| 2016/09/19

Viviendo con el tiburón blanco

Largas playas de arena, agua turquesa y tiburones blancos. Durante la última década, los habitantes de la costa atlántica de los EEUU han aprendido a vivir con una de las criaturas marinas más temidas.

“Bienvenido a Chatham, hogar del gran blanco”.
“Bienvenido a Chatham, hogar del gran blanco”.

Unos patos de goma amarillos destacan sobre el lomo de un tiburón de madera, que flota en el suelo apoyado sobre varios palos. Sobre otro hay una boya pintada en aguas tranquilas. Dory, el pez olvidadizo de Disney, está inmortalizado sobre otro.

Frente a más de una docena de figuras, todas con un diseño diferente, se ve un cartel blanco con marcas de mordiscos y la imagen del pez gigante. El letrero dice: “Bienvenido a Chatham – la residencia de verano del gran blanco”.

El cartel "Tiburones en el Parque"; tan solo es un reclamo de esta pequeña ciudad para hacer frente a la situación con los nuevos vecinos. Hace menos de una década, la mayor atracción de Chatham – un paraíso turístico en el "codo" de la península de Cabo Cod, en la costa este de los Estados Unidos –eran sus playas y su pintoresca calle principal. Ahora, es el gran tiburón blanco.

“Mucha gente de aquí no quiere que se nos conozca como la ciudad del tiburón, pero esa es la realidad y tenemos que encontrar una manera de lidiar con esta situación” cuenta Lisa Franz, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio de Chatham, a DW.

A pesar del miedo que provocan, mueren más tiburones a manos de humanos que al revés. Las investigaciones sugieren que alrededor de 100 millones de tiburones, de especies diferentes, mueren asesinados cada año.

Los pescadores locales llevaban mucho tiempo informando del avistamiento de tiburones blancos en alta mar, pero no hubo evidencia sólida de su existencia hasta mediados de la década de 2000, cuando empezaron a aparecer cadáveres de focas en las playas locales.

Aunque en un principio eran solo unos pocos ejemplares, según el biólogo marino Greg Skomal, en 2009 ya era claro que el número de depredadores en la zona era elevado.

“Estoy seguro de que los tiburones blancos tardaron en percatarse de la presencia de focas”, explica a DW, agregando que fueron llegando poco a poco a lo largo de la década. “Es un aprendizaje lento –al fin y al cabo, no tienen medios sociales que les informen de forma directa sobre las presas potenciales”.

Comida rápida

El año pasado, Skomal marcó a más de 140 tiburones blancos en la costa de Chatham y en una ciudad al norte, Orleans. Pero todavía se desconoce cuántos más podría haber en las aguas costeras de Cabo Cod.

La foca gris es probablemente el principal imán para estos peces depredadores. Originariamente eran la fuente principal de alimento de tiburones, pero fueron perseguidas y cazadas hasta el borde de la extinción a lo largo de la costa este estadounidense. La introducción de la Ley de Protección de Mamíferos Marinos en 1972 cambió esa tendencia. Durante los últimos 40 años, el número de ejemplares ha aumentado significativamente.

Como resultado, la costa de Cabo Cod se ha convertido en uno de los pocos lugares del mundo – además de Australia Occidental y Sudáfrica – donde los tiburones blancos se reúnen en gran número. Pero mientras que en Australia se registraron 33 ataques en 2015 (dos de los cuales fueron mortales), en Cabo Cod solo se ha dado un caso desde 1936.

El gran tiburón blanco es el mayor pez depredador del mundo. Tiene 300 dientes, aunque no mastica su comida, de acuerdo con la organización conservacionista WWF.

Ocurrió en 2012, cuando un bañista nadaba con su hijo en Truro, al norte de Chatham. Buscaban un buen lugar para barrenar olas (del inglés bodysurfing), unos cientos de metros a poca distancia de la costa, cuando un tiburón blanco les sorprendió y mordió al padre. El hombre sobrevivió al encuentro.

No obstante, Skomal afirma que solo es cuestión de tiempo el que suceda un ataque mortal. “En casi cualquier parte del mundo donde se reúnen estas concentraciones de tiburones blancos, surgen interacciones, hay mordeduras. Y en algunos casos, son fatales”, dice a DW. “Tratamos de no ocultar este hecho, aunque destacamos que la probabilidad es muy baja”.

Ideas de negocio

Pero la posibilidad de ataques, e incluso muertes, trajo en un primer momento el miedo a Chatham. Los habitantes se enfrentaron, además, a la posibilidad real de que los tiburones ahuyentaran a los turistas de una zona cuya economía depende de este sector.

“Cuando empezamos a divisar por primera vez al gran blanco, nos preocupamos. ¿Cómo lo iba a percibir la gente? ¿Se vería perjudicado nuestro negocio?” dicen Lisa Franz, de la Cámara de Comercio.

Sin embargo, en gran medida la reacción fue otra: curiosidad. Los turistas invadieron la ciudad con ganas de avistar al depredador gigante con dientes afilados.

“Tuvimos atascos de tráfico porque vinieron muchas personas queriendo ver tiburones”, cuenta.

“Nos vimos obligados a dar con una solución conjunta para llevar mejor la situación y la comunidad ahora tira en la misma dirección”.

Una indicación de ello son las camisetas con tiburones, peluches y otros productos asociados, que se encuentran en venta para los turistas en las tiendas locales.

La pintoresca arquitectura de la ciudad costera fue una vez su mayor atractivo. Eso ahora ha cambiado.

De este modo, en lugar de ahuyentar a sus nuevos residentes marinos, la ciudad ha puesto en marcha medidas tales como aplicaciones de seguimiento y sistemas de alerta temprana para dar la alarma en caso de que los animales se acerquen demasiado a las playas de nado, según explica Dan Tobin, director de Parques y Recreación de Chatham.

“Hasta ahora no ha habido ningún problema. Tenemos un buen sistema de comunicación y cuando se divisa algún tiburón se alerta rápidamente a todo el mundo”, aclara a DW. “La tecnología moderna ha sido de gran ayuda y cada año que pasa es mejor”.

La fascinación golpea al miedo

Skomal elogia la capacidad que ha demostrado la ciudad de hacer frente a la llegada de la temida criatura marina. Se ofrece mucha información sobre el animal y su paradero. Las campañas de sensibilización han dado lugar a una mayor conciencia de estos depredadores y sus potenciales peligros.

“Es mayor la fascinación que el miedo. La gente ha dejado de nadar a 100 metros de la costa, pero no ha dejado de venir a la playa”. “Muchas personas vienen a Cabo Cod con la esperanza de ver a uno de estos animales, cosa que me parece realmente sorprendente”.

La aparición y observación regular de tiburones ha ofrecido a científicos como Skomal la posibilidad de estudiar a esta especie y aprender más acerca de sus movimientos, reproducción y comportamiento.

A pesar de todo, el biólogo marino advierte que es importante ser cauteloso. Después de todo, incluso él tiene pesadillas con tiburones.

“Creo que es natural y saludable tener cierto miedo a los animales que pueden morder. De lo contrario, la supervivencia de nuestra especie estaría en peligro. Tengo un gran respeto por los tiburones”.

Hasta ahora, la experiencia en Cabo Cod ha sido muy positiva. Incluso el ataque de mordedura que hubo se atribuye a la imprudencia del bañista, y no al tiburón. Pero según Skomal la prueba real vendrá cuando se dé un ataque mortal.

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