Por María Lourdes Zimmermann / Periodista ambiental

La polémica no para. La entrega voluntaria al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de ‘Moisés’, el tiburón bambú que llegó a Colombia y misteriosamente desapareció días antes de que la Secretaría de Ambiente incautara otros 40 ejemplares de especies marinas en el Centro Comercial Atlantis, demuestra la debilidad de la legislación ambiental en el país.

La muerte de los peces tuvo un gran despliegue mediático y mostró el gran vacío jurídico que debe llenarse con urgencia para controlar el tráfico de especies y considerar el acuarísmo como una estrategia de conservación de recursos marinos, tal como lo hacen muchos países en el mundo.

Semana Sostenible entrevistó a Mauricio Gaviria, un experto acuarista que intervino en el procedimiento de entrega de Moisés al Parque Explora de Medellín. Gaviria es asesor en Costa Rica, Estados Unidos, México y otros países, cuenta con más de 30 años de experiencia en el tema y es líder de la Asociación de Acuarístas de Colombia, que hoy, junto con el Movimiento Ambientalista Colombiano, son veedores y garantes del proceso de entrega y protección del pequeño tiburón bambú.

Semana Sostenible: ¿Cómo se hizo la entrega de Moisés al Ministerio de Ambiente?

Mauricio Gaviria: Camilo Prieto del Movimiento Ambientalista Colombiano y la Asociación de Acuarístas de Colombia nos comunicamos con el Ministerio de Ambiente para hacer la entrega voluntaria del pececito. Quienes lo tenían no lo entregaron porque estaban indispuestos por el tema y de todas maneras al tiburón lo estaban buscando en todo el país. Ellos hicieron la entrega de manera voluntaria para que decidiéramos que haríamos con él y nosotros depositamos toda nuestra confianza en el Ministerio de Medio Ambiente. Sabíamos que ellos no sacrificarían al animal, sobre todo teniendo en cuenta que nació en Colombia. Se hizo un acta de entrega y el Ministerio de Ambiente dispuso su envío al Parque Explora de Medellín por cuestiones de bioseguridad. Ambas organizaciones apoyamos toda la labor.

S.S.: A propósito de la polémica de los últimos días sobre la tenencia y manejo de peces marinos, ¿hace cuánto se desarrolla ésta actividad en el país?

M.G.: Hace 30 años se practica la acuarística en Colombia, época en la que no se tenía prohibida la actividad. A partir de ese momento se empezaron a traer al país peces de otros lugares, considerados como animales exóticos y no invasores.

S.S.: ¿Cuál es la situación actual de los acuaristas en Colombia?

M.G.: Es muy complicada. Existe una persecución a nivel nacional y precisamente nuestra labor es la de diseminar un mensaje que nos permita demostrar que nosotros somos conservacionistas, que tenemos en cada acuario un banco genético que puede prestar funciones al Ministerio y a servicios a nivel internacional.

S.S.: ¿Por qué cree que en Colombia no se ha desarrollado una reglamentación para esa actividad?

M.G.: Nosotros hemos hablado mucho con el Ministerio de Ambiente pero nunca ha habido un consenso, siempre nos han ‘chutado’ de un lado para otro. Las responsabilidades del tema recaen sobre el Ministerio y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla). Pero con todo lo que ha pasado en los últimos días, ellos prometieron sacar una reglamentación en menos de seis meses para que los demás animales que se encuentran en el país y que han nacido en él, no vayan a correr la misma suerte de los incautados por la Secretaría de Ambiente de Bogotá.

S.S.: ¿Hay un trámite en el país para poder importar peces marinos con permiso de las autoridades competentes con destino a acuarios o zoológicos autorizados?

M.G.: Es Anla la que debe dar el permiso de importación. Cuando está listo, basado en los requerimientos del Ministerio de Ambiente, se pasa al Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), entidad que tiene la función de determinar si los organismos están en buen estado, si el agua en el que se transportan está en buenas condiciones y si la persona que los recibirá tiene un área de cuarentena idónea para la recepción de organismos.

S.S.: ¿Qué pasaría si algunas de las especies a introducir están en la lista de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES)?

M.G.: Se debe tener un permiso emitido por el país de origen del animal, acompañado de una autorización de traslado. Luego, Colombia expide un certificado CITES de recepción. Esta es una actividad de tráfico controlado.

S.S.: ¿Es decir que todo se hace con permisos CITES?

M.G.: CITES permite que todo el mundo esté enterado de cuáles son los animales que se van a transportar y cuáles son los animales dispuestos para la venta en el mercado nacional. Todo se hace involucrando a las autoridades competentes.

S.S.: Es inevitable no preguntarle qué opina sobre el sacrificio de los peces por parte de la Secretaría de Ambiente de Bogotá.

M.G.: Yo creo que a eso no le tenemos que echar más leña, ya toda la opinión pública sabe que lo que se hizo fue un disparate que nos hizo quedar muy mal a nivel internacional. Cómo es posible que una entidad encargada de proteger los animales los decomise y después los sacrifique, eso es una aberración a nivel mundial y quedamos muy mal ante todas las asociaciones de acuaristas en el planeta.

S.S.: ¿Cree que hubo una extralimitación de funciones?

M.G.: Efectivamente. Este es un tema que estamos analizando para futuras demandas. Ellos son los encargados de la fauna silvestre en el distrito, pero no de los recursos hidrobiológicos. Estos peces no son considerados fauna, son recurso hidrobiológico. No son animales invasores, son animales exóticos bajo control y toda su regulación depende del Ministerio de Ambiente.

S.S.: ¿Cree que el tráfico de fauna en el país se ve reforzado por una carencia de reglamentación?

M.G.: En este momento no hay permisos para la actividad. Nunca se le ha otorgado un permiso a un acuarísta en el país, las únicas entidades que los pueden tramitar son las que están encuadradas dentro del marco de los zoológicos. Otra cosa muy grave es el desconocimiento, porque los acuaristas viajan a otras partes del mundo y traen los animales porque creen que aquí es tan legal como en Alemania o Estados Unidos, por ejemplo. Por eso, muchos compraban dos o tres pececitos y no veían nada de malo traerlos y ponerlos en su acuario privado.

Con todo lo que pasó muchos salieron a preguntarse si lo que hacían estaba mal y si podían tener sanciones penales. Con la polémica la gente está más informada y el Ministerio quiso brindarnos todo su apoyo para poder normalizar la situación.

S.S.: ¿Desde hace cuánto tiempo se intenta regular el tema?

M.G.: Desde hace tres años el Ministerio viene haciendo reuniones con los actores que tienen que ver con este conflicto: DIAN, Parques Nacionales Naturales, Invemar, entre otras instituciones. Aunque el proceso ha sido lento hay que reconocer sus esfuerzos. Sin embargo, hoy tenemos una promesa de solución al tema en seis meses, cosa que nos tiene muy complacidos.

S.S.: Aunque no hay una reglamentación actualmente, hay unos avances en la reproducción de corales y peces marinos en cautiverio ¿cómo lo han logrado?

M.G.: Desde hace 8 o 10 años, se iniciaron esfuerzos aislados en Cali, Cartagena, Bucaramanga, Bogotá y Medellín. Aquí se han logrado reproducir más de 25 especies de peces y se han fragmentando más de 250 especies de corales. Pero no se venden como tal sino que se intercambian en pro de la amistad entre las asociaciones. Quienes tienen corales raros los traen, los cultivan y los fraccionan.

S.S.: ¿Qué quiere decir fraccionar los corales?

M.G.: Si yo voy a Estados Unidos y compro un coral de dos por dos centímetros, lo traigo a Colombia y lo pongo en mi acuario, que para ese efecto funciona como una incubadora. En un plazo de seis meses aproximadamente ya tengo ese coral duplicado o triplicado de tamaño, entonces los acuarístas los fraccionan y al hacerlo los intercambian con los demás acuarístas. Es decir, la industria que ha florecido en Colombia es la de fraccionamiento de corales.

S.S.: Pero, ¿traer ya sea un coral o un pez de otro lugar del mundo sin permiso, así sea introducido a un espacio controlado, es tráfico de recursos hidrobiológicos?

M.G.: Sí, eso es muy cierto y quedó muy claro con la polémica y se le informó a quienes no tenían claro el tema el cuidado que debían tener. Lógicamente, un coral encerrado en un acuario no tiene ninguna posibilidad de fuga ni de contaminación con el medioambiente natural, pero ahora que se suscitó todo este escándalo la gente sabe que no lo puede hacer y que vamos a trabajar bajo la normatividad que nos dicte el Estado.

S.S.: A pesar de la controversia, ¿ve algo positivo en lo que pasó?

M.G.: Esto le va a enseñar al país lo que significa verdaderamente la palabra conservación, lo que significa en realidad la frase protección animal. Esto le va a enseñar al país que las personas que figuramos como depredadores no estamos en pro de eso y también le está enseñando a Colombia que las autoridades tienen que estudiar y nivelarse con la actualidad mundial porque solo unos pocos países no tienen leyes para la tenencia de acuarios. Entre ellos están Colombia, Venezuela y Guyana. Eso es inaceptable porque muestra un atraso de 25 a 30 años en materia de legislación en el tema.

S.S.: A nivel internacional usted es un asesor, pero en Colombia es considerado un bandido…

M.G.: Así es. Mírelo desde la legislación, si yo me voy para el mar y saco un pez y me lo como, yo soy un ciudadano colombiano, pero si voy al mar y saco un pez y lo meto en un acuario, soy un criminal al que persiguen las autoridades. Aquí hay una falta de legislación total y necesitamos más apoyo para contribuir, desde la práctica que realizamos, con la conservación de los ecosistemas marinos.

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