Foto: Archivo SEMANA
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¿Qué los llevó a respaldar la demanda del guía de montaña peruano Saúl Luciano Lliuya?

Klaus Milke: Germanwatch busca desde hace ya 15 años otras vías, paralelas a las negociaciones internacionales sobre el clima, para ayudar a que a los directos afectados por el cambio climático les sean respetados sus derechos, también por la vía jurídica.

Nos decepciona que las negociaciones internacionales sobre el cambio climático no hayan encontrado, hasta ahora, una forma para atender a los directamente afectados por la contaminación global del aire.

El guía de montaña Saúl Luciano Lliuya, con la asesoría jurídica de Roda Verheyen fracasó ante una corte alemana. ¿En qué medida es también esa una derrota para Germanwatch?

Nosotros contábamos con un fallo negativo, pero lo interesante es qué va a pasar en las siguientes instancias.

¿Quiere decir que Lliuya va apelar el veredicto?

Eso es lo que permite deducir el estudio escrito del fallo. En base a esto concluimos que una demanda ante la siguiente instancia se puede sustentar muy bien.

¿Cómo es que un campesino de los Andes peruanos llega a demandar al mayor consorcio energético de Europa, y no a Exxon Mobil o una empresa china, por ejemplo?

Saúl Luciano y su padre son atentos observadores de los cambios que sufre su región. Ellos han visto que los glaciares se derriten ante sus ojos con rapidez inusitada y cómo crece el riesgo de avalanchas. Así que se preguntaron sobre quién en el mundo debe responder por los daños a la naturaleza que ellos no han ocasionado. Con esa interrogante establecieron contacto con Germanwatch en Perú que los respalda en esta querella ejemplarizante.

¿Son las grandes empresas contaminadoras conscientes de los daños globales que causan al clima en América Latina?

La idea es que empresas como RWE, el mayor contaminador de Europa, ayude a cubrir los gastos para aliviar los efectos que producen sus emisiones al otro lado del mundo. Los países industrializados tienen una responsabilidad histórica y deben asumirla.

RWE ganó el pleito y no tendrá que pagar ni horas sociales. ¿Cree que la demanda logró cambiar algo en la cabeza de los responsables de la política de uso masivo de combustibles fósiles hacia una comprensión de las víctimas de sus decisiones?

Creo que sí. El hecho de que aquí un solo campesino se enfrente a uno de los consorcios energéticos más fuertes del mundo sirve como ejemplo para que otras personas pierdan el temor y lo secunden.

Los subscriptores del Acuerdo de París se comprometieron a abandonar el carbón hasta el 2050. Una fecha demasiado tardía para el calentamiento global que el mismo Gobierno alemán ayudó a correr hacia atrás. ¿En dónde está la responsabilidad de Berlín?

En efecto, lo que los Gobiernos han acordado no bastará para lograr la meta de limitar el calentamiento a 2 grados. Así superaremos los 1,5 ó 2 grados. Alemania aspira a cumplir sus propias metas en 2020. Todos están llamados a acelerar la ejecución de medidas contra la contaminación.

Europa parece solo actuar cuando millones de refugiados tocan a sus puertas para pedir asilo. Hoy se debe, más que todo, a guerras en Cercano Oriente, pero ya los primeros habitantes del Pacífico han tenido que abandonar sus islas porque el nivel del mar sube. ¿Espera Europa que vengan millones y millones de solicitantes de asilo por razones ambientales para acelerar su lucha contra el calentamiento global?

Europa está haciendo más que otras regiones industrializadas, pero no es suficiente. En cuanto a los refugiados, ya hoy África alberga a muchos más que Europa. Cierto es que el problema del destierro por razones ambientales crece. Por eso el caso de la demanda del peruano Saúl Luciano Lliuya es también importante: los afectados deben demandar a empresas y gobiernos que hacen demasiado poco por frenar el calentamiento global.

El Gobierno alemán, por su parte, ha declarado el abandono de la energía nuclear y ha tematizado en la sociedad el del uso del carbón.

¿Ve usted una oportunidad de salvar los glaciares andinos?

Para eso tendría que hacerse mucho ya. El derretimiento actual se debe a los efectos de la concentración de CO2 durante varios años. Lo que no se debe hacer es creer que con grandes proyectos de geoingeniería se puede revertir el ascenso de las temperaturas. No conocemos las consecuencias de tal injerencia en la naturaleza que, al final, puede causar más daño. En todo caso, urgen medidas para garantizar el suministro de agua proveniente de los glaciares en países como Perú y Bolivia, por ejemplo.

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