El año pasado la Policía Ambiental y Ecológica capturó a 94.000 personas por el delito de tráfico de animales.

Ojos que observan sus movimientos. Decenas de barrotes a su alrededor y lo único que puede hacer es dar vueltas en un espacio de un metro por un metro. O en el peor de los casos, solo tiene la opción de respirar, porque el lugar en el que está es oscuro, pequeño y no tiene más que un pequeño orificio.

Por más increíble que parezca,  en Brasil una agencia de marketing se dio a la tarea de que las personas vivieran esta experiencia, la misma que deben vivir miles de animales que son capturados ilegalmente.  El experimento es sencillo: un ascensor se adecuó de tal forma que pareciera una jaula. Barrotes, ojos y poco espacio para moverse fueron los elementos claves que permitieron que quienes entraran en el lugar, vivieran la experiencia que sufre un animal cautivo.

OpusMúltipla, la agencia que diseñó el proyecto, logró con el “Ascensor Jaula” que las personas sintieran, claustrofobia, miedo e incluso pánico, a pesar del poco tiempo pasado allí.  Al final la meta es que las personas denuncien, ya que según las autoridades internacionales y organizaciones que trabajan contra el tráfico de animales, la mejor forma de prevenir es denunciar.

Sin embargo, el problema resulta difícil de desarticular, ya que el mercado de animales “exóticos” es muy rentable. De acuerdo a un informe realizado por la Universidad Nacional, Los precios de los animales varían dependiendo del departamento. En el Cauca un loro real vale $200.000, mientras en el Meta cuesta $20.000. En el Atlántico, la babilla puede llegar a venderse en $400.000, mientras que en Córdoba pagarían por ella $80.000. El oso perezoso se ha vendido en el Quindío en $900.000 y en el Putumayo en $1.250.000.


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