Foto: Alexander Vasenin/C.C. 3.0

Armados con lanzas, los buzos atraviesan los peces león y los muestran ensangrentados y ya casi muertos a los tiburones de los arrecifes del Caribe. La idea es dar a los tiburones una muestra del hermoso y a la vez destructivo pez, despertando así su apetito por él, a fin de detener expansión descontrolada.

Sin embargo, cuando se esparce la sangre, los remolinos rojos en las aguas cristalinas llaman tanto la atención de los tiburones, que éstos empujan a los buzos. Aunque los tiburones parecían ser capaces de tolerar el veneno de los peces león, los buzos decidieron terminar con el experimento innovador una semana después.

“Los tiburones se ponían muy nerviosos, lo que representaba un riesgo para los buzos", dice Giacomo Palavicini, director ejecutivo del Parque Marino de Roatán (RMP, por sus siglas en inglés), quien organizó el experimento en 2010 en la costa de Roatán, una isla hondureña en el Caribe.

Durante los últimos seis años, Roatán ha estado luchando contra el pez de color granate. A pesar de su aspecto único, con rayas blancas y aletas pectorales que parecen un abanico, el pez es un problema debido a su apetito voraz por los peces, cangrejos y otros peces que se alimentan en el fondo del mar y que son esenciales para mantener el equilibrio ecológico de la barrera de coral Mesoamericana.

Otras partes del Caribe y del oeste Atlántico han estado tratando con las famélicas especies invasoras, originarias de las aguas del Pacífico e Índico, desde los años 1980. (Vea: Animales que parecen sacados de la ciencia ficción)

Aunque la corta vida del experimento de la alimentación manual podría parecer extrema, es solo una muestra de las medidas que se están tomando para frenar la invasión perjudicial de los peces león. Asimismo, marca el principio de un esfuerzo más amplio por parte de la isla de Roatán de preparar a personas y animales para detener su invasión.

La batalla contra el pez es el símbolo de una lucha mayor para mantener la biodiversidad en la isla, que requiere mantener las costas y las aguas limpias, dice Palavicini.

La caza de cocos

El RMP educa a la población local sobre los impactos medioambientales y económicos de la invasión del pez león y ha capacitado a más de 1.500 personas en cómo matarlos de manera sostenible. Se trata de un número significativo para una isla que cuenta con una población de cerca de 100.000 personas.

Al trabajar con las autoridades gubernamentales, las organizaciones no lucrativas se aseguran de que los cazadores se formen de manera adecuada con lanzas para no dañar a otra fauna marina durante la caza del pez león. Durante la formación, los participantes practican el arponeo de cocos ocultos en el agua. Si los buzos pierden sus objetivos y golpean el entorno del arrecife más de una vez, no obtienen la licencia para la caza de peces león.

Los esfuerzos parecen estar teniendo buenos resultados: “Ya no se ven tantos peces león nadando a los peces león alrededor del arrecife como en años anteriores. Es difícil de encontrarlos porque se les ha disparado repetidamente”, dice Nicolás Bach, director de comunicaciones e infraestructura marina del RMP. “Ahora aprenden a ocultarse de nosotros o huyen cuando oyen el sonido de las burbujas”. (Vea: Arte para liberar a los animales en cautiverio)

Los buzos dicen que han notado que los peces león se esconden durante el día y han revertido su comportamiento natural de alimentarse por la noche. Un estudio reciente también muestra que en las aguas de la bahía de Sandy, al este de la isla, donde el número de peces sacrificados es particularmente alto, la cantidad de peces león ha bajado radicalmente y las poblaciones de peces nativos son más abundantes.

Si no puedes vencerlos, cómetelos

El experimento inicial de Roatán para reducir el pez león mediante tiburones no fue exactamente un fracaso, añade Palavicini. Demostró que la fauna marina estaría dispuesta a, pasado un tiempo, comer unas especies invasoras desconocidas.

Mientras que algunos de los peces león sacrificados se les deja a la merced de la corriente, en otros casos son comida para los meros, besugos o los peces ballesta. Recientemente, algunos isleños informaron que vieron a meros comiéndose a los intrusos.

Pero Bach dice que la formación de las especies locales para cazar a los invasores no es necesariamente la mejor opción, ya que puede hacer que los depredadores sean más agresivos. También es peligroso para los entrenadores, tal y como mostró el experimento de los tiburones.

Un estudio publicado en 2013 por Plos One encontró una forma de sacrificar los peces león de una manera sostenible, similar a la practicada con arpones por RMP que probablemente sea la manera ideal de controlar las poblaciones de pez león. También podrían pescarse para consumo humano, dice el estudio. (Vea: Cinco animales que jugaron a ser David y Goliat)

Pero, hasta el momento, los roatanes, temerosos de las espinas venenosas del pez león, son reacios a comerlos, dice Palavicini. Sin embargo, si se prepara adecuadamente el animal puede comerse de forma segura y la RMP cuenta con barbacoas para turistas interesados en probar la carne grasosa del pescado.

Centrarse en la calidad del agua

Las intactas aguas cristalinas y los coloridos arrecifes de coral, con más de 500 especies de peces pululando en ellos, son una gran atracción para los turistas. Pero mantener la biodiversidad que atrae a la gente a la isla en primer lugar comporta algo más que el sacrificio del pez león.

La protección de las praderas marinas y los manglares- la primera linea de defensa en contra de la contaminación del agua gracias a sus propiedades de limpieza- es esencial ya que así se está previniendo que las aguas residuales se viertan en el océano.

Por ejemplo, la Asociación de Conservación de las Islas de la Bahía (Bay Islands Conservation Association) trabaja con el banco alemán de desarrollo KfW justamente para ello a través de la mejora del sistema sanitario de los hogares con menos ingresos de Roatán.

Los grupos ecologistas también han estado formando a la población local y a las empresas sobre las mejores prácticas del turismo sostenible. “Estamos en el momento adecuado para detener la degradación de los arrecifes de la isla” dice Palavicini. La comunidad tiene que asumir la responsabilidad de ser parte de la solución en todos los niveles”.

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