*Periodista

Por: Alberto Castaño*

Atelopus varius, más conocida como la Rana Arlequín, era una especie muy común en Centroamérica hasta principios de los años noventa, pero fue considerada extinta en 1996 por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y redescubierta por una investigación de científicos liderados por el Colombo - Tico José F. González Maya (PhD) en Las Alturas de Cotón, la reserva privada más grande de Costa Rica ubicada en San Vito de Coto Brus, frontera con Panamá.

Este científico de apenas 33 años cuenta con más de 130 artículos indexados en las revistas científicas más prestigiosas del mundo en menos de 10 años y ese es, sin duda, uno de sus principales logros.

Declinación de anfibios

“Fueron los primeros en aparecer en la tierra y están siendo los primeros en desaparecer”, afirma González Maya. La preocupación ya se veía desde los años ochenta cuando se realizó un congreso mundial de herpetología en el que la mayoría de los científicos se declararon alarmados por la “declinación de los anfibios”.

En ese entonces se observó que cientos de especies, especialmente del neotrópico, diezmaban drásticamente sus poblaciones. La rana arlequín, con su tradicional vestido negro y naranja, fue una de las que empezó a desaparecer, hasta el punto de considerarla extinta, a pesar de que durante muchos años fue una de las imágenes más destacadas de la incomparable biodiversidad de Costa Rica.

Una patología conocida como quitridiomicosis, producida por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis (comúnmente conocido como el hongo Bd), fue al menos la principal causa de la aparente extinción de esta y otras muchas especies de anfibios, entre los que se encuentran ranas, sapos y salamandras.

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Las Alturas de Cotón, refugio de la Rana Arlequín

‘Las Alturas’, la reserva privada más grande de Costa Rica, es una propiedad dedicada a la conservación que se encuentra localizada en la cordillera de Talamanca (vertiente Pacífico), en el Área de Conservación La Amistad-Pacífico. Se ubica dentro de la Zona Protectora Las Tablas y es fundamental en la zona de amortiguamiento del Parque Internacional La Amistad. Esta reserva cuenta con cerca de 14.000 hectáreas donde se conserva un 90% de bosque tropical.

Y fue en este paraíso donde la Rana Arlequín encontró un rincón en el cual esconderse de la mortal y penosa enfermedad. Hoy, gracias al trabajo de los científicos liderados por González Maya con el apoyo del zoológico de Phoenix y del Centro para la Conservación de la Naturaleza de Arizona, ambos ubicados en Estados Unidos, se pretenden desarrollar mecanismos que le permitan a esta y otras especies garantizar su supervivencia.

“Cuando se redescubrió esta población remanente de la especie, se dio la oportunidad de conocer un poco más acerca de las dinámicas de la población, cuáles son las amenazas y cuáles serían las acciones de conservación que se deben tomar para salvar la única población que conocemos en el país”, afirma el biólogo Diego Gómez-Hoyos, uno de los científicos encargados de monitorear el comportamiento y las poblaciones del Atelopus varius.

Misión cumplida

Lo que se ha hecho en los últimos cuatro años es monitorear constantemente la población para entender parámetros relacionados con la sobrevivencia, la mortalidad, la natalidad y el reclutamiento, es decir, cuántos individuos juveniles o neonatos llegan a edades reproductivas.

“Nuestro trabajo consiste en recorrer el río en búsqueda de individuos tomando una muestra de células de piel con un hisopo estéril para analizar en el laboratorio y determinar si tiene trazas del hongo que se identificó como responsable de su afectación”, explica Rocío Seisdedos, una bióloga e investigadora española, estudiante de maestría en Ciencias de la Conservación que llegó a Costa Rica con el propósito de salvar la vida de esta emblemática especie.

Por su parte González Maya asegura que “el gran problema es que la población tiene un problema debido a que su tasa de reclutamiento es muy baja. Tenemos una población senil que va reduciendo sus tasas de crecimiento poblacional”.

La ‘Especie Lázaro’

“Hasta la fecha se ha encontrado presencia del hongo en un 13% de los individuos analizados. Esta es una prevalencia baja, no alarmante, pero indudablemente el hongo está ahí. Aunque por suerte la rana sólo está afectada por una cepa del hongo Bd que no es tan agresiva. Las acciones ahora se encaminan a evitar que entren nuevas cepas que la afecten” puntualiza Seisdedos.

Sin embargo, Diego Gómez-Hoyos, otro de los científicos que estudian a las Atelopus varius asegura que “no todos los individuos afectados por el hongo mueren. Si son individuos sanos que tienen una flora bacterial sana en la piel pueden combatir este hongo”. Al parecer, el Bd es vulnerable a altas temperaturas y muere cuando se seca, “algunas ranas se ponen al sol y este comportamiento puede secar el hongo” afirma.

Al ver envejecer a la población de ranas, los científicos deben tomar medidas para ayudarlas a subsistir y para que sus poblaciones se fortalezcan hasta valerse por sí mismas en la naturaleza. Para lograrlo se han destinado importantes recursos de los diferentes aportantes al proyecto.

El fondo de emergencias de Disney dio un importante aporte para análisis genético “para entender la dinámica del hongo, no sólo de ausencia, presencia y prevalencia, sino en términos cuantitativos de la magnitud de la infección”, explica González Maya.

Además, asegura que actualmente “desarrollan todo el protocolo, tanto de desinfección como de aislamiento para avanzar en las primeras etapas de un proceso de reproducción ex situ pero en el sitio”, es decir, no se llevan las ranas lejos del río Cotón, sino que las reproducen dentro de un laboratorio bajo condiciones controladas en la misma finca para un proceso de repoblamiento.

Amenazas foráneas

A pesar de todo esto, no solo el hongo Bd amenaza la subsistencia de las ranas, sino también especies introducidas e invasoras como la trucha.

Rocío Seisdedos afirma que “el hongo quitridio y la depredación por especies invasoras como la trucha son las principales amenazas que afectan el paso de la etapa juvenil a la madura o reproductiva”.

Para luchar contra este problema se realizan encierros con los que se busca reducir la incidencia de la trucha sobre huevos y renacuajos. “Se buscan sitios con condiciones idóneas para ubicar las masas de huevos y las parejas potencialmente reproductivas” asegura el investigador Diego Gómez-Hoyos.

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