Los filmes de animales tienen una gran acogida en el público. Tan solo hay que ver los registros del reciente estreno de ‘Buscando a Dory’, que se convirtió en uno de los mayores estrenos de la historia. Estas historias avivan en las audiencias un interés por los ecosistemas y las especies que se muestran, lo cual ha colaborado para concientizar sobre la necesidad de protegerlos.

Sin embargo, hay un lado oscuro a la visualización de ciertas especies. La simpatía que generan los personajes crea una demanda del público por estos animales como mascotas. Es un fenómeno que ha tocado a todo tipo de animales, desde los dálmatas cuando salió ‘101 dálmatas’ hasta las tortugas por la saga de ‘Tortugas ninja’. En los momentos de auge, productores de animales aprovecharon el mercado, lo cual presionó las poblaciones de las especies requeridas.

Con respecto a la famosa saga que comenzó hace 13 años con ‘Buscando a Nemo’, la demanda por peces tropicales tuvo un efecto ambiguo para las especies. Se multiplicaron los acuarios de agua salada en Estados Unidos y la crianza de estos peces se volvió un hobby muy popular. Se estima que hay una población de nueve millones de peces criados en cautiverio en este país.

Hay un efecto secundario beneficioso de la cría en cautiverio de peces tropicales, pues ha permitido a científicos acelerar la repoblación de arrecifes coralinos y aumentar su expectativa de vida. Por otro lado, los métodos de recolección de peces son cuestionados porque se suele usar cianuro como elemento adormecedor para capturar presas. El pez es retirado fácilmente, pero el químico persiste en el ecosistema y puede envenenarlo.

La pesca del pez payaso –especie a la que pertenece el famoso Nemo- se disparó hasta niveles insostenibles en los mares de Indonesia y Filipinas, obligando a prohibir por legislación su cría y caza por fuera de cautiverio. Incluso se fundó la ONG Saving Nemo para concientizar sobre los riesgos a la biodiversidad marina que causa la tenencia de peces tropicales como mascotas.

Con el lanzamiento de la secuela de Nemo, los ojos se posan sobre el pez cirujano, la especie de Dory. Estos peces no se crían en cautividad, así que probablemente serán víctimas de la caza indiscriminada para llevarlos a acuarios caseros. Por lo tanto, los coleccionistas de peces deberían abstenerse de pedirlos a menos que conozcan exactamente de donde los extrajeron. Probablemente la demanda terminará por justificar su cría en cautividad.

Con relación al mundo científico, el descubrimiento de que la cría en cautividad puede ayudar a la regeneración de arrecifes debería instar a la cría de más especies de esta manera. En el momento, solo el 6% de ellas son criadas así y es porque son atractivas para la venta. Un cambio de paradigma podría significar que en el futuro podamos seguir viendo a Nemo y a Dory en sus hábitats naturales y no solamente en un tanque de vidrio.

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