| 2016/08/26

Un polvorín llamado Italia

Por segunda vez en siete años, un terremoto sacude a Italia como a ningún otro país europeo. Eso se debe al choque de varias placas tectónicas bajo el suelo de esta nación mediterránea; una auténtica lucha de titanes.

Un polvorín llamado Italia
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DW

Los sismos siguen siendo fenómenos naturales impredecibles. Las fuerzas que los causan tienen su origen a cientos de kilómetros de la superficie terrestre y los científicos no han encontrado elemento alguno que les permita pronosticar movimientos telúricos de manera confiable. Por ahora, la geofísica sólo puede fiarse de las estadísticas disponibles desde principios del siglo XX, cuando comenzaron a medirse los terremotos; éstas por lo menos ayudan a estimar la probabilidad de que un temblor azote a una región en un momento determinado.

Intensas fricciones

También el conocimiento de la estructura del planeta y de las ondas mecánicas que lo sacuden ha contribuido a entender mejor todo lo relacionado con los temblores. Como muestra, un botón: este miércoles (24.8.2016), por segunda vez en siete años, un terremoto golpeó a Italia, dejando un saldo de víctimas y daños materiales que otros países europeos no conocen. Eso se debe al choque de varias placas tectónicas bajo el suelo de esta nación mediterránea. Las zonas de Italia más cercanas a los Montes Apeninos son las más vulnerables.

Italia, zona de alto riesgo

Los Montes Apeninos, cuya cumbre más alta –el Corno Grande– está a 2.912 metros sobre el nivel del mar, se formaron gracias a la colisión de la Placa Africana con la Placa Euroasiática. Ese choque no es un suceso puntual que haya quedado en el pasado, sino un proceso que está en pleno desarrollo: la Placa Africana continúa desplazándose hacia el norte y ejerciendo presión bajo la Euroasiática, en el norte. Y en los bordes de estas placas, donde las unas y las otras entran en contacto, el riesgo de terremotos suele ser mayor.

Una enorme cantidad de energía

Por si fuera poco, debajo de la península itálica también se mueve, desde el este, la Placa Adriática –también conocida como Placa Apuliana– y, desde el oeste, la cuenca del mar Tirreno, que baña las costas de Córcega, Cerdeña y Sicilia. Estas fricciones generan una enorme cantidad de energía que, eventualmente y sin advertencia, se deja sentir en forma de temblores y terremotos en la superficie terrestre. De ahí que los sismólogos describan a Italia como un polvorín. Por fortuna, es posible protegerse de estos sacudones.

Medidas antisísmicas

¿Cómo? Invirtiendo en construcciones antisísmicas, por ejemplo. Los recursos técnicos disponibles para evitar que un edificio se desplome tras un temblor son diversos. De hecho, la Unión Europea ha reglamentado los planes para urbanizaciones nuevas en zonas vulnerables. Y también se pueden tomar medidas para impedir que edificios antiguos, como los que abundan en Italia, sucumban bajo los embates de un terremoto.

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