Hasta hace apenas un par de años, casi ningún bogotano tenía como plan de fin de semana ir al páramo de Sumapaz. A pesar de que queda apenas a una hora de la parte urbana de la ciudad, su pasado trágicamente relacionado con la guerra aislaba su riqueza natural del apetito de los turistas. Ese panorama cambió con la consolidación de los diálogos entre el gobierno y las Farc, al punto de que todos los días se ven buses llenos de personas ingresando al Parque Nacional.

Aunque esto podría considerarse uno de los beneficios del fin del conflicto, el problema es que esta nueva dinámica turística está impactando negativamente al páramo más grande del mundo. Según la alcaldesa del Sumapaz, Francy Liliana Murcia, “durante un fin de semana pueden llegar 1.500 visitantes a un territorio que no está preparado para ello. Este es un sitio frágil y los comportamientos desordenados e irresponsables de la gente tienen preocupadas a las autoridades y a los campesinos del lugar”.

A pesar de que en internet se encuentran “ofertas” turísticas para visitar el páramo, lo cierto es que en el Sumapaz no existe ningún tipo de infraestructura ni operadores autorizados para realizar esta actividad. “Entonces los turistas caminan sobre la capa vegetal, meten los carros y las motos a las quebradas, hacen pesca y caza indiscriminada. Como si fuera poco, arrancan y se llevan los frailejones para la ciudad y a cambio dejan toda la basura que traen de allá”, denuncia la alcaldesa.

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La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, que tiene jurisdicción en la zona, también ha manifestado su preocupación frente a esta problemática. En un comunicado emitido este 4 de julio, la entidad afirma que el “aumento descontrolado de visitantes genera graves afectaciones a las diferentes especies de plantas, algunas de ellas endémicas y de muy lento crecimiento, imprescindibles para el perfecto equilibrio y funcionamiento de este ecosistema”.

Este descontrol ha sido la causa de varios enfrentamientos entre los campesinos de la región y los visitantes. Desde hace un par de meses, las Juntas de Acción Comunal de la localidad se declararon en asamblea permanente para discutir la situación y en varias ocasiones han bloqueado la Troncal del Libertador, que atraviesa el Parque Natural, para impedir el paso de los turistas.

Sin embargo, estas medidas de hecho son ilegales. Como explica Murcia, “no existe una reglamentación que defina los lugares con vocación turística y aquellos que son "intocables”. Mientras eso no ocurra, es imposible impedir el paso de la gente por la vía”. Según anunció este fin de semana el presidente Juan Manuel Santos, la resolución de delimitación del páramo de Sumapaz se conocerá este 15 de julio. Esa decisión permitirá, entre otras cosas, comenzar el proceso de zonificación que se requiere para ordenar las distintas actividades en el territorio.

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Entre tanto, las comunidades anuncian que seguirán bloqueando el paso y las autoridades encargadas dispusieron algunos funcionarios a la entrada del parque para dar charlas informativas a los visitantes sobre los impactos negativos que pueden causar en el ecosistema. Pero también sobre los riesgos que corren sus propias vidas, pues se calcula que en la localidad hay una vasta zona sembrada con minas antipersonales que hasta ahora están empezando a ser retiradas.

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