Los viñedos en Argentina son los pioneros en Suramérica en el riego por goteo y el reciclaje de vidrio. (Foto: 123rf)

Cada vez más los consumidores se preocupan porque los productos no tengan un impacto negativo sobre su salud ni el medioambiente. Por esta razón muchos buscan marcas confiables que cumplan sus expectativas en cuanto a responsabilidad social y ambiental, sobre todo en sus procesos de fabricación.

De manera silenciosa, la vinicultura o viticultura sostenible está produciendo vino en condiciones racionales para el medioambiente: protege recursos hídricos, disminuye la erosión de los suelos y evita el uso de agentes químicos en el cuidado de los cultivos. En cada una de las fases de producción se tienen en cuenta maneras ecológicas de desarrollar las labores, las cuales van desde la siembra hasta la disposición de las botellas vacías.

Alrededor del mundo hay viñedos con prácticas que mejoran la interacción con el medioambiente, mantienen el ritmo de producción y les permiten conservar la calidad del vino.

Pioneros en el mundo

California se destaca por tener una de las producciones orgánicas mejor diseñadas en el planeta, lo que le permite ser líder mundial en fabricación de vino. “Nuestras bodegas han creado atractivos eventos donde los consumidores pueden aprender sobre la viticultura sostenible y la elaboración del vino” aseguró Bobby Koch, presidente y director general del Wine Institute, en entrevista con un medio español.

Las cuatro fases son: conservación de suelos, manejo de plagas, riego inteligente y uso de energía limpia. Para la primera se aseguran de cuidar y proteger las tierras, cultivar las mejores plantas, hacer un efectivo control de crecimiento, usar orujo (desecho resultante de la molienda de las uvas) como principal ingrediente de la composta orgánica y lo más importante, trabajar con grupos de la comunidad y del gobierno para restaurar arroyos, humedales o áreas ribereñas.

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Las plagas se controlan mediante el uso de ácaros, arañas, catarinas y avispas que se comen los insectos que pueden dañar las vides. Por su parte, tener gallinas en los cultivos acaba con gusanos y otro tipo de bichos que se alojan en la tierra. Otra de las estrategias es utilizar ovejas para controlar la mala hierba e instalar nidos o perchas para aves rapaces que se encargan de los roedores.

En cuanto a la irrigación, el riego por goteo proporciona la cantidad idónea de agua para cada planta sin desperdiciar líquido en los viñedos. Así mismo, las recolecciones nocturnas permiten mantener las uvas frescas sin necesidad de refrigerar.

De igual manera, Nueva Zelanda se destaca por su esquema de viticultura 100% sostenible refrendado por Demeter International, la empresa de certificación más grande del mundo en agricultura biodinámica. Esto como efecto de la reducción drástica en los insumos químicos para los viñedos y la aplicación de métodos orgánicos como el uso de orujo para fertilizaciones naturales.

La viticultura sostenible de Nueva Zelanda se ha posicionado en el mercado internacional y logró reducir su huella de carbono a cero. En consecuencia, este país es reconocido por tener prácticas de calidad tanto en los viñedos como en las bodegas, lo que le da calidad a sus vinos y los hace apetecidos por los amantes de este licor.

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En Europa los esfuerzos por tener una agricultura biodinámica se notan sobre todo en España e Italia. En el país ibérico hay más de 57.000 hectáreas dedicadas a la viticultura sostenible, lo cual hace de España el líder en agronomía ecológica en el Viejo Continente. Igualmente tiene una Asociación para la Agricultura Biodinámica avalada por Demeter Internacional.

Por su parte, la región de la Toscana, en Italia, está en proceso de acreditación pues han hecho siembras ecológicas y han prohibido los pesticidas en más de 52.000 hectáreas de cultivos. Además, el gobierno italiano incluyó la agricultura biodinámica en el Plan Estratégico Nacional para el desarrollo del sistema biológico.

Esfuerzo latinoamericano

Argentina realiza programas enfocados en la viticultura sostenible. Según Carina Daguerre, responsable de control de calidad de Susana Balbo Wines “su iniciativa de reciclado involucra la gestión de cartón, vidrio y nylon, para reducir tanto el impacto ambiental como el consumo de energía en la industria” y resalta que entre 2011 y 2015 reciclaron más de 82 toneladas de vidrio, más de 27 de cartón y más de 21 de nylon.

Además, en la provincia de Mendoza ya no se usan sustancias como fertilizantes, pesticidas, herbicidas y organismos genéticamente modificados. También redujeron el consumo de combustibles fósiles al no hacer uso de maquinaria tanto en la irrigación como en la recolección de los cultivos, así el suelo permanece permeable debido a que no se compacta y el riego por goteo no desperdicia el agua.

Por su parte, México puso en marcha la agricultura biodinámica y otras prácticas de elaboración orgánicas con el fin de cuidar sus ecosistemas circundantes. Esto le valió la certificación del Institute for Marketecology, entidad internacional que fomenta e inspecciona el control de calidad de productos sustentables y proyectos de responsabilidad social en diversos países.

Sus viñedos orgánicos evitan químicos y pesticidas que a largo plazo afectan la salud de los consumidores, trabajadores y de la misma tierra en donde se planta la vid. De igual manera actualmente utilizan unidades de monitoreo meteorológico que generan reportes precisos de temperatura, humedad, presión barométrica, punto de rocío, precipitación y velocidad y dirección del viento; los cuales pueden ser visualizados desde un teléfono inteligente en cualquier lugar del planeta.

Al sur, Chile se destaca por tener la Carmenere, una variedad de uva que se creía extinta hasta el siglo pasado. El deseo por conservarla facilitó la incursión en los cultivos orgánicos y promovió relaciones estables con las comunidades que trabajan allí.

También se desarrolló un proyecto que permitió crear refugios en altura para atraer aves rapaces nativas que estaban amenazadas por la caza indiscriminada que existe en la cordillera de los Andes. Los viñedos les brindan refugio mientras que los jotes, águilas y halcones se encargan de controlar a los roedores.

Cabe resaltar que no toda la industria está fabricando esta bebida de forma ‘verde’, y Colombia todavía está lejos de lograr una producción 100% natural. A pesar de que “es muy difícil obtener vinos orgánicos, vale la pena adquirirlos porque tienen una cantidad baja de elementos que pueden causar alergias. Además, no hay ninguna diferencia de sabor entre el vino elaborado de manera tradicional y el orgánico”, afirma Ezio Masciotta, chef experto en gastronomía saludable y contemporánea.

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