Wade Davis.

Desde este viernes y hasta el domingo, los pajareros colombianos estarán de feria. Durante esos tres días, los amantes de las aves se reunirán en Cali para hablar de este tema y avistar algunos de los más bellos ejemplares que habitan en el Valle del Cauca. La programación de este año incluye diversas actividades: salidas de campo para ‘pajarear’, conferencias y charlas con expertos internacionales y nacionales; bazar y muestra comercial; actividades culturales, talleres de fotografía, de pintura y origami, entre otras.

El plato fuerte de este menú será sin duda la conferencia del canadiense Wade Davis. Este reconocido antropólogo, nombrado como uno de los ‘Exploradores del Milenio’ de la National Geographic por su larga trayectoria profesional, hablará el sábado a las 6 de la tarde en el Hotel Spiwak. Mientras llega ese momento, Semana Sostenible presenta como abrebocas esta conversación en exclusiva con un investigador que conoce y ama como pocos a nuestro país.

SEMANA SOSTENIBLE: Sabemos que su próximo libro será sobre sus viajes por el río Magdalena, ¿cuándo podremos leerlo?

WADE DAVIS: El libro hace parte de una campaña de una empresa cementera para resaltar la belleza y la importancia de los ríos colombianos. Me invitaron a participar y propuse que empezáramos con el Magdalena. Hicimos dos viajes desde el nacimiento en el Macizo colombiano hasta la desembocadura en Boca de Cenizas. En la parte del Magdalena Medio nos detuvimos a estudiar la música y la cultura de las comunidades ribereñas, y eso va a ocupar un espacio importante en el libro. Cuando escribo, yo generalmente no hablo de las fechas de terminación, pero espero que para finales de julio esté listo

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S.S: ¿Qué fue lo que más lo impresionó durante ese trabajo?

W.D.: Una de las cosas que me toca mucho es que el río siempre ha estado fluyendo durante todos los años de la violencia, de la guerra, fluyendo con los muertos con el gallinazo encima. Y creo que ahora el río podría convertirse de alguna manera en un símbolo del renacimiento del país. Tengo una idea que he conversado con muchos amigos colombianos y que es casi imposible: que podemos limpiar el río de toda la basura y los venenos que le caen todos los días. Esa sería una gran manera de mostrarle al mundo una nueva imagen de Colombia.

S.S.: Uno de los temas de su charla en la Feria Internacional de Aves será la importancia del conocimiento de las comunidades rurales sobre estos animales, ¿por qué le interesa ese tema?

W.D.: La situación de Colombia es curiosa porque la guerra mantuvo aisladas muchas regiones y de cierta manera las protegió del desarrollo industrial. En ese sentido son afortunados, pues la conciencia ambiental que se ha generado en ese mismo periodo permite que la protección del agua y de la biodiversidad en esas zonas sea una prioridad. Entonces tienen en sus manos una oportunidad que ningún otro país tiene de tomar decisiones basadas en el balance entre la creación de riqueza y la conservación de la naturaleza. El turismo de naturaleza es sin duda la mejor alternativa en este sentido, pero la estabilidad de la paz dependerá de que las comunidades rurales tengan la posibilidad de participar activamente en la construcción de la Colombia del futuro.

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S.S.: ¿Cómo hacer para el turismo no se convierta en una nueva fuente de degradación social y ambiental?

W.D.: Es cierto que el turismo no es necesariamente bueno. La clave está en el tipo de turismo que se promueve y en manos de quién queda el negocio. Desde mi punto de vista, se debe promover un turismo que ofrezca experiencias significativas a personas que estén dispuestas a pagar un buen precio por ellas. Es preferible un turista que pague 10.000 a 10 turistas que paguen 1.000. Eso incluye, obviamente, la participación de las comunidades, pues no se trata de que los ricos vayan a lugares que parezcan vírgenes e inhabitados. Bután es un gran ejemplo de éxito. Colombia puede hacerlo incluso mejor, pero el negocio debe ser orientado por el estado, que debe decidir el tipo de infraestructura y los lugares en los que se permite la actividad.

S.S.: Usted ha viajado alrededor del mundo y ha podido comprobar la diversidad cultural que lo caracteriza, ¿cómo analiza el auge actual de nacionalismos y xenofobia?

W.D.: Es terrible, pero soy optimista. Durante los últimos 50 años el mundo avanzó mucho en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, de los negros, de los indígenas y de la población LGTBI. Sin embargo, hay mucha gente que siente miedo por estos cambios y existen algunos políticos que saben canalizar ese sentimiento. Pero yo creo que eso no va a hacer retroceder todo lo que se ha logrado. Se trata simplemente de la última reacción de una visión del mundo que está en vía de extinción. Claro que no hay que desestimar los daños que pueden causar los reaccionarios, pero definitivamente pienso que no hay marcha atrás.

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