Chris Van Dam, Coordinador de Comunidades y Gobernanza Territorial de la ONG Forest Trends.

Chris Van Dam, Coordinador de Comunidades y Gobernanza Territorial de la ONG Forest Trends estuvo en Colombia para el Taller sobre la Contribución de los resguardos indígenas de la Amazonía colombiana con mínima o nula deforestación a la mitigación del Cambio Climático, que tuvo lugar en septiembre 2016. Ahí, la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (OPIAC), WWF-Colombia, la Fundación Natura, Forest Trends y el Earth Inovation Institute (EII) organizaron un taller con representantes de resguardos indígenas amazónicos, los Programa ONUREDD y FCPF, el MADS, autoridades locales y organizaciones ambientales y sociales.

Se debatió sobre los límites del programa REDD+ (Reducción de Emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la Deforestación y Degradación de los bosques), que reconoce compensaciones económicas a quienes frenen la deforestación y reforesten. El desafío, como dice Van Dam, es que este mecanismo, en los hechos, termina “excluyendo a los territorios indígenas que históricamente han conservado los bosques”.

¿Cómo llegan a la necesidad de abordar la situación de los Territorios con Mínima o Nula Deforestación y su contribución a la Mitigación del Cambio Climático?

Chris Van Dam: En el marco de nuestro compromiso con la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) de apoyar algunas de las experiencias de REDD Indígena Amazónica (RIA), nos comprometemos con dos de sus experiencias piloto, Igarapé Lourdes en Brasil y el Resguardo de la Cuenca Media y Alta del Río Inírida (CMARI) en Colombia. En el caso de CMARI, en Guainía, lo primero que saltaba a la vista es que no había deforestación, y por lo tanto obviamente no podían reducir deforestación, ni mitigar emisiones, que es la condición para formular un proyecto REDD+ y acceder a fondos climáticos. El Resguardo CMARI no parecía entonces un buen candidato para un mecanismo cómo REDD+ que busca premiar a quienes hacen esfuerzos por reducir la deforestación existente.

¿CMARI , entonces, había sido mal elegido como piloto RIA?

 Chris Van Dam: No, el problema no era CMARI, un resguardo del tamaño de Bélgica donde apenas viven unas 2.000 personas en 17 comunidades a lo largo del río Inírida. El problema era el mecanismo, que excluye a quienes han conservado los bosques desde tiempos inmemoriales.

 Es más, los acuerdos de Cancún de la COP16 de 2010 sí contemplan como potenciales beneficiarios de REDD+ a aquellos territorios bien conservados con alto valor en stocks de carbono. Lo que pasa es que las estrategias nacionales de REDD+ no se interesan en estos territorios bajo la premisa de que “si ya están conservados, no son prioritarios”.

Y así fue, cómo, a partir de 2014, percibimos que era necesario más bien empezar a visibilizar la situación de estos resguardos, y acuñamos el concepto de “Modelo CMARI”, primero trabajándolo con la COICA, con la OPIAC y con el propio Resguardo, para luego presentar la problemática en la COP20, en Lima, y desde entonces a mostrar que es necesario definir políticas públicas específicas para estos territorios ”con mínima o nula deforestación”, que es la situación de la gran mayoría de los resguardos amazónicos en Colombia, donde el 90% tiene menos de 5% de deforestación.

 

En el caso de Colombia, existe un proyecto importante -Visión Amazonía- que implementa el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) con financiamiento de Alemania, Reino Unido y Noruega, que justamente busca promover una reducción de la deforestación, a través de un mecanismo llamado de “pago por resultados” que apoya financieramente a quienes demuestren esa reducción. Pero en el caso de CMARI, el “resultado” a ser logrado no puede ser la reducción de la deforestación, sino más bien debe ser el hecho de que continúen conservando de sus bosques, lo cual supone que puedan seguir con una buena gobernanza territorial y seguir haciendo frente a potenciales amenazas a través de un buen control y vigilancia territorial y otras estrategias.

¿Qué contribuciones de las comunidades indígenas habría que reconocer?

Chris Van Dam: Hay muchas. Una de ellas parte del concepto económico de “valor de existencia”. Estos bosques hoy están ahí, la biodiversidad está ahí, y eso no es por arte de magia. Es gracias a la particular forma que tienen los indígenas de relacionarse con la naturaleza, una relación de reciprocidad, donde la naturaleza tiene vida… Para ellos el bosque no es un recurso que hay que explotar, es un par.

Además, hay que estimar en qué medida estos bosques conservados, incluso como bosques primarios o bosques prístinos, capturan gases efecto invernadero, cuál es su contribución en ese sentido, algo que no les está siendo reconocido.

Otro aporte importante de un resguardo como CMARI en el Guainía, es su contribución geopolítica, en los confines del país, en este espacio fronterizo con Venezuela y Brasil, dónde ellos ejercen de alguna forma soberanía. Sin hablar de la función que cumplen para Parques Nacionales Naturales al asegurar la conservación de la Reserva Natural Nacional Puinawai, una de las mayores áreas protegidas de Colombia, pero que no cuenta con un solo funcionario estatal. Ocupan un territorio, ejercen soberanía. Y sin embargo, si uno ve las condiciones materiales en las cuales viven las comunidades, como lo han señalado los mismos representantes de CMARI en este Taller, están en el abandono: solo 7 de las 17 comunidades tienen escuela, solo tres tienen centro de salud, solo una tiene teléfono en caso de una emergencia. La comunidad más cercana a Puerto Inírida está a más de siete horas en bote, la más alejada a cuatro días.

Hay un desbalance entonces entre la contribución de CMARI a la sociedad colombiana, y el apoyo que reciben las comunidades de parte de esa misma sociedad.

¿Y qué puede pasar si no se reconoce esa contribución?

Chris Van Dam: Hay amenazas reales de deforestación. Como dijo un líder indígena de la Amazonía durante el Taller, “o somos mineros, o somos ambientalistas”. Es claro que frente a las necesidades, al abandono, algunas comunidades pueden tener la tentación de explotar sus recursos naturales, sus bosques. Hay además preocupantes procesos de colonización en estas zonas, concesiones mineras, madereras, compras masivas de tierras. Existe también el peligro que los jóvenes progresivamente abandonen el territorio, en busca de nuevas oportunidades, y cómo sabemos, la migración es un viaje de ida.

¿Qué se puede hacer?

Chris Van Dam: Hay que llamar la atención, hay vacíos en los programas REDD+ que pueden crear un efecto perverso, pues premia finalmente a quienes han visto degradarse o deforestarse sus bosques y excluye en los hechos a los que lograron conservar los bosques. ¿Qué tipo de mensaje se está mandando? ¿”Vuelvan cuando haya deforestación en sus territorios y tengan emisiones para reducir”? Al igual que en salud, también en este caso es menos costoso prevenir que curar.

Por otro lado estamos en el proceso de organizar el año próximo un “Taller Panamazónico”, con organizaciones, territorios y gobiernos de otros países de la Cuenca Amazónico, porque este problema no es solo colombiano. Hay que llevar las conclusiones y las propuestas a las Conferencias de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Hay un vacío, los países no tienen políticas claras para estos resguardos bien conservados.

Hay que reconocer los resultados positivos de tener un bosque conservado. Y hay que asegurarse con buena gobernanza, con control territorial que eso siga siendo así. Hay que trabajar en varios frentes, uno de ellos es mejorar sus condiciones de vida en cuanto a educación, salud, vivienda, comunicación. Y de que las comunidades puedan articularse de forma justa y sostenible al mercado, si así lo deciden ellos.

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