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AFP

Dar modestas sumas de dinero a pequeños agricultores en países en desarrollo para incitarles a no cortar árboles sino a plantarlos, puede contribuir a luchar contra el cambio climático, según un experimento inédito hecho en África.

Este estudio, realizado en Uganda y cuyos resultados fueron publicados el jueves en la revista estadounidense Science, muestra que estos pequeños incentivos económicos han permitido reducir a la mitad la deforestación, un problema que sobre todo afecta a los países en desarrollo con serias consecuencias en sus frondosos bosques, una importante fuente de carbono (CO2).

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Teniendo en cuenta que los montos han sido pequeños, pagar a agricultores ugandeses para preservar y plantar árboles ha sido entre diez y cincuenta veces más ventajoso que muchos programas públicos en materia energética del gobierno estadounidense.

Tanto en Uganda como en otros países en desarrollo, la reducción de la pobreza y los esfuerzos de conservación medioambiental van de la mano, pero a veces pueden ser problemáticos.

En los bosques ugandeses viven chimpancés en peligro de extinción. Pero entre 2005 y 2011, el país registró una de las tasas de deforestación más altas del mundo, con una pérdida de 2,7% al año.

Cerca del 70% de los bosques están en tierras privadas, muchas veces en manos de propietarios pobres que tienden a talar a un nivel más elevado.

Mucho más barato

La madera tiene un gran valor para hacer fuego y un terreno sin árboles puede servir para cultivar, advierten los expertos.

“Muchas veces nos concentramos en nuestros programas medioambientales para luchar contra el cambio climático en nuestro país, lo que es muy importante”, explica Seema Jayachandran, una economista de la Universidad de Northwestern que ha llevado a cabo el experimento con Joost de Laat, un experto de la ONG holandesa Porticus. “Pero olvidamos el gran potencial que suponen los países en desarrollo”, apunta.

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Todavía hay muchas zonas y regiones en el mundo en desarrollo que pueden ser conservadas y en donde los mecanismos para preservarlas son mucho más baratos para lograr resultados comparables a las medidas adoptadas en Estados ricos, señalan.

Para poner a prueba su teoría, se juntaron con la ONG estadounidense Innovations for Poverty Action, la organización ugandesa que protege a los chimpancés Sanctuary and Wildlife Conservation Trust, y expertos de la Universidad californiana de Stanford.

Escogieron al azar la mitad de un grupo de 121 pueblos ugandeses, en los que ofrecieron a los terratenientes 28 dólares al año por hectárea de bosque si no las tocaban durante dos años.

3.000 toneladas de CO2 menos

El otro grupo de pueblos siguió gestionando sus bosques como de costumbre.

Cuando terminó el experimento, imágenes satelitales de alta definición arrojaron datos convincentes.

“En los pueblos que no entraron en el programa, 9% de los árboles había desaparecido al final del estudio, dos años después”, explica Jayachandran.

“En los pueblos donde se dio los incentivos, había entre 4% y 5% menos. En otras palabras, seguía habiendo deforestación, pero mucha menos”, precisa.

Esto equivale a 3.000 toneladas de CO2 menos emitidas en la atmósfera.

Los investigadores descubrieron que este programa llamó la atención de terratenientes que, de otra forma, hubiesen cortado más árboles.

“Es el primer estudio experimental de este tipo que no solamente muestra la eficacia de esta idea, sino su bajo coste”, celebra Annie Duflo, directora de la ONG Innovations for Poverty Action.

En su opinión, este experimente será importante para guiar futuros programas de conservación en países en desarrollo, “para luchar mejor contra el cambio climático, al tiempo que protegiendo los hábitats amenazados y ayudando a los agricultores pobre”, subraya.

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