Foto: Archivo SEMANA

El aire de Bogotá tiene un nivel de contaminación intermedio, lo que significa que aunque no supera el límite establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los habitantes de la ciudad aspiran una cantidad considerable de partículas nocivas que penetran profundamente en sus pulmones y en el sistema cardiovascular, lo que representa un riesgo grave para la salud humana.

Uno de los esfuerzos adelantados por las entidades responsables de mejorar la calidad del aire en Bogotá, fue la implementación, desde 2012, de la revisión técnico mecánica y de gases obligatoria, cuyo principal objetivo es, en teoría, sacar de circulación los vehículos que emitan gases por encima de los niveles máximos establecidos por la OMS. El transporte público, que genera el 68% de la contaminación del aire, fue entonces objeto de una revisión y adecuación, especialmente los buses de Transmilenio y del Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp). (Vea: El 92% de los humanos respira aire contaminado)

Sin embargo, la Asociación Nacional de Centros de Diagnóstico Automotor a través de su vicepresidente técnico, Juvenal Espitia, denunció que muchos de los vehículos de transporte público que circulan en Bogotá, estarían evadiendo esta revisión técnico mecánica, pues basados en una comparación con los registros del RUNT, solo un 47% contarían con el certificado.

Varios conductores pertenecientes al Sindicato de Trabajadores del Transporte Público también alertaron de la grave situación de funcionamiento de muchos de los buses que manejan actualmente por la calles de la capital, especialmente de aquellos vehículos que ya llevaban varios años circulando y pasaron a hacer parte del Sitp. Los conductores alegan que a pesar de que se supone que fueron objeto de una profunda revisión y adecuación para cumplir con la reglamentación antes de salir a circulación, muchos tienen fallas mecánicas y de carrocería que implican un riesgo de salud pública no solo por los gases sino por el riesgo de accidentes. Francisco Mora, fiscal nacional del sindicato afirmó que “estos trabajadores se ven obligados a continuar trabajando bajo esos riesgos sin que ninguna directiva tome en cuenta lo denunciado”. (Vea: Baja calidad del aire ocasionaría 5.000 muertes en Colombia)

La preocupante situación obliga a preguntarse por qué siguen circulando sin el certificado y qué pasó con el programa de instalación de filtros en los buses articulados y del SITP que TransMilenio y la Secretaría de Ambiente presentaron en abril de 2015, cuando el entonces alcalde Gustavo Petro, aseguró que éstos significarían a la ciudad un ahorro de alrededor de 92.000 millones de pesos en tratamientos por afecciones respiratorias causadas por la contaminación, cuyo material particulado irrita los pulmones, agrava las enfermedades crónicas, reduce la capacidad respiratoria, inflama el tejido pulmonar, libera químicos que afectan el corazón, e incrementa la propensión a la neumonía.

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