Los ambientalistas temen que el creciente número de turistas de vida silvestre influya en la salud y el comportamiento de los animales.
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DW

Montada en un coche, aparcado al borde de un camino rural, trato de reconocer algo a través de los espesos matorrales que señala el guía turístico. "Miren allí, entre las ramas", dice. Sigo su brazo extendido y entonces lo veo: entre las hojas de un árbol, a 50 metros de distancia, se balancea una cola larga y con motas. Siguiendo la cola puedo distinguir el cuerpo de un felino grande, que se extiende sobre una rama gruesa, bien camuflado por el verde follaje.

Es un leopardo, la principal atracción en el Parque Nacional Yala, ubicado en Sri Lanka; y hemos tenido la suerte de verlo muy pronto. Pero no estamos solos. El zumbido de los motores llena el aire, a medida que más jeeps se amontonan ocupando los pequeños huecos libres de la ya larga cola de coches. Cámara en mano, los turistas se levantan de sus asientos y disparan fotos, sin interrupción, en un intento desesperado por capturar digitalmente el raro animal.

Para los leopardos del sur de Sri Lanka, éste es su día a día. Se estima que hasta 400 jeeps viajan en días semejantes por el parque. La mayoría vienen para la salida y puesta del sol; el mejor momento del día para descubrir elefantes, cocodrilos, búfalos y aves entre la maleza, o bien entre los charcos.

"Muchos leopardos se han acostumbrado – los más jóvenes han crecido con ello y no parecen demasiado perturbados – pero todavía no está claro el impacto que pueda tener a largo plazo ", explica Anjali Watson, gestora administrativa del Proyecto Leopardo de la organización “Wilderness and Wildlife Conservation Trust” (WWCT), en Sri Lanka.

A mayor número de turistas, mayor influencia

Watson, al igual que muchos otros ambientalistas de todo el mundo, está preocupada por el impacto que pueda tener el turismo de observación de la fauna y la flora (también conocido como turismo salvaje o de vida silvestre), como los safaris, la observación de ballenas y el buceo con delfines en los animales afectados.

La industria del turismo registra actualmente cifras récord en todo el mundo. En 2014, 1,14 miles de millones de personas viajaron al extranjero. Ese aumento también se observa en el turismo de vida silvestre. Cada vez más personas buscan la experiencia de observar a los animales en su hábitat natural, por ejemplo, en Kenia, en las Islas Galápagos, en Indonesia o en México. Sólo en el Parque Nacional Yala, el número de turistas extranjeros ha aumentado, según informó el gobierno. Watson cree que esto podría tener una influencia en los animales.

Las condiciones del parque se deterioran porque los turistas tratan de observar los animales cada vez de más cerca. Así, los conductores de los jeeps se mueven a toda velocidad por el parque con la esperanza de recibir altas propinas, que son bastante comunes cuando el guía consigue presentar a los visitantes los "cuatro grandes": el leopardo, el elefante, el oso y el búfalo. Además, vienen turistas que no hacen caso a las reglas del Parque y alimentan macacos, langures y jabalíes.

"Por lo general son alimentos que no forman parte de su dieta diaria natural y que pueden afectar negativamente a su salud, por lo que se pueden propagar enfermedades de forma más rápida", explica Watson. Y añade: "también puede hacerlos más agresivos y promover comportamientos para mendigar, que no se han mostrado previamente en los animales”.

Peor salud entre las rayas

Los ecologistas están especialmente preocupados por el impacto que pueda tener en la salud y en el comportamiento de los animales. Ya hay evidencias de que el turismo salvaje afecta a los animales de forma negativa.

Un banco de arena frente a las Islas Caimán, conocido como "Ciudad de las rayas", se ha convertido casi en un imán de visitantes, que buscan acercarse lo máximo posible a estos animales marinos. Por 50 dólares, los turistas pueden acariciar a las rayas, darles de comer y nadar con ellas.

Pero la visita de hasta 2500 personas al día ha dejado su huella. Muestras de sangre, tomadas a las rayas de esta región, han demostrado que los peces presentan un sistema inmunológico más débil y peor salud que los animales que no están expuestos a la actividad turística.

Esta situación aviva el debate sobre si los potenciales riesgos para los animales prevalecen sobre los beneficios que aporta el turismo salvaje; no sólo para los propios animales, sino también para las comunidades vecinas.

Millones de dólares como incentivo para proteger la vida salvaje

"Desde el punto de vista económico, el turismo puede proporcionar mayores beneficios que otras formas de uso de la tierra o de la vida silvestre. Por ello se requiere un fuerte incentivo para proteger a los animales y a la naturaleza ", explica Michael Hutchins, miembro fundador y Director para la Protección del Medio Ambiente y de Ciencia de la organización "World Safaris and Safari Professionals." "Esto se da especialmente en países en desarrollo, donde los beneficios a largo plazo del turismo salvaje, por ejemplo a través de la creación de nuevos puestos de trabajo y la afluencia de divisas extranjeras, puede superar a los beneficios a corto plazo del desarrollo", explica.

Países como Kenia, Fiyi y Palaos ingresan millones o incluso miles de millones de dólares del turismo salvaje – una buena razón para proteger estos recursos. Según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sólo el buceo con tiburones recauda anualmente 42,2 millones de dólares en Fiyi, 18 millones en Palaos y 36,6 millones en las Maldivas. A su vez, Kenia ingresa anualmente alrededor de mil millones de dólares con los safaris.

En el este de África, cuenta Hutchins, estos incentivos son "la principal razón de que todavía existan grandes ecosistemas intactos – a pesar de la presión, a menudo extrema y sostenida, del crecimiento demográfico y la demanda de materias primas. También culturas, como la de los samburu y los masái se han beneficiado del turismo."

Por otra parte, los gobiernos han construido parques nacionales y áreas protegidas para minimizar la caza furtiva y otras amenazas de la vida silvestre. En Indonesia, por ejemplo, se creó el santuario más grande del mundo para la cría de la lucrativa mantarraya. Se estima que cada mantarraya genera un millón de dólares durante el transcurso de su vida. Los turistas están dispuestos a pagar por ver a este majestuoso animal marino en su hábitat natural, dice Bradnee Chambers, jefe de la secretaría de la Convención del PNUMA sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres. "La industria turística se ha dado cuenta de que los animales salvajes generan mucho dinero y valen mucho más vivos que muertos", afirma.

Sin embargo, se podría hacer más. Según un estudio reciente financiado por "Natural Capital Project", una organización que promueve la protección de la biodiversidad y las inversiones más rentables, de los 600 mil millones de dólares que se estima que genera la industria del turismo, sólo se invierten 10 mil millones para la conservación de estas áreas – una cifra "extremadamente inadecuada", según los autores.

Protección del medio ambiente y educación

La clave es hacer el turismo salvaje sostenible mediante el fomento de la protección del medio ambiente y la educación. El turismo de vida silvestre debe continuar e incluso ampliarse, según David Newsome, científico ambientalista en la Universidad Murdoch, en Perth, Australia, que ha estudiado en profundidad este tema. "El turismo de vida silvestre tiene que aplicarse de forma correcta pero eso requiere formación y cuesta dinero. Además, es necesario una evaluación continua de la situación", explica Newsome.

Las autoridades de Sri Lanka afirman que están trabajando para proteger a los animales de la perturbaciones no deseadas. Por ejemplo, sólo dos de las cinco zonas que componen el Parque Nacional Yala, están abiertas al público. Además, desde la Oficina para la Protección de la Naturaleza se nos comunica que serán contratados nuevos empleados para vigilar el cumplimiento de las normas en las áreas abiertas, pero que eso "requiere tiempo".

Sin embargo, Watson, de WWCT, critica, que aún queda mucho por hacer para crear una conciencia adecuada – tanto en los conductores de jeep, como en los turistas. "Los turistas deben ser más responsables y aceptar que no pueden llegar tan cerca de los animales como les gustaría", dice. "Deberían estar felices de poder verlos a una distancia conveniente. Lo que tratamos es comunicar esto a ambas partes – tanto a los turistas como a los organizadores de este tipo de viajes. Con el tiempo, la gente entenderá que no deben precipitarse y que el jeep no tiene por qué llegar directamente hasta el animal.”

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