En Sri Lanka, la gente con dinero a menudo compra elefantes como símbolo de estatus. Los animales se compran siendo crías y permanecen como animales adultos en el hogar.
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DW

Los regalos diplomáticos entre estados pueden ser un gesto apropiado, o una fuente de controversia. La donación en 2015 de dos crías de elefante del orfanato Pinnawala por parte del Primer Ministro de Sri Lanka a su homólogo de Nueva Zelanda, pertenece a esta última categoría.

El regalo, aparentemente inocente, provocó una enorme protesta entre los grupos defensores de los derechos de los animales en Sri Lanka, por lo que el traslado de una de las crías de elefante, Ninda, de cinco años, tuvo que ser detenido en el parque zoológico de Auckland. Los ecologistas criticaron, que sería cruel separar al animal de su manada a tan temprana edad.

Desde entonces, ambos países tienen nuevos líderes, pero este incidente simboliza un debate más amplio sobre una práctica en Sri Lanka, que ha sido criticada por grupos conservacionistas: la afición de los ricos del país a comprar crías de elefante como símbolo de estatus, en vez de relojes caros o coches.

“Muchas familias de nuevos ricos tratan de mejorar su estatus social comprando una cría de elefante. Cuando crecen, las familias no se deshacen del animal, sino que lo mantienen en casa porque sigue siendo un símbolo de estatus”, explica Jayanthe Jayewardene, experto en elefantes de Sri Lanka y Director General del Consorcio para la Conservación y Biodiversidad del Elefante.

 Los defensores de los animales critican que el deseo de poseer crías de elefante supone un problema para los animales por partida doble. Por un lado, se pone en peligro el bienestar de los animales y, en segundo lugar, el número de ejemplares disminuye en estado salvaje.

Domesticación

En Sri Lanka se puede encontrar elefantes por todas partes – desde las playas bañadas por el sol hasta su interior montañoso y exuberante. En gran medida, esto se debe a que las especies que se encuentran en el país generalmente no tienen colmillos y no han sido víctimas de la matanza global por el marfil.

A diferencia de países como Tailandia, el número de animales en estado salvaje (entre 6.000 y 7.000) es significativamente mayor que el número de los que viven en cautividad (oficialmente 250). Por ello, los detractores creen que los elefantes salvajes son capturados con el fin de abastecer el mercado de elefantes mascota. A pesar de la prohibición de capturar animales salvajes en Sri Lanka, se cree que al menos 40 elefantes fueron capturados ilegalmente en los últimos años. Las poblaciones silvestres ya están amenazadas por la destrucción de su hábitat y los conflictos entre el ser humano y los animales.

Prithiviraj Fernando, científico y presidente del Centro para la Conservación y la Investigación de Sri Lanka dice que otro problema importante es la domesticación de animales salvajes. “La domesticación tradicional implica domar al animal. En este proceso, generalmente se deja que los elefantes estén muertos de hambre, para después golpearlos y recompensarlos”, explica a DW.

Además teniendo en cuenta los estrechos vínculos familiares, que son un elemento vital en la vida de un elefante, los ejemplares capturados no son los únicos que sufren. “La relación entre una madre y una cría de elefante es tan fuerte, o más, que el vínculo entre una madre humana y su bebé”, dice Jayewardene. “Cuando la cría es separada de su madre, ésta sufre estrés emocional, y lucha valientemente para reunirse con su cría”, añade.

Las viejas costumbres

Los animales en cautividad a menudo viven en casas particulares, en orfanatos estatales o son posesión de guías de elefante, conocidos como “Mahut”, que los alquilan para prácticas como paseos turísticos altamente polémicos.

No obstante, la domesticación de elefantes en Sri Lanka se remonta mucho más allá de la actual tendencia entre los nuevos ricos. Estos animales se utilizan desde hace siglos en ceremonias religiosas y, a menudo viven en los templos budistas.

Los conservacionistas dicen que el elefante, a pesar de haber sido utilizado durante cientos de años con fines culturales y religiosos, a menudo son maltratados. Encadenarlos, por ejemplo, parece ser una práctica común. “Los elefantes domesticados se mantienen atados en cadenas de diferentes longitudes. Independientemente del largo de la cadena, el elefante no tiene la libertad de movimiento que necesita”, critica Jayewardene. “Un elefante que vive en estado salvaje camina alrededor de 15 kilómetros diarios”.

En 2016 hubo una serie de confiscaciones y arrestos, entre ellos también el de un monje budista. Su procesamiento tuvo mucha repercusión en los medios e hizo público los abusos a que los que están expuestos los elefantes que se utilizan para ceremonias religiosas. Pero incluso si se tratan bien, la libertad es la mejor opción.

“Mantener a un animal en casa no es lo mejor para su bienestar”, dice Chris Draper, Director Adjunto para el bienestar y el cuidado de los animales de la “Born Free Foundation”.

Acción necesaria

El Gobierno ha aprobado una serie de leyes para regular la forma en la que se cuidan y conservan los elefantes, incluida la prohibición de trabajar para elefantes menores de 5 años. Además, se debe garantizar que los animales caminen todos los días una distancia mínima y obtengan una mejor alimentación de frutas y verduras frescas. Asimismo, las autoridades han anunciado que el orfanato de elefantes de Pinnawala, una de las atracciones turísticas más populares del país, no trasladará más elefantes huérfanos a los parques zoológicos para evitar que se repita una situación similar a la de Auckland.

El Departamento de Conservación para la Vida Silvestre de Sri Lanka, responsable de la protección de los animales salvajes, no respondió a la solicitud de DW para una entrevista, pero en el pasado ha afirmado que las nuevas medidas mejorarían la vida de los elefantes en cautiverio.

Los conservacionistas esperan que las medidas proporcionen una mejor protección a los elefantes que no estaban cubiertos por la legislación vigente para el bienestar animal. Sin embargo, les preocupa que no sea fácil hacer cumplir la ley debido a la falta de voluntad y al temor de que el procesamiento de infractores pueda desvelar conexiones políticas.

En Sri Lanka viven significativamente más elefantes en libertad (entre 6000 y 7000 ejemplares), que en cautiverio (oficialmente 250).

“Ninguna ley puede impedir actividades ilegales, si la gente está dispuesta a violarla”, dice Prithiviraj Fernando. “Está bien tener sanciones graves, pero lo más importante es imponerlas. Una forma de hacerlo podría ser mediante una supervisión pública de los elefantes cautivos”, añade.

Un ejemplo, que hace escuela

La casa de tránsito para elefantes en el Parque Nacional Udawalawe, en el sur de Sri Lanka, trata de dar ejemplo reintroduciendo animales huérfanos en la naturaleza. A diferencia de otros orfanatos, aquí los animales se encierran en muy raras ocasiones. En su lugar, pasan la mayor parte del tiempo en una amplia zona del parque, sin cadenas y en grupos sociales.

“Es posible cambiar significativamente la forma en que se cuidan y conservan los elefantes”, dice Manori Guanawardena de la fundación "Born Free Foundation” de Sri Lanka, que co-dirige la casa. “En lugar de encadenar a los animales solos durante todo el día, por ejemplo, se debería dejarlos en libertad y en un entorno social”, concluye.

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