26 parques naturales hacen parte del entramado del país centroamericano que propende por un turismo sostenible.

Las áreas naturales protegidas para la conservación son áreas establecidas con el fin de conservar hábitats estratégicos y poblaciones de fauna y flora. Sin embargo, hay una evidencia creciente de que a pesar del aumento considerable de áreas para la conservación, una parte muy importante de la biodiversidad quedará fuera de los límites de estas áreas. 

Académicos y ambientalistas han insistido en que también debe prestarse atención a lo que ocurre fuera de las áreas protegidas, en especial a la conservación ligada al uso tradicional de los recursos naturales.

Varios estudios en Colombia han reportado la gran diversidad presente en paisajes agropecuarios. Numerosas especies de aves, reptiles y mamíferos han sido reportadas por investigaciones del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y de la Pontificia Universidad Javeriana como habitantes frecuentes de haciendas ganaderas de los llanos orientales, del valle del Sinú o de cualquier otra región del país. Lo anterior sugiere que estos ecosistemas también deben ser conservados y que además pueden ser objeto de un uso sostenible a partir del desarrollo de programas de turismo rural o ecoturismo.
 
Costa Rica es pionera en este tipo de alternativas y ha implementado con relativo éxito, desde hace más de veinte años, un modelo que ha permitido el desarrollo del ecoturismo en el país y que contempla pagar a los propietarios de predios por conservar los recursos naturales. El modelo costarricense se financia en la sobretasa de la gasolina y ha llevado a productores agropecuarios a dedicar gran parte de sus tierras a la conservación y al uso sostenible. Es así como el turismo aporta más del 10 por ciento del Producto Interno Bruto en el país centroamericano, lo que lo hace referente mundial sobre esta actividad.

Lo anterior coincide en parte con la visión que tiene la Misión Rural, instancia encargada de estructurar el portafolio de políticas públicas para el campo colombiano. Precisamente, José Antonio Ocampo, líder de esta iniciativa, asegura que lo rural en Colombia “no debe estar restringido a lo agropecuario”. Es decir, no todas las fincas del país deben estar destinadas para la ganadería o la agricultura. 

Es por esta razón que dentro del diagnóstico inicial realizado por la Misión Rural, se sugiere promover la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales y desarrollar programas para fomentar el turismo rural.

Esta perspectiva sugiere que las comunidades rurales y los sectores productivos implementen criterios de uso sostenible de los recursos naturales, de tal forma que se garantice que futuras generaciones puedan disfrutar igualmente de los servicios ambientales que éstos prestan y desarrollar en paralelo una actividad productiva que genere ingresos para la comunidad.

*Colaborador de Semana Sostenible

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