaria y económica, es un acto de equilibrio.

Lamentablemente, una iniciativa de este tipo es impensable en otras regiones. En muchos países en desarrollo, el derecho de la mujer a decidir cuándo quedarse embarazada y cuántos hijos tener, sigue siendo un tema tabú.

Las familias pequeñas son buenas para la biodiversidad

Según A. Tianna Scozzaro, directora del programa de Género, Población y Medio Ambiente en las oficinas de la organización ecologista Sierra Club, en Washington DC, la relación entre el tamaño de una familia y su impacto en la naturaleza, hoy en día forma parte de las discusiones entre ecologistas, que tienen lugar en conferencias sobre biodiversidad, tales como las recientes reuniones de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre) y la COP (Conferencia de las Partes). Pero más bien se trata en el contexto del logro de los objetivos de desarrollo sostenible o de seguridad alimentaria, en lugar de tener en cuenta el derecho de decisión de la mujer.

“Las cuestiones de género deben integrarse en la labor ambiental”, afirma A. Tianna Scozzaro. Además, a medida que las mujeres participan más en la vida política y económica, esa presencia cambia el panorama. “Cuanto mayor es la participación femenina en el Parlamento, más beneficiado sale el medio ambiente. Las mujeres están más dispuestas a ratificar acuerdos medioambientales”, explica. Por otra parte, cada vez hay más evidencias, que sugieren una relación entre la paridad de sexos y la protección del medio ambiente en zonas rurales de todo el mundo.

 En el caso de la industria del pulpo de Madagascar, una mayor presencia de la mujer en posiciones de liderazgo ha demostrado los posibles beneficios de un enfoque más amplio para la conservación de las especies. “Esto es muy bueno para los grupos ecologistas porque de este modo son capaces de responder directamente a las necesidades más urgentes y sobre el terreno. Además, para las organizaciones de salud es una forma de llegar fácilmente a las personas que no viven en áreas urbanas”, explica Savitsky.

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