El plástico se convirtió en una compañía inevitable para el ser humano. Su uso indiscriminado es una de las principales fuentes de contaminación y usarlo apropiadamente es de vital importancia para conservar el medioambiente. Hoy los plásticos representan más del 12% de la cantidad de residuos sólidos cuando en 1960 la cifra era de apenas 1%. Por ejemplo, en 2010 la humanidad generó 31 millones de toneladas de residuos plásticos y solo recuperó el 8%.

Poco a poco el reciclaje se convirtió en un negocio productivo y necesario. Hoy empresas y pequeños recicladores se dedican a recolectar material industrial, cartón, papel, y materiales plásticos comunes como el polietileno, el polipropileno, el poliestireno, entre otros. A pesar de que el reciclaje de plástico no es nuevo, desde hace algunos años es muy frecuente encontrar campañas para reciclar tapas en centros comerciales, supermercados, farmacias, tiendas e incluso restaurantes. Cada vez más personas y empresas se unen a fundaciones que a través del reciclaje buscan fondos para atender, principalmente, a niños enfermos con cáncer y a animales maltratados y abandonados.

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Ese es el caso de las fundaciones Planeta Tita con la campaña ‘Tapitas por patitas’, Sanar con ‘Tapas para sanar’ y María José con ‘Gira la tapa’. La primera busca ayudar a los animales desprotegidos al tiempo que genera conciencia ambiental, mientras que Sanar y María José ayudan a los niños enfermos con cáncer y a sus familias.

El misterio de por qué recolectan tapas y no otros materiales plásticos en realidad tiene una explicación bastante sencilla. Para los donadores y los beneficiados es más fácil manejar las tapas porque ocupan menos espacio y las empresas que las compran también las prefieren porque al separarlas por colores simplemente se lavan y muelen para elaborar nuevos elementos en plástico. Las botellas y latas ocupan mucho espacio y por lo general las fundaciones no cuentan con bodegas para almacenar reciclaje grande y pesado.

Otra de las ventajas con la campaña es que la gente reaccionó muy bien a la iniciativa. Tapas para sanar es la más antigua, nació en 2007 y en 2013 batió el Guinness World Record a nivel nacional, cuando logró recolectar más de 70 millones de tapas –unos 156.460 kilos de plástico–. Repitió la hazaña en 2014 junto a la Fundación Garrahan, pero esta vez a nivel América Latina, con 215 millones de tapas plásticas, equivalentes a 477.172,5 kilos. Aunque ‘Tapas para sanar’ es su programa estrella, la fundación también tiene un proyecto de reciclaje para cartón, papel, periódico, botellas plásticas, Tetra Pak, chatarra metálica, chatarra electrónica y plástico limpio. (Vea: 10 tips para vivir con menos plástico)

En cuanto a la Fundación María José, esta surgió por iniciativa de los padres de una pequeña de ese nombre que murió de cáncer, con el objetivo de ayudar a niños de escasos recursos que sufran esa enfermedad. La fundación se involucró en el tema de las tapitas cuando el estudiante David Cortés conoció la historia de María José y decidió por su cuenta recoger tapas para ayudar a producir fondos para la fundación. Actualmente, los dineros de las tapas se destinan, entre otras cosas, a financiar los pasajes de TransMilenio para que los niños vayan a sus tratamientos. De ahí que el lema de la campaña sea ‘gira la tapa, transporta una vida’.

El reciclaje es solo una parte de los aportes que reciben, como cuenta Alejandro González, encargado de comunicaciones. “Tenemos otras campañas como la de donación de cabello, pero descubrimos que los niños prefieren no usarlo por temor a las burlas. Lo que hacemos en ese caso es aprovechar el pelo que nos llega para venderlo a fábricas de pelucas y extensiones, y de ahí obtenemos recursos”, comenta.

Por su parte, la campaña ‘Tapitas por patitas’, original de Argentina, fue adoptada por la fundación Planeta Tita, que la replicó en Colombia hace dos años por iniciativa de su director Camilo Andrés Chaín. “Desde hace muchos años quería hacer algo por los animales. Anteriormente ya había apoyado las causas de los niños con cáncer que recolectan tapitas y tiempo después me decidí a poner afiches en los alrededores de mi barrio, pero esta vez para ayudar animales. Así empezamos”.

Hoy Planeta Tita acoge solo ocho animales -cinco perros y tres gatos- en la que han denominado la ‘Tapa house’. Desafortunadamente no pueden recibir más, pues la fundación trabaja desde una vivienda familiar en un sector residencial y el volumen de tapas recolectadas no les da para trasladarse a otro sitio. “Nosotros, lo máximo que hemos logrado recoger son dos toneladas, que en comparación con lo que reciben las otras fundaciones es muy poco”, explica Chaín. Sin embargo, esto se debe a que otras fundaciones llevan mucho más tiempo con sus campañas y por lo tanto tienen un mayor alcance. Planeta Tita tiene sus esperanzas puestas en el apoyo reciente que recibieron de la cadena de restaurantes Mc Donald’s, que instaló urnas de recolección de tapas en sus sedes en Colombia. De esta manera esperan recibir más tapas y que la campaña sea conocida por más personas.

Para algunas personas donar las tapas se convirtió en un hábito. “Empecé a hacerlo de manera automática. Ya no puedo botar las botellas o frascos con la tapa. Me incomoda tanto verlas puestas que se las quito a los recipientes vacíos aunque no sean míos”, dice Camila Torres, una estudiante bogotana que adquirió esta costumbre hace algunos años. (Vea: ¿Qué ocurre con una botella de plástico una vez que es desechada?)

Alimentación, alojamiento y hasta tratamientos médicos son posibles gracias al reciclaje de tapas plásticas. Aunque otros materiales podrían ser igual de rentables, las tapas siguen siendo la forma más sencilla de conseguir recursos del reciclaje para que hoy en Colombia miles de niños con cáncer y animales maltratados tengan una nueva esperanza de vida.

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